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No hay que marcar ninguna X en la declaración de Hacienda · por Ximo Estal Lizondo

Ha arrancando, hace casi un mes, el periodo oficial anual de Declaración de la Renta-IRPF. Al rellenarla se nos indica que podemos marcar con una X ,al final, la casilla de la Iglesia Católica o la de Fines Sociales, para que parte de nuestra declaración vaya a la Iglesia Católica o para fines sociales. Como persona que defiendo un Estado laico, me gustaría dar una opinión, del porqué no se debe marcar ninguna X en la declaración de renta, con todos mis respetos a aquellos que no les convenzan mis palabras y que marquen una de ellas o las dos, es una opinión, y como tal me gustaría que fuera leída y comprendida el porqué no hay que marcar esa X.

Los Acuerdos con la Santa Sede de 1979 otorgan una situación de privilegio financiero y fiscal a la Iglesia católica, que no es sino una organización privada de creyentes, recibiendo miles de millones del erario público para pagar sus propios gastos particulares. Por otra parte, las políticas neo liberales de recortes y privatizaciones da lugar al mercado de la caridad asistencial donde organizaciones privadas, en su mayoría pertenecientes a entidades católicas, reciben cantidad de millones de subvenciones públicas que le generan pingües beneficios privados aunque queden encubiertos como si se tratara de altruismo y generosa colaboración ¿Cómo funcionan las casillas del IRPF? Intentaré explicarlo con un ejemplo muy claro, para que no quede duda alguna.

Supongamos que a un contribuyente le sale a pagar 100 euros de impuestos IRPF y decide no marcar ninguna casilla, y a otro le resulta la misma cantidad pero sí marca alguna de las casillas, sea la de IC, la de FS o ambas –que también es posible hacerlo, lo mismo que no marcar ninguna casilla–. No cabe duda alguna que ambos ingresarán los 100 euros de impuestos en la hucha común de los PGE ya que, por marcar o no marcar “ni pagas de más ni te devuelven de menos”, como correctamente dice la Conferencia Episcopal Española-CEE, aunque esta sea la única verdad en la publicidad que hace, cargada de falacias y medias verdades. ¿Cuál es entonces la diferencia entre marcar y no marcar las casillas? Pues que los 100 euros que ingresa quien no la ha marcado quedan íntegros en los PGE mientras que los de quien la ha marcado no quedan tal cual sino que una parte se detrae de los PGE y se desvía directamente a las arcas de entidades particulares que no son de interés general, como son la Iglesia católica y/o las ONG de una u otra naturaleza (el 0,7% si solo hubiera marcado una casilla, o el 1,4%, el doble, si las dos), por lo que estas organizaciones, por el simple hecho de serlo, “hacen caja”sin más esfuerzo, en situación de privilegio, quedando menos impuestos disponibles en la hucha común de los PGE. Por tanto, quienes marcan alguna de las dos casillas reducen su aportación al erario público, que es de donde se cubren los gastos generales, comunes a todos, en educación, sanidad, dependencia, infraestructuras, pensiones, etc. 

Los impuestos no son propiedad ni una opción voluntaria personal de cada cual sino una obligación de todos y para con todos

Miente la publicidad episcopal cuando afirma que “lo que recibe la Iglesia Católica por el IRPF no sale de los PGE”. ¿De dónde sale si no? ¿O es que los dineros del fisco provienen de algún maná divino que no sea de los impuestos? Lo mismo que esa otra falacia de que “marcar esta casilla [a IC] es una decisión con tus impuestos”. Porque los impuestos no son propiedad ni una opción voluntaria personal de cada cual sino una obligación de todos y para con todos. Marcar la X a la Iglesia católica significa que con este hecho apoyamos su engaño cuando afirma que los 300 millones que recauda por esta casilla los dedica a la labor asistencial, cuando eso es mentira, pues los dedica, según datos de su conferencia episcopal en un 75% a pagar los sueldos y Seguridad Social de sacerdotes y obispos, y el resto a financiar a sus medios informativos, televisivos, sus campañas antiabortistas y contra los derechos civiles.

