El fin de los símbolos religiosos: el último frente de Chacón

La ministra de Defensa se adelanta a la Ley de Libertad Religiosa y abre el camino a la supresión de símbolos religiosos en organismos públicos.

Cuando desembarcó en el Ministerio de Defensa, Carme Chacón era la estrella del Gobierno. La primera mujer en ese puesto y, encima, embarazada. Todos los focos puestos en ella y su popularidad por las nubes. Todo parece indicar que algunas decisiones polémicas han afectado su nivel de popularidad y ha retrocedido en las encuestas.

La ministra de Defensa ha tenido los arrestos de sacar adelante las leyes que preparó Bono y dejó en el congelador Alonso. El problema es que no ha tenido mucho éxito, primero con la Ley de la Carrera Militar y ahora a la espera de que el Consejo de Estado decida si la de Derechos y Deberes de los militares es aceptable.

Mientras, Chacón ha adoptado la línea dura en dos asuntos muy de base del Gobierno: la Memoria Histórica y la religión. En el primero, más allá de retirar las estatuas de Franco y los escudos con el águila de San Juan, ha llevado al más estricto sentido la aplicación de la norma en los cuarteles, retirando las calles dedicadas a laureados. Tan estricta fue que llegó a quitar el nombre de Ponte Anido, un soldado de la División Azul que dio su vida para evitar que un carro de combate ruso atacara un hospital de campaña. Pesó más su pertenencia a la división que su acto heroico.

En esa línea, la titular de Defensa condecoró, a bombo y platillo, con una cruz al mérito militar, a los miembros de la Unión Militar Democrática, una decisión que levantó ampollas entre muchos uniformados, que no entendían que se condecorara a un grupo de militares por su indisciplina y por formar una asociación que, en el momento de la entrega de la medalla, ni la propia Chacón hubiera aceptado.

El último reto que afronta es la supresión de toda vinculación de las Fuerzas Armadas con cuestiones religiosas. Tenía por delante este año tres actos con clara vinculación entre militares y ritos católicos. El primero, con el que ya tuvo polémica hace dos años, era la misa de la entrega de despachos de la Armada en Marín. El acto, que coincide con la celebración de la patrona de la Marina, la Virgen del Carmen, contenía tradicionalmente una eucaristía motivada por la festividad religiosa.


Desde 1994, una orden ministerial instaba a separar la misa del acto oficial, pero la Armada la mantenía con motivo de la patrona, ya que así lo venía haciendo desde hacía más de cincuenta años. En enero, una instrucción firmada por el jefe de Estado Mayor de la Defensa, José Julio Rodríguez, recordaba la orden de 1994. Una instrucción dirigida, aunque sin citarla, a la Armada, el único de los ejércitos que aún mantenía la eucaristía dentro del acto oficial.

Pero ha sido la aprobación del reglamento de honores militares, sustituyendo al que estaba vigente desde 1984, lo que ha desatado la polémica. Tal y como ha venido informando LA RAZÓN desde el lunes, el nuevo reglamento eliminaba los honores al Santísimo que sí estaban en el anterior texto, aprobado por el Gobierno socialista de Felipe González.
La ministra lo llevó al Consejo de Ministros del 20 de mayo, catorce días antes del Corpus de Toledo. Y se armó. Esto suponía que la Custodia de Arfe, por primera vez en decenios, no recibiría honores de los cadetes de la Academia de Infantería. Ni himno, ni bandera ni presentación de armas.

«Como siempre»
Vista la polémica, la ministra habló con el presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, y aceptó que el acto fuera «como siempre». Pero llegado el día, no lo fue. No hubo enseña nacional, el himno lo tocó la banda municipal y los cadetes no rindieron honores. Había acabado con una tradición muy arraigada en Toledo.

Pero la polémica no se circunscribe a la ciudad imperial. Afecta al Cristo de Mena de Málaga, al que la Legión rinde honores el Jueves Santo; afecta hasta a tres procesiones distintas en Ceuta; al «Curpillos» de Burgos, y a un sinfín de tradiciones populares religiosas en las que participan guardias civiles o militares. Así que el «terremoto» vivido en Toledo tendrá sus réplicas en media España. Y el epicentro está en la Castellana, en el despacho que hoy ocupa Carme Chacón, que ha dado un paso al frente antes de que sus compañeros en el Gobierno de Zapatero aprueben la seguramente polémica Ley de Libertad Religiosa.

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