Ofensiva religiosa en el IES Levante de Algeciras

Desde que Europa Laica publicase  información gráfica y visual  sobre la avanzadilla confesional en el IES Levante (Algeciras, Cádiz),  sus responsables han puesto en marcha una serie de pesquisas para descubrir  a los que se han atrevido a ejercer su legítimo derecho a la libre expresión y opinión. Hay muchas probabilidades de  que sea injusto reducir las sesudas investigaciones a un simple caso de curiosidad malsana; por eso es fácil deducir los planes y proyectos que prepara esta readaptación de las cruzadas para quienes son reticentes a comulgar con ruedas de molino. Soplan vientos aptos para avivar piras, desempolvar sambenitos y organizar entretenidísimos autos de fe.

Mientras tanto,  continúan con su ofensiva confesional  y con su visión patrimonialista del instituto, actitud que bien podría resumirse en lo  de todos  es mío y no me lo quita ni Dios.  Fieles  a su agudísimo sentido del respeto por los espacios compartidos, el pluralismo ideológico y, cómo no, al carácter aconfesional del Estado, siguen desplegando ese refinado sentido de la estética minimalista que les caracteriza, y que les induce a auto-convencerse de que las creencias son una cuestión de tamaño o perifollos, y de que cuantas más fanegas ocupen, más grande será la parcela que les toque en el cielo. Por ambición que no quede.

En un minúsculo espacio de la conserjería del centro, alguien con intención distendida tuvo la osadía de poner un pequeño cartel en el que se había dibujado una celosía con una leyenda (el confesionario del amor), y que  venía a compartir pared con dos estampitas pías colocadas allí desde tiempos inmemoriales. A parte del nuevo equipo directivo  del centro le faltó tiempo para exigir que se retirara el divertido dibujo, en nombre de la ofensa a los más puros y cristalinos sentimientos religiosos que uno pueda imaginarse. Se ignora en nombre de qué competencias propias de su cargo lo hicieron.  Por supuesto, al radio de acción de su eminente ojo clínico se le habían escapado  las estampitas, pero también los murales pro-semana santa que llevaban meses en el vestíbulo  conmemorando a esas alturas no se sabe qué y que allí siguen.

Una de las disputas teológicas más sabrosas del Medievo giró en torno al número de ángeles que podrían caber en la cabeza de un alfiler. Al paso que van, y por coherencia, no les va a quedar más remedio que prohibir, demonizar  y perseguir  los chistes sobre alfileres,  zambombas, tocinos de cielo, vino, pilas, pastores, semanas, carteles, vírgenes,  o vete tú a saber cuál será la próxima ocurrencia.

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