El PSOE diluye el discutido plan laicista que impulsa De la Vega

El debate en el Congreso sobre la conveniencia de desterrar los crucifijos y las biblias de las tomas de posesión sirvió, entre otras cosas, para poner de manifiesto que el PSOE quiere pasar página a la controvertida apuesta laicista de María Teresa Fernández de la Vega.

A principios de este mes, la vicepresidenta primera del Gobierno declaró que el Ejecutivo revisaría la ley de libertad religiosa, una reforma encaminada a hacer desaparecer los símbolos cristianos en el ámbito público. Su apuesta causó sorpresa y malestar entre los dirigentes socialistas, sentimientos –motivados por convicciones ideológicas o por cálculos electorales– que se evidenciaron ayer. "Creemos que la laicidad avanza al ritmo de la convicción colectiva", sostuvo el secretario general del grupo socialista, Ramón Jáuregui.
Es decir, que no es necesaria ninguna norma para prohibir estos emblemas en la esfera pública. El PSOE, argumentó el diputado vasco, es partidario de que tales símbolos sean relegados al entorno de lo privado, pero no a golpe de ley. Basta con el impulso de una sociedad española que cada vez es más laica. Jáuregui echó mano de un ejemplo. Hace 30 años, recordó, era normal toparse con crucifijos en las escuelas públicas. Ahora, ya no tanto. "¿Hace falta una ley para prohibirlos?", se preguntó.
Como los socialistas, pero con razonamientos distintos, tanto el PP como CiU contestaron a esta cuestión con un no. Las tres formaciones votaron en contra de la proposición no de ley, planteada por el grupo de IU-ICV-ERC, que abogaba por suprimir los signos religiosos de las tomas de posesión, ya que hasta ahora, pese a que los cargos pueden jurar o prometer, tanto la Biblia como el crucifijo, por una cuestión de costumbres, están presentes en estas ceremonias. Para el coordinador general de IU, Gaspar Llamazares, ambos objetos son impropios de un Estado aconfesional, pero "se aceptan por inercia o por sometimiento del Gobierno a la Iglesia".

CUESTIÓN DE MADUREZ
Tal como lo ven los populares, aprobar la propuesta de las fuerzas de izquierda equivaldría a negar qué es España y de dónde viene. "Una nación madura es aquella que asume su historia y la incorpora a sus tradiciones democráticas", opinó el conservador Eugenio Nasarre. La federación nacionalista, en cambio, miró este asunto bajo el prisma de las libertades individuales. El convergente Jordi Xuclà defendió que alguien pueda pedir que se aparten las Sagradas Escrituras durante su toma de posesión, o que un hipotético ministro musulmán reclame el Corán para jurar por él, pero nunca, dijo, votaría a favor de "prohibir" estos símbolos. El PNV, por su parte, reclamó la eliminación total de estas ceremonias, por considerarlas "anacrónicas" y "superfluas".
La proposición del grupo de izquierdas solo fue apoyada por el BNG, quien poco después reclamó una revisión de los acuerdos entre el Estado y la Santa Sede, que datan de 1976 y 1979. Su propuesta fue también rechazada por el Congreso.

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