Peligra la libertad religiosa

«Sería posible, y lo estamos considerando seriamente, ir a un registro de control de actividades religiosas, de todas, no sólo de las islámicas, donde conste de modo claro, sin tapujos, quién es la persona encargada de oficiar los cultos y qué tipo de cultos…». Son palabras del ministro del Interior en la entrevista que el domingo, día 2 de mayo, aparece en EL PAÍS.

Y por si el tema no resulta suficientemente claro, continúa diciendo, en respuesta a otra pregunta del periodista: «Nosotros no podemos nombrar al imam que vaya a oficiar el culto, pero sí podemos exigir al imam o al predicador del culto que sea que se sepa quién es y qué va a decir, en la iglesia o la mezquita».

Una afirmación de este calibre, que, a todas luces, vulnera claramente el derecho a la libertad de expresión y, por supuesto, el derecho a la libertad religiosa, ni es tolerable ni puede justificarse en manera alguna, aun en el contexto de una sociedad machacada por un terrorismo que todo hace creer que está inspirado en una cierta ideología religiosa.

Suponemos que los musulmanes, los judíos, los católico-romanos y otros colectivos religiosos que practican su fe en España al amparo de la Constitución y la Ley de Libertad Religiosa saldrán al paso de estas declaraciones del ministro, como lo hacemos nosotros ahora en nombre y representación del Consejo Evangélico de Madrid, que aglutina a las iglesias, entidades e instituciones protestantes dentro del espacio geográfico de la comunidad autónoma madrileña.

Y, entretanto, surgen las matizaciones y las necesarias explicaciones, nos planteamos algunas preguntas y consideraciones: ¿pretende el ministro controlar por igual a todos los predicadores, de todas las confesiones religiosas, incluida la Iglesia católico-romana, incluso a sus obispos? ¿Será necesario presentar los textos de los sermones para ser sometidos a una censura previa? ¿Alcanzará este control a los predicadores no titulares, invitados por la confesión respectiva? Y en lo que se refiere a las iglesias, como es el caso de las evangélicas, donde la oración es una expresión espontánea del creyente, no sujeta a ningún guión previo, ¿cómo tiene el ministro previsto controlar su contenido?

Los evangélicos hemos padecido en este país una larga época de intolerancia, de controles estatales y administrativos, de discriminación, como para admitir serenamente una amenaza de tal calibre. Si el ministro tiene la intención de luchar contra el terrorismo, hágalo en buena hora, busque a los terroristas donde se encuentren, investigue a todos cuantos puedan ser sospechosos de infringir las leyes, establezcan cuantos medios de detección de criminales sea preciso, pero no olvide hacerlo respetando los derechos a la libertad, incluida la libertad religiosa, que tanta sangre, tantas lágrimas y tanto sufrimiento nos ha costado.

Máximo García Ruiz. Secretario ejecutivo del Consejo Evangélico de Madrid

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