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Mi reino no es de este mundo

En esta visita del Papa a Santiago de Compostela y Barcelona, la que supuestamente realizaba para venerar al Apóstol y contemplar la basílica de la Sagrada Familia, ha sido una falsedad absoluta, ya que sus verdaderos motivos los cuales se dejan ver por sus manifestaciones públicas, eran muy distintos.

En estas declaraciones, no solo le faltó el respeto a una nación soberana, cuya constitución votada por los españoles, manifiesta que el Estado Español, es aconfesional y laico, artículo que debe ser de obligado cumplimiento, no solo por los ciudadanos y autoridades, sino también para todas las personas que residan o visiten nuestra Nación.

Parece ser que tanto el Papa, como cualquier obispo o súbdito de su órbita, se creen con la autoridad o inmunidad, o ambas, para no respetar estas normativas, que rigen sin excepción, a cualquier mortal que nos visite. No es solo una cuestión de educación y respeto, es una razón que crearía un conflicto diplomático, si estas declaraciones las hubiera formulado un jefe de estado extranjero.

Todavía no está muy claro, en calidad de que jerarquía el Papa efectuó la visita, si en su calidad de jefe del Estado Vaticano, o como jefe de la iglesia Católica Apostólica Romana, pero sea cual fuere, no se puede justificar su falta de tacto, educación y sensibilidad hacia el país anfitrión.

Si su intención fue la de censurar al Gobierno, por cumplir lo asentado en la Constitución, que expresa claramente  la  condición del Estado que debe ser laico y aconfesional, comparándolo con el de la II República,  el sumo pontífice debería reflexionar, sobre el papel que desarrolló la Iglesia Católica durante la guerra civil, en la que no dudó en mencionar a las hordas franquistas, como los nuevos cruzados, además de colaborar de forma activa y durante cuarenta años, con la criminal dictadura.

Esta actitud despreciable por parte del Vaticano, fue culminada con el envío de la bendición papal al moribundo tirano. Ante este acto cabría deducir que ese mismo gesto de la iglesia, habría sido otorgado a los otros dos criminales de Europa “Hitler y Mussolini”, y como lo han hecho también con los tiranos y genocidas de Latino América.

No quisiéramos recordarle al jefe de la Iglesia Católica, que los distintos papados, siempre han encubierto conspiraciones, crímenes y torturas propias y ajenas, pero todas estas acciones, con un mismo fin: hacerse más poderosa, ya que casualmente siempre ha estado del lado de los poderosos y estos últimos, contra los más débiles.

Poco a poco, los que han ostentado el poder en la Iglesia, se alejaron de las palabras de Jesucristo, y poco a poco han ido alejando de esta, a sus fieles, ya que cuanto más se han ido conociendo los valores, con que se guiaban los príncipes de la Iglesia: poder, posesiones y privilegios.

Y es precisamente por este motivo que no consentimos, que pretendan dar a la sociedad clases de moralidad, ni que nos digan como tenemos que llevar nuestras vidas. Tendrían que recordar que todos somos hijos de Dios, tenga este el nombre que cada religión quiera darle, ya que como dicen los evangelios, estamos hechos a imagen y semejanza del creador, y tenemos nuestro propio albedrío.

De existir el infierno, no cabe duda de que este, estará lleno de malvados, tiranos, genocidas y ministