En la localidad de Buñuel

El Ayuntamiento mantiene la expresión de «Caídos por Dios y por España» que ostenta en la actualidad

Un Juzgado de Iruñea no ha apreciado en el monolito dedicado a los «Caídos por Dios y por España» situado en Buñuel exaltación alguna del fascismo. Los firmantes de este escrito, miembros de la iniciativa Autobús de la Memoria, interpretan que el mensaje que esta sentencia lleva consigo no es otro que: «no nos toquéis los símbolos». En su opinión, y a pesar de los contenidos de las leyes vigentes, hay quienes están dispuestos «a contemporizar con la tentadora idea de que todo aquello que sucedió a partir del 18 de julio de 1936 fue necesario para salvar una patria, una religión e incluso una civilización». Esta iniciativa recurrió al Juzgado ante la negativa del Ayuntamiento a retirar el monolito en cumplimiento de la Ley Foral 24/2003 de Símbolos.

 

En la localidad de Buñuel, situado en la vía pública frente a la Iglesia, está instalado un monolito en conmemoración de la victoria franquista en la «cruzada» del año 1936. Bajo una cruz latina de inequívoca significación golpista se encontraba el escudo de la «nueva España Imperial», el águila bicéfala, y la leyenda de «Caídos por Dios y por España», con la mención de José Antonio Primo de Rivera seguida de una lista de nombres de combatientes muertos en el frente dentro del bando «nacional».

Ante las denuncias por incumplimiento de la Ley Foral 24/2003 de Símbolos, el Ayuntamiento acuerda con fecha 22 de enero de 2004 mantener el monolito en su estado y ubicación actual, retirando el escudo del águila, sustituyéndolo por el de la localidad; suprime la inscripción referente a José Antonio Primo de Ribera, manteniendo la expresión de «Caídos por Dios y por España» que ostenta en la actualidad, si bien parece que se ha aplicado algún tipo de pintura, y los nombres de los caídos en un bando.

Una vecina de Buñuel, hija de un desaparecido en 1936, solicitó el 13 de mayo de 2011 la retirada del monolito sin que el Ayuntamiento haya dado respuesta alguna ni haya realizado ninguna actuación.

Ante el silencio municipal no le quedó otra opción que recurrir ante al Juzgado para tratar de conseguir la retirada de este símbolo franquista con base en la Ley Foral 24/2003, de 4 de abril, de Símbolos de Navarra, y la Ley 52/2007 de 26 de diciembre de Memoria Histórica.

En este procedimiento ha quedado acreditado lo siguiente:

1. No existe ninguna resolución municipal por la que se acuerde la colocación del monolito en el lugar donde actualmente se encuentra. En consecuencia, la colocación del monolito no responde a resolución alguna legítimamente adoptada por el Ayuntamiento de Buñuel, ni en la época en que se colocó ni actualmente, ya que no ha sido refrendada por mayoría democrática alguna, fuera de la negativa al cumplimiento de la Ley de Símbolos reiterada por una mayoría municipal.

2. No constan los motivos por los que se colocó el monolito, dada la ausencia oficial de acuerdo o resolución alguna motivada de tal circunstancia. No obstante, el propio alcalde reconoce que se erigió para recuerdo de los vecinos muertos en la guerra civil, defendiendo «mayoritariamente» al denominado bando nacional. Por tanto reconoce que la pervivencia del propio monumento glorifica, no ya a las personas cuyos nombres se encuentran en el mismo, sino a las ideas por las que murieron.

3. Queda meridianamente acreditado que la actitud ante el monolito no es pacífica en la localidad, existiendo una fuerte controversia en cuanto al mantenimiento del mismo, aunque el alcalde pretenda reducir esta oposición a una «minoría», como si el mantenimiento del monolito o el cumplimiento de la Ley dependiera de la obtención o no de una mayoría municipal.

El hecho de que no sea pacífica esta existencia habla en favor de que existe una fuerte conciencia en el pueblo de cuál es el significado y la importancia real del monolito y cuáles son los valores que exalta.

4. Queda acreditado y reconocido que después del golpe de estado de 1936 varios corporativos del Ayuntamiento fueron asesinados sin juicio, sin que a fecha de hoy se sepa dónde se encuentran sus restos. A estas personas se les ha tributado un reconocimiento de iniciativa particular, no pública, en el cementerio del pueblo, y el Ayuntamiento jamás ha tomado una resolución al respecto, ni para honrarlos ni para condenar su muerte ni para reconocer su calidad de víctimas.

Sin embargo, por la vía de los hechos sí que permite un reconocimiento público y en un lugar público de las personas que murieron en un frente de batalla, que no asesinados en una cuneta, defendiendo los ideales del bando sublevado, lo que ocasiona, como poco, una doble manera de medir los hechos alejada de la «imparcialidad», que ya no neutralidad política, y desmonta los argumentos relativos a que se trata de un homenaje puramente religioso de reconocimiento privado a unas personas que murieron en una guerra.

Se viene a reconocer que están ahí por su significación y que esto no ha sido contrapesado por ningún tipo de apoyo o acercamiento a las personas que siendo de otro signo ideológico fueron asesinadas en la retaguardia. Sus nombres no se encuentran en la lista que figura en el monolito cuya retirada se pretende, ni a estas personas se les ha dedicado algún espacio de relevancia similar o alguna mención en calle, plaza, del pueblo.

5. No existe ningún criterio general en el pueblo a la hora de dedicar calles o espacios públicos a personalidades, y por tanto tampoco ningún criterio religioso explicitado en un acuerdo; por lo tanto el único que ha podido aplicarse en este caso es la defensa de unas ideas fascistas en el campo de batalla.

Nada de esto ha sido tenido en cuenta por una reciente sentencia del Juzgado de lo Contencioso Administrativo nº 2 de Pamplona que no aprecia exaltación alguna en el estado actual del monumento, pero sí condena en costas a la recurrente. El mensaje está meridianamente claro: no nos toquéis los símbolos. A pesar de la letra de las leyes, de las condenas internacionales y del sufrimiento, todavía, de las víctimas, existe en puestos de poder, nunca depurado desde la dictadura, gente que está dispuesta a contemporizar con la tentadora idea de que todo aquello que sucedió a partir del 18 de julio del 36 fue necesario para salvar una patria, una religión e incluso una civilización y por tanto sigue siendo necesario recordarlo y exaltarlo en lugares públicos. Lugares de la memoria que no tienen en cuenta a quienes sufrieron directamente los resultados de la gran tarea pacificadora de los centinelas de occidente.

(*) La Iniciativa Autobús de la Memoria, a la que representan las tres personas firmantes de este artículo la integran las siguientes asociaciones: Asociación Pueblo de las Viudas (Sartaguda) Alargunen Herria; Memoriaren Bideak; Ahaztuak 1936-1977; Psicólogos Sin Fronteras; Sanfermines 1978 Gogoan; Eguzki Bideoak; Katakrak Liburuak; Basilio Lacort herri ekimena; Unidad Cívica Navarra por la República de Navarra; Asociación por la Memoria Democrática Maravillas Lamberto (Larraga); Buñuel 1936; Asociación Valentín Plaza (Castejón); Altaffaylla Kultur Taldea; Orreaga Fundazioa; y la Asociación Cultural Tambarria (Corella).

monolito franquista Buñuel

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