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Socialismo y Religión en Argentina con Mario Bravo

Mario Bravo (1882-1944) fue un destacado político socialista argentino. Abogado desde 1905 también fue periodista, además de ingresar en el Partido Socialista. Dirigió La Vanguardia, el periódico socialista argentino, y en 1913 fue elegido diputado, destacándose en su labor representativa. En 1923 fue elegido senador. En 1928 realizó una gira europea. Durante la Revolución de 1930 hizo un análisis de la misma en La Vanguardia con una serie de artículos que luego recopiló en 1932, en La Revolución de ellos. En ese mismo año volvió a ser elegido senador, responsabilidad en la que estuvo hasta 1938. Pues bien, contamos con un texto suyo sobre socialismo y religión, que fue una conferencia, y que sería publicada en El Socialista en agosto de 1927. Con este nuevo trabajo seguimos profundizando sobre las visiones y análisis que el socialismo ha realizado sobre el fenómeno religioso, y en este caso desde el argentino.

El propósito de la conferencia del senador socialista era demostrar que no era cierto que el triunfo del Partido Socialista significaba demoler templos y perseguir creyentes.

Los socialistas argentinos luchaban en un país que había consagrado la libertad de pensar y de creer cuando se implantó en su Constitución el respeto a todos los cultos y para todas las ideas mientras no ofendiesen a la moral pública. Esas libertades no podían modificarse.

La cuestión religiosa tendría dos dimensiones para los socialistas en Argentina, siempre según Bravo. Por un lado, estaría la religión en su dimensión espiritual, y por otro se vincularía a la existencia del Estado, amparándose en su fuerza para imponerse como una coerción legal. Sobre lo primero no había mucho que decir, nada más que un total respeto. Pero el problema estaba cuando la religión se convertía en una fuerza negativa, paralizando el desarrollo de la inteligencia, contra el progreso social y la ciencia.

Bravo defendía el hecho de que todo el mundo tenía una fe (seguramente en alusión a que no solamente estaba la fe religiosa, la católica), entendida como confianza razonable en su propia misión social y humana. Sin fe, sin esa confianza en la misión para lo grande, los hombres serían seres inermes, entregados a las fuerzas del prejuicio y la ignorancia.

Pero, partiendo del enunciado respeto a las creencias, lo que no se podía respetar era la existencia del presupuesto del culto, tanto por una razón social, como por otra legal.

La ley no podía obligar a los ciudadanos argentinos a sostener el culto que no profesaban. Bravo aludía a la diversidad de la procedencia de los habitantes de la República Argentina, con religiones distintas, o hasta sin religión concreta. El tesoro del país se formaba con todos esos habitantes, sin distinción de creencias, pero con ese tesoro se sostenía a la Iglesia Católica.

Los católicos tenían derecho de mantener su culto, pero debían hacerlo con su dinero, con sus contribuciones, pero no con el dinero de todos los argentinos, con el de los que no profesaban dicha confesión religiosa.

Bravo consideraba que, al final, todo se reducía a una cuestión de buen sentido. La situación era, por lo tanto, contraria a la proclamada libertad de conciencia, a la libertad de cultos.

En conclusión, los socialistas argentinos eran respetuosos con la religión en cuanto sentimiento íntimo y personal, pero estaban en contra del sostenimiento de una religión determinada, de cualquier religión, con los fondos del Estado, que se nutrían con las contribuciones de los ciudadanos argentinos.

Hemos consultado el número 5774 de El Socialista, de 6 de agosto de 1927.

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