La verdad es que de los 300 millones solo 6 millones los dedica a Cáritas, organización que sabemos que también se nutre de otras aportaciones privadas o públicas mediante subvenciones. Por tanto mienten descaradamente y en contra de lo que ellos predican. Resulta de vergüenza democrática que después de tantos años, ni PP ni PSOE, con sus mayorías, no hayan obligado a la Iglesia Católica a cumplir lo pactado, “su autofinanciación”, y continúen financiando a una institución que es inmensamente rica con múltiples propiedades, empresas, colegios, editoriales, fundaciones e inversiones de todo tipo, además de los más de 100.000 bienes inmatriculados ilegalmente que han aumentado su enriquecimiento. Los ciudadanos debemos saber que los 300 millones de IRPF es solo una pequeña parte de los más de 11.600 millones anuales que el Estado aporta a la Iglesia Católica por una u otras vías, incluidas las exenciones fiscales de no pagar impuestos, es decir se podría decir que la Iglesia Católica es un paraíso fiscal, tal cual. ¿Y en los fines sociales? Mi opinión es no, por varias razones. Aunque lo de “fines sociales” llama a la solidaridad, un sentimiento muy loable, existen varias circunstancias en torno a esta casilla que conviene desmitificar, y argumentos para no marcarla. De primeras, saber que quien marca esta casilla no tiene control alguno sobre el destino concreto del 0,7%, pudiendo ocurrir que se destine a subvencionar a ONG u otro tipo de organizaciones particulares que no tengan un interés general, o con dudoso funcionamiento democrático o simplemente exóticas y contrarias a la voluntad del contribuyente.

En este sentido, hay que saber que del orden del 35-40% de lo que se recauda por esta casilla va a parar a organizaciones que están relacionadas de una u otra forma con la Iglesia Católica. De ahí el interés que la IC muestra en su publicidad a que se marquen las dos casillas, ya que por ambas obtiene dinero público: uno de forma directa por su casilla IC y otra de forma indirecta por una parte de la casilla FS. En los últimos años, la cantidad recaudada por FS está en torno a los 380 millones anuales, de los cuales unos 150 millones van de esa forma indirecta a parar al entorno de la Iglesia. Por eso, Europa Laica, asociación que defiende la laicidad del Estado, es partidaria de que el Estado debe hacer solidaridad, destinando recursos públicos a fines sociales de interés general, pero no como se hace a través de esta casilla del IRPF, sino asignando partidas específicas en los presupuestos de la distintas Administraciones Públicas, como parte de sus políticas de gobierno. Los Servicios Públicos y Asistenciales sólo se pueden garantizar de forma universal si se gestionan desde lo público, desde el Estado,con presupuestos adecuados a sus necesidades. Delegarlos en organizaciones privadas, o que dependan de la voluntariedad individual, como en el IRPF, es una forma soterrada de potenciar las políticas neoliberales de privatización y externalizaciónque dan lugar al mercado de la caridad, mayormente en manos de confesiones religiosas. La solidaridad más verdadera es no marcar ninguna casilla porque es la forma más segura de que todos los impuestos queden íntegramente en la hucha común, repartiéndolos según las necesidades reales de interés general.

Repito, es opinión personal, y puede ser criticable, pero como socio de Europa Laica y defensor del laicismo de Estado la he querido expresar en este artículo y que espero que sirva de ayuda o aclaración para que el contribuyente decida no marcar ninguna X, ni en la casilla de la Iglesia Católica ni a la de Fines sociales, con todo mi respeto a quienes sí lo hagan, es su opinión, como es la mía y la de toda la ciudadanía que creemos en un Estado laico y de libertad de conciencia y consideramos que las creencias son de ámbito privado y por tanto deben ser subvencionados de manera particular y no colectiva, pues eso es irracional que los no creyentes tengamos que subvencionar las creencias particulares y más el enriquecimiento de una entidad privada que, por desgracia, no utiliza de forma muy transparente los recursos que recibe e incluso los utiliza para desestabilizar la democracia y los valores que esta conlleva.

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