Zapatero le recuerda al Papa que España es un Estado aconfesional

El PSOE, molesto, evoca la colaboración de la Iglesia con los fascismos europeos PP y CiU justifican la alusión del Pontífice al anticlericalismo de la Segunda República

El presidente José Luis Rodríguez Zapatero apostó por la finezza vaticana para responder a las críticas que el Papa dedicó al Gobierno socialista antes incluso de pisar suelo español. No tenía mucho tiempo, apenas unos 10 minutos, para replicar a Benedicto XVI su comparación entre el laicismo «agresivo» de la España actual con el anticlericalismo de la Segunda República. En ese breve encuentro, Zapatero se limitó a recordarle que el país que acababa de visitar es un Estado aconfesional, donde impera la libertad de culto, pero también donde la Iglesia católica es tratada con guante de seda por parte de la Administración.

En un escueto comunicado, la Moncloa explicó que la reunión, celebrada en el aeropuerto de El Prat poco antes de que el Pontífice partiera de regreso al Vaticano, se desarrolló en un clima «cordial y distendido», y que el presidente comentó con el Papa la «relación fluida» que mantiene su Gobierno con la Santa Sede. Esta relación, le dijo Zapatero a Joseph Ratzinger, siempre según la nota de la Moncloa, es fruto de la aconfesionalidad del Estado que establece la Constitución, una condición que implica «reconocer el peso de la Iglesia católica», pero también «garantizar la libertad de todos».

Así pues, el jefe del Ejecutivo no entró en disertaciones históricas sobre las similitudes y diferencias entre la laicidad de la España de los años 30 y la actual. Pero el debate estaba ya encima de la mesa y el PSOE, menos cauteloso que su líder, terció en él. El dirigente socialista Álvaro Cuesta juzgó «desacertado» el comentario del Pontífice porque, puestos a mirar atrás, todos pueden salir perdiendo. «Los años 30 y 40 no son precisamente la mejor página de la Iglesia en Europa», replicó, en clara alusión al apoyo eclesiástico a algunos regímenes totalitarios.

Pero lo que ha molestado más al PSOE, igual que a otros partidos, es que Ratzinger aterrizase con un mensaje combativo -que luego concilió en sus discursos en Santiago y Barcelona-, cuando el Gobierno ha hecho gestos significativos para no enturbiar la relación con la Iglesia antes del viaje. En este contexto se enmarca, por ejemplo, la confirmación de la decisión de meter en el congelador la ley de libertad religiosa. Además, Cuesta recordó los 6.800 millones de euros anuales de financiación que recibe la Iglesia.

MATIZACIONES / Ante las suspicacias levantadas, el portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi, trató de matizar las palabras del Papa y garantizó que no buscaban la polémica. Era solo, dijo, un comentario sobre el laicismo creciente en España y en Europa, acompañado de algunas referencias históricas. Pero la puntualización no convenció al PSOE. Tampoco al PNV, ERC e ICV-EUiA, que cargaron contra Benedicto XVI.

Muy al contrario, el PP y CiU justificaron y hasta complementaron la controvertida comparación, entre críticas a Zapatero. El popular Esteban González Pons acusó al presidente de no estar «a la altura del sentimiento del pueblo español» por no haber recibido al Pontífice hasta el último momento. El democristiano Josep Antoni Duran Lleida censuró que Zapatero no acudiese ayer a la misa en la Sagrada Família y, en cambio, sí aceptase en el 2009 la invitación de Barack Obama para ir a una oración protestante.

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