Asociación Escuela Laica de Albacete

II Encuentro por la Laicidad en España. Barcelona 2002

El compromiso por una escuela laica

Difundir las ideas de la laicidad y la consecución de una escuela pública laica son los fines de la Asociación Escuela Laica de Albacete.

La asociación Escuela Laica de Albacete nace el 9 de enero de 2002, después de que, durante varios meses, se configurara una Plataforma en defensa de una escuela laica. Está formada por personas a título, estrictamente, individual, que se comprometan con los fines y objetivos de la asociación.

Entre sus fines destacan la lucha por una radical separación entre las religiones y las instituciones y fundamentos públicos, la defensa del ideario laico y la consecución de una escuela laica. Para ello se marcan una serie de estrategias que van desde la conformación de un estado de opinión a favor de nuestros ideales, la realización de charlas y formación en los centros educativos, hasta la negociación y presión (social y judicial) hacia las instituciones públicas, en defensa de la libertad de pensamiento y de la igualdad.

Después de 25 años, el estado no confesional que el espíritu constitucional proclama NO se ha establecido. Más bien aprovechando resquicios timoratos de la Constitución, los poderes públicos han ido –poco a poco– restableciendo los viejos privilegios que la organización religiosa católica ha venido disfrutando, durante siglos, en España.

En el ámbito del sistema educativo el tema es mucho más evidente y lamentable:

a/ La religión (católica) sigue formando parte de los programas educativos obligatorios. Incluso desde la etapa infantil, en la mayoría de los centros.

b/ A las familias se les pregunta sobre sus creencias religiosas: vulnerando un fundamental principio constitucional y, de paso, apartados de los códigos civil y penal.

c/ Hasta este curso escolar, a los niños y niñas que NO asisten a clase de religión, se les segrega, al obligarles a estar en el centro, sin una atención y tarea educativa adecuada. Vulnerando elemental legislación educativa y los derechos de la infancia.

d/ Los catequistas de la religión católica forman parte del claustro, se les ha equiparado (en diversos lugares) al resto del profesorado (incumpliendo principios fundamentales de la Constitución en cuanto “mérito y capacidad” para ejercer la función pública docente). En la actualidad su irregular relación laboral está creando innumerables problemas políticos y de presunta prevaricación por parte de políticos y funcionarios públicos.

En adelante (si lo consiguen) la “descabellada y novedosa” propuesta del Gobierno de Aznar para la Ley (que denominan de “calidad”) es el potenciar, aun más, la enseñanza religiosa (católica) y, como alternativa, obligar a una materia denominada “Cultura y Religión”. Haciendo caso a las exigencias de la Conferencia Episcopal. Aunque esta propuesta iría en contra de sendas sentencias del Tribunal Supremo, que –curiosamente– no acepta la discriminación del alumnado que asista a religión, si hubiere una materia alternativa –potencialmente– de mayor nivel académico. Pero además vulneran un principio universal: el derecho de unos ciudadanos NO puede generar obligaciones a otros, privándoles de sus derechos.

Con la amenaza, expresada por la Ministra Castillo, de que si en un centro NO hay recursos humanos y medios para impartir esta materia “alternativa”, las familias tendrán que ¡¡¡buscar otro centro!!!

Esta situación ilegal y caótica es la muestra, más palpable, de que los poderes públicos del estado español (en la que están implicados prácticamente todos los partidos parlamentarios), están perpetuando y ahondando en el ideario nacional–católico, por cuestiones diversas entre las que destacan: el electoralismo, la militancia católica y la ideología de la inmensa mayoría de los que ostentan el poder político en España.

Ante esta grave situación, la propuesta de nuestra asociación para el Sistema Educativo Español y los micro–sistemas de todas las Comunidades Autónomas, en particular, es:

En primer lugar, que sea anulado el Concordato con la Santa Sede.

Y, en segundo lugar, que en la legislación educativa se hagan las reformas adecuadas, con el fin de que en la Escuela Pública y en aquellos centros sostenidos con fondos públicos:

1/ Se desarrollen Proyectos Educativos de Centro de carácter Laico. Que, evidentemente y por lo tanto, a las familias NO se les consulte sobre sus creencias religiosas. 2/ Que si alguna familia decide que a su hijo o hija se le imparta cualquier religión en la escuela (art. 27 de la Constitución), que este adoctrinamiento se haga fuera del horario lectivo obligatorio y por lo tanto que, como mucho, se le considere como materia optativa y voluntaria sin evaluación posible. Y 3/ Que los catequistas u otros orientadores religiosos que acudan a los centros NO formen parte del claustro; aunque SI, de sus actividades, han de dar cuenta al Consejo Escolar del Centro y este ha de hacer un seguimiento estricto de esa actividad, con el fin de que se cumplan las normas democráticas y no se vulneren los derechos de la infancia.

La laicidad proclama el respeto absoluto para los creyentes y para los no creyentes, la educación en valores éticos, democráticos y solidarios, la defensa de la libertad de pensamiento. La Escuela NO puede ser un lugar donde se adoctrine. Ha de ser orientada en el pensamiento laico. En un estado NO confesional los principios laicos deberían de ser la aspiración principal de los poderes públicos y de la sociedad.

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