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Protocolo laico vs catolicismo

Lejos de la creencias individuales y si somos respetuosos con nuestras leyes, es de reconocer que no existe razón legal por la que deba seguir siendo así. Cualquier cargo del Estado estaría en su derecho a rechazar la fórmula impuesta por trad

COMENTARIO: Lamentamos que el buen comienzo se vea truncado al final, al aceptar la presencia de autoridades en actos religiosos y otras fórmulas confesionales. Cuando se deja claro que no existe norma legal que ampare ese confesionalismo protocolario.

Nos imaginamos una procesión sin autoridades, como nos hemos acostumbrado a que el Jefe del Estado no vaya bajo palio o el obispo presida o bendiga actos de inauguración,….


Ya desde hace meses, en el sector profesional del protocolo, se platea debate en delimitar la aplicación del protocolo laico.
Con frecuencia, en distintos foros se hace referecia a noticias relacionadas con éste asunto, nuevas normativas o propuestas para que los símbolos y ceremonias religiosas desaparezcan de los actos oficiales.

Y es que, aunque según la Constitución Española, se reconoce a España como un estado aconfesional, la presencia del catolicismo en nuestras instituciones y sus actos es muy patente. Es fácil encontrar la presencia de imágenes religiosas en los edificios públicos aunque sin duda el hecho más curioso, es que los cargos del Estado deban jurar el cargo sobre la Constitución frente a una Biblia y un crucifijo.

Lejos de la creencias individuales y si somos respetuosos con nuestras leyes, es de reconocer que no existe razón legal por la que deba seguir siendo así. Cualquier cargo del Estado estaría en su derecho a rechazar la fórmula impuesta por tradición. Claro que, es precisamente la tradición lo que ha dado pábulo a que el catolicismo esté tan infiltrado en las costumbres españolas. Usos y costumbres que como de cualquier otra índole el protocolo suele contemplar cuando no existe una norma legal al respecto.

En éste tiempo, en el marco de la globalización, parece claro que se ha de crear esa norma legal, para que en los actos oficiales se rompa la tradición de incluir símbolos religiosos y no herir la susceptibilidad de quienes no se sientan representados.

¿Pero debe entonces mantenerse parejas las principales fiestas laborables con el calendario católico? En mi opinión es incongruente si nos posicionamos en el laicismo, ¿Por qué llamarlas fiestas de Navidad o Semana Santa pudiedo llamarlas vacaciones de invierno y de primavera? ya cada uno después las utilizará o no para rendir culto a quien quiera.

Algo parecido me ocurre con la nueva normativa de honores y disticiones militares, en la que se limita la participación de las fuerzas armadas en actos religiosos y se elimina el homenaje al Santísimo. Una normativa que pone al mundo castrense en el camino hacia el laicismo.
Pero en todo el Real Decreto del 20 de mayo no hay referencia (o al menos no la he encontrado) a suprimir para la fórmula de la Jura de Bandera, las palabras de «¡Soldados! ¿JURAIS POR DIOS o prometéis por vuestra conciencia y honor, cumplir fielmente vuestras obligaciones militares…»

Llego a la conclusión de que, es muy complicado suprimir en su totalidad las referencias religiosas y matices católicos de los actos de un país, en que durante tantos años ha existido una hegemonía católica y que historicamente se ha infiltrado sobremanera en los estamentos sociales.

Me parece correcto el camino de legislar en la línea constitucional de lo aconfesional pero pienso, que algunas tradiciones religiosas prevalecerán aún después de crear leyes específicas que salvaguarden el laicismo.

Por ejemplo, ¿Imáginais una semana santa sevillana sin representación de sus autoridades locales? Parecería que sus políticos anteponen sus gustos personales al de la sociedad a la que, a fín de cuentas, representan.

Quizá, sea cuestión de no poner pasiones en el asunto, y si por circunstancias debe tener presencia el catolicismo u otras confesiones por el arraigo en el acto, lo más prudente es mostrar respeto y entender que en ello siempre existe un componente cultural.

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