Ochocientos gallegos se divorcian de la Iglesia

Durante los últimos seis años una media de once gallegos al mes se da de baja de los registros eclesiásticos

La Iglesia pierde cada vez más fieles en Galicia. Una media de once gallegos abandona la Iglesia al mes. En total, son más de ochocientos los casos registrados en los últimos seis años. Se trata de personas bautizadas que deciden apostatar, es decir, renunciar a su fe y darse de baja de los registros eclesiásticos. Los motivos que alegan suelen ser parecidos: "yo no elegí ser bautizado", "ésta no es mi religión" o "si me borro del registro católico, la Iglesia no podrá contar conmigo al hablar del número de fieles".
Antes de 2003 los casos de apostasía eran prácticamente anecdóticos en Galicia. Fue a partir de 2004 cuando los obispados gallegos empezaron a recibir cada vez más solicitudes de católicos solicitando darse de baja.
Y en estos últimos seis años ha sido la diócesis de Santiago la que ha concentrado el mayor número de solicitudes de apostasía. Hasta 2009 eran más de medio millar los diocesanos que pasaron por su parroquia de nacimiento para borrar su nombre del registro eclesiástico. En lo que va de año, se han sumado otro medio centenar de bajas, de manera que el Arzobispado ya acumula unas 600 renuncias.
A Santiago le siguen las diócesis de Ourense y Tui-Vigo. En ellas, 75 y 65 miembros de la Iglesia dejaron de serlo, respectivamente, hasta el pasado 2009. En el caso de Mondoñedo-Ferrol, el total de apóstatas hasta el momento se queda en 59 casos. Lugo, por su parte, registra el mínimo de toda Galicia al no alcanzar los 40 casos de renuncias a la fe cristiana.
Estos son los casos en los que el proceso de apostasía está cerrado, pero muchas otras solicitudes aún están pendientes de una resolución de la Iglesia. Tras años de espera, quedan todavía numerosas personas que no han conseguido borrar su nombre de los registros de su parroquia de Bautismo.
Para llevar a cabo la apostasía, basta con remitir a la parroquia en la que el individuo fue bautizado una carta –de la que se ofrece un modelo en distintas páginas webs– en la que el firmante exprese su renuncia a pertenecer a la Iglesia y la petición de que sus datos sean borrados del libro bautismal. A este documento básico, es necesario adjuntar una fotocopia del DNI compulsada.
Una vez tramitado el proceso, el solicitante recibirá una respuesta de la parroquia. La ausencia de la fotocopia del DNI o la falta de datos son los principales problemas que ponen desde las diócesis para denegar algunas de las solicitudes. Pero en muchos casos, los apóstatas reciben cartas en las que se les pide una explicación del motivo por el que quieren abandonar la institución.
Los católicos que solicitan la apostasía alegan que no se sienten identificados con esa religión y que nadie les consultó cuando fueron bautizados. Llevan más allá su oposición a la instituciones eclesiásticas y explican que no quieren que se los incluya en las estadísticas, ya que la Iglesia recibe financiación en función del número de fieles.
La Ley Orgánica de Protección de Datos (LOPD) ampara a los apóstatas, ya que defiende el derecho de toda persona a borrar sus datos en cualquier institución existente. La Iglesia, sin embargo, explica que "en el libro de Bautismo siempre quedará guardado el nombre de la persona, aunque una nota a su lado especifique que esa misma persona haya apostatado".
Cuando consigue una respuesta positiva de la diócesis, el apóstata ya deja de ser un miembro de la Iglesia. Esto lleva una serie de consecuencias como la privación de las exequias eclesiásticas en el momento de la muerte, la expulsión del cargo de padrino de bautismo y de confirmación, así como la imposibilidad de ser padrino de matrimonio por la Iglesia.
Algunos colectivos que defienden la apostasía, como la plataforma Sei o que nos fixestes… de Santiago, denuncian que algunos obispados ponen demasiadas trabas para darse de baja de los registros y que alargan el proceso durante mucho tiempo.

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