Polémica por los símbolos religiosos. «No quieres crucifijo, pero vistes a tu hija de Virgen en Navidad»

Crónica del primer día de clase en el Macías Picavea tras la polémica sentencia

Ayer no fue un día cualquiera en el colegio público Macías Picavea de Valladolid. Antes de las nueve de la mañana a las puertas del centro escolar, varias unidades móviles de televisión y radio, junto a periodistas, fotógrafos y cámaras hacían guardia para captar en imágenes y sonidos el primer día de clase tras la sentencia del Juzgado de lo contencioso-administrativo número 2 de Valladolid, que obliga a la retirada de los crucifijos de las aulas.
 
Los pequeños por unos instantes se sintieron protagonistas de una noticia que muchos de ellos seguramente desconocen. Algo más molestos se mostraron algunas madres que a las puertas del patio del colegio esquivaron a la Prensa. Sin embargo, la mayoría expresó su indiferencia por el fallo judicial, aunque los que se pronunciaron presentaron posturas aparentemente irreconciliables.
 
El primero en llegar fue precisamente Fernando Pastor, el padre que interpuso la demanda con el respaldo de la Asociación Cultura Escuela Laica de Valladolid, que tuvo el apoyo de algún que otro padre del centro así como de la presidenta de la Asociación de Madres y Padres de Alumnos del Macías Picavea, María José Moral. Unos y otros, partidarios y contrarios a la sentencia, intercambiaron argumentos sin más discrepancia que la diferencia de opinión.

Sin embargo, cuando los alumnos llevaban varios minutos en las clases, tres madres se acercaron y preguntaron a Pastor si era «el de los crucifijos». Sin mediar presentaciones arremetieron verbalmente contra él, acusándolo de no querer símbolos religiosos y permitir que «tu hija haga una obra de teatro vestida de la Virgen María en Navidad». Alteradas por la impasibilidad y la negación del padre, elevaron el tono de las acusaciones, calificándole de «fariseo». El incidente no fue a más.

 
«Decisión de un señor»
Menos beligerante se mostró Manolo. Aun definiéndose como «no cristiano», expresó su contrariedad por la sentencia. Su palabras no fueron contra el demandante, sino contra el juez Alejandro Valentín, responsable del fallo: «Es la decisión de un señor, sin consultar a los padres, dando por hecho que no lo queremos. El crucifijo es parte de nuestra cultura».
 
Pero también hubo palabras de apoyo. Juan Carlos, padre con hijos en el colegio, reconoció «el coraje» de Fernando. En su opinión, la sentencia pone sus cosas en su sitio: «En las casas y las iglesias y fuera de las escuelas». De todos modos, este progenitor admitió que la mayoría de los padres «prefieren no involucrarse ni en uno u otro sentido». Junto a él, una joven madre, que se reservó dar su nombre, definió la polémica como «absurda de todo punto». En su opinión, «los crucifijos siempre han estado en el colegio y nunca ha habido problemas», por lo que no entiende ni el fallo judicial ni la expectación mediática.
 
De parecer contrario fue la presidenta de la Asociación de Padres y Madres del colegio, María José Moral, quien achacó los continuos rechazos del Consejo Escolar a que la mayoría de sus miembros «no sean capaces de diferenciar lo íntimo de lo público», por lo se congratuló por el reciente fallo judicial.
 
Nuevo Consejo Escolar
En lo que coincidieron todos es en la necesidad de que sean las autoridades educativas y judiciales las que solucionen este cuestión de una vez por todas, dejando al margen el quehacer diario del colegio, ayer absolutamente revuelto. Así se expresó Lourdes Bello, que ayer, precisamente, entró a formar parte del nuevo Consejo Escolar del colegio Macías Picavea. «Lo que queremos es la tranquilidad para los niños que hoy han estado alteradísimos». En la primera reunión del nuevo Consejo Escolar, la retirada de los crucifijos sólo salió a la palestra para acordar no volver a abordar la cuestión.
 
Si en 15 días no hay recurso, una nueva orden del juez hará efectiva la retirada de los crucifijos del Macías Picavea, un colegio construido en los años veinte del siglo pasado. Nadie sabe a ciencia cierta cuántos crucifijos hay. Quizá el próximo año ya no quede ninguno.

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