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Ultracatólicos

Es casi imposible escribir sobre algo cuya definición o descripción resulta ininteligible. Ignoro qué significa ser ultra católico. ¿Tal vez ser más-católico que el católico-sin-más? Católico y más-católico. ¿Hay una graduación, una escala donde se superpone una categoría a la otra? ¿Si el Papa permitiera el matrimonio sacerdotal dejaría de ser ultra católico? ¿Bajaría un escalón y se quedaría en simple católico? ¿Ser ultra católico conlleva estar por encima del amor como signo distintivo del cristiano? ¿Encarna ver al católico-sin-más desde unos zancos, unos tacones, unas alzas? No acabo de encontrar una definición convincente que contenga en su interior el meollo exacto del término.

A lo mejor si ejemplificamos las posturas ante decisiones personales, conseguimos enfocar la distinción y entenderla mejor. Por ejemplo: Estoy seguro, por conversaciones con matrimonios católicos, que usan el preservativo u otros medios de prevención de embarazo como una decisión personal y con absoluta tranquilidad de conciencia. Un grupo minoritario de ultra católicos rechaza toda relación sexual que excluya la procreación de forma consciente y buscada.

A la gran mayoría de católicos les gustaría morir en un clima de serenidad personal y ambiental, sin dolor, sin angustia, como quien se entrega a la comunión con el mundo según la hermosa visión de Theilard de Chardin. A esa actitud mayoritaria la acusan los ultra católicos de eutanasia y la rechazan con todas sus fuerzas. El dolor, la angustia -dicen- ayuda a redimir los propios pecados y a obtener el perdón de Dios.

Las relaciones sexuales, prematrimoniales o no, deberían significar la entrega amorosa de los amantes. Hermosa palabra la de amante en cuanto creación de la persona amada, la convocatoria a una existencia nueva, fecunda, hacedora del otro en cuanto otro. Esto lo aprecian y lo practican muchísimos católicos, pero lo impugnan como pecado los ultra católicos.

¿Si desapareciera la Jerarquía y los ultras católicos, qué quedaría? Porque tanto una como los otros consideran que viven fuera de la Iglesia todos los que no siguen su normativa compendiada en el derecho canónico (que no en el evangelio), despreciando la opción de conciencia de cada uno.

Uno ha visto a ultra católicos impugnando la ley del aborto (cuando gobierna la izquierda, no cuando gobiernan otros), defendiendo guerreramente la unidad de la familia (contra la ley del divorcio que no obliga a nadie a separarse), despreciando los matrimonios homosexuales (que parece ser que destrozan la familia como unidad básica de la sociedad)

No he visto nunca a estos ultra católicos manifestarse contra el hambre en el mundo, contra el paro, contra la corrupción política y bancaria, contra los desahucios de viviendas de familias que mastican el paro como una coca mortífera. Ahí no están. Prefieren las normas, revistiéndolas de voluntad de Dios o de derecho natural. El amor al hermano, la lucha por una distribución más equitativa de la riqueza, los pobres como albaceas del reino, los suburbios como vergüenza de los lujosos núcleos no hay que tomárselos muy en serio. Ante bocas hambrientas los ultra católicos se quedan desorientados. Y la Jerarquía proclama que siempre habrá pobres entre nosotros porque es ley de vida. Para todo hay explicación, aunque sean sacrílegas.

Por eso Rouco Varela se siente desconcertado ante el 15-M. Y entonces tiene una ocurrencia risible, simplista y hasta mal intencionada: “Son jóvenes que no conocen a Dios”

Los ultra católicos de la COPE, Intereconomía, La Gaceta, pueden compaginar gloriosamente su cristianismo con el desprecio más absoluto a todo lo que encarne lucha por una reivindicación justa. Desde estos medios de comunicación se ha llamado a los rebeldes del 15-M etarras, miserables, terroristas, totalitarios, marxistas, leninistas.

De un dios de ultraderechas, líbranos, Señor.

Rafael Fernando Navarro es filósofo

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