Crucifijo fijo

NO queda muy claro cuántos años hace que anda el crucifijo quitándose y poniéndose en la sala de cremaciones del cementerio de Pamplona. Parece que, desde que este espacio se inauguró, en 2000, los trabajadores han debido trajinar en un constante ir y venir con la imagen según los deseos de los familiares hasta que, sigilosamente, el crucifijo se ha ido quedando en la sala, fijo en su pie detrás del atril. El caso es que, de un tiempo a esta parte y obedeciendo a una directriz que nadie quiere desvelar, preside omnipresente todas las ceremonias de despedida de los ciudadanos de Pamplona que eligen la incineración.

Seguramente fueron las legítimas quejas de algunos deudos las que han cuestionado la presencia del símbolo católico; o fue especialmente sangrante para algunos familiares ver cómo la dolorida compañera de un agnóstico convencido se tenía que encargar ella misma de retirar la cruz de las cercanías de su difunto. Sea lo que sea, no tiene desperdicio: cuando se reclama la laicidad de los espacios públicos, cuando ya existe un consenso para retirar los símbolos religiosos de los espacios ciudadanos e incluso de los centros escolares, el Ayuntamiento de Pamplona no sólo no quita el crucifijo de su salón de plenos, sino que ahora lo pone en una sala en la que nunca estuvo. ¿Cuál será su argumento? ¿Que es una pieza de valor artístico, como el sagrado corazón de la sala de plenos de Corella o la cruz de la de Pamplona? En el cementerio de San José, la mayoría católica de Iruñea tiene bien garantizada su atención con la capilla y su capellán. ¿O es que se quiere bendecir por decreto esta sala tan concurrida, ahora que el 60 % de los fallecidos de la ciudad prefieren la incineración?

Si de verdad éste es un Estado aconfesional, que también el camposanto sea un territorio común donde quepan todas las creencias y no se impongan los símbolos de la religión dominante. Y, si no, que pongan junto al crucifijo la estrella de David, una estatua de Buda, el compás de los masones y los iconos de los ortodoxos. Los musulmanes, los evangélicos, los mormones y los testigos de Jehová que digan también cómo les gustaría decorar la sala. Como los ateos, sus difuntos son igual de ciudadanos y de pamplonicas. ¿O no?

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