No era Cañizares, era el Papa

Ya me extrañaba que Antonio Cañizares se atreviera a proponer esos cambios en la normativa eclesial que nos retroceden a los tiempos de Pío X (hace 100 años), para que los niños y niñas puedan recibir la Primera Comunión incluso antes de los siete años, en vez de retrasar dicho sacramento a la edad de 9-10 años como, con buen criterio, había aconsejado el Concilio Vaticano II, para que fueran más conscientes de su significado: sentido de la Eucaristía, pertenencia a la Comunidad Cristiana, etcétera.

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Y es que Cañizares estaba de acuerdo con el Papa en esos cambios. Lo tenían hablado entre ellos. Por tanto, todo lo que decíamos en nuestro anterior artículo, hay que aplicárselo ahora al Papa, además de a Cañizares.

Es el máximo responsable de la Iglesia quien, una vez más, vuelve a girar 100 años atrás. Como si no existiera el Concilio Vaticano II. Como si sólo hubiera que tener en cuenta el Concilio Lateranense IV y el de Trento. Como si el Papa Bueno, Juan XXIII no hubiera existido, sólo Pío X.

Está claro que el objetivo es aumentar las estadísticas de los que acceden a los sacramentos. Y ello hay que conseguirlo aunque sea con niños de 6 años. Como con la terrible falta de vocaciones que, especialmente en Europa, hay que cubrirla aunque sea «importando» sacerdotes y religiosos africanos, asiáticos o tradicionalistas anglicanos,… 

Aquí de lo que se trata es que los objetivos estadísticos se puedan cumplir y la gran máquina organizativa que es la Iglesia Católica a nivel institucional pueda seguir funcionando. No se cuestionan los métodos ni los procedimientos: si tienen o no sentido, si son pastoralmente positivos, si son válidos desde el punto de vista evangélico. Todo eso no cuenta. Números, sólo números.

¿Y nuestros obispos? Todos están calladitos y sumisos. Que nadie diga nada. Que nadie levante la voz no vaya a ser «llamado al orden» desde el Vaticano.

Pues pienso que obispos, sacerdotes y laicos tenemos nuestro papel en la Iglesia. Y, les pese a quien les pese, debemos decir lo que creemos mejor para ella y criticar lo que consideremos criticable. No es, como algunos piensan, que es que sólo queremos hablar negativamente de la Iglesia. No. Es que la Iglesia somos todos. No es propiedad ni del Papa ni de Cañizares ni de los obispos.

Ya decía Pablo VI que era muy importante la opinión pública de todos los cristianos sobre los asuntos de la Iglesia. Algunos creen que la Iglesia es un batallón militar que a la orden de «¡firmes!», todos tenemos que obedecer y callar. Están muy equivocados.

La primera Comunión a los seis años me parece un verdadero disparate, o, como diría José Manuel Vidal, «un atentado pastoral». Lo diga Cañizares o lo diga el Papa.

Juan Cejudo es miembro de MOCEOP y de Comunidades Cristianas Populares  

–> Y es que Cañizares estaba de acuerdo con el Papa en esos cambios. Lo tenían hablado entre ellos. Por tanto, todo lo que decíamos en nuestro anterior artículo, hay que aplicárselo ahora al Papa, además de a Cañizares.

Es el máximo responsable de la Iglesia quien, una vez más, vuelve a girar 100 años atrás. Como si no existiera el Concilio Vaticano II. Como si sólo hubiera que tener en cuenta el Concilio Lateranense IV y el de Trento. Como si el Papa Bueno, Juan XXIII no hubiera existido, sólo Pío X.

Está claro que el objetivo es aumentar las estadísticas de los que acceden a los sacramentos. Y ello hay que conseguirlo aunque sea con niños de 6 años. Como con la terrible falta de vocaciones que, especialmente en Europa, hay que cubrirla aunque sea "importando" sacerdotes y religiosos africanos, asiáticos o tradicionalistas anglicanos,… 

Aquí de lo que se trata es que los objetivos estadísticos se puedan cumplir y la gran máquina organizativa que es la Iglesia Católica a nivel institucional pueda seguir funcionando. No se cuestionan los métodos ni los procedimientos: si tienen o no sentido, si son pastoralmente positivos, si son válidos desde el punto de vista evangélico. Todo eso no cuenta. Números, sólo números.

¿Y nuestros obispos? Todos están calladitos y sumisos. Que nadie diga nada. Que nadie levante la voz no vaya a ser "llamado al orden" desde el Vaticano.

Pues pienso que obispos, sacerdotes y laicos tenemos nuestro papel en la Iglesia. Y, les pese a quien les pese, debemos decir lo que creemos mejor para ella y criticar lo que consideremos criticable. No es, como algunos piensan, que es que sólo queremos hablar negativamente de la Iglesia. No. Es que la Iglesia somos todos. No es propiedad ni del Papa ni de Cañizares ni de los obispos.

Ya decía Pablo VI que era muy importante la opinión pública de todos los cristianos sobre los asuntos de la Iglesia. Algunos creen que la Iglesia es un batallón militar que a la orden de "¡firmes!", todos tenemos que obedecer y callar. Están muy equivocados.

La primera Comunión a los seis años me parece un verdadero disparate, o, como diría José Manuel Vidal, "un atentado pastoral". Lo diga Cañizares o lo diga el Papa.

Juan Cejudo es miembro de MOCEOP y de Comunidades Cristianas Populares

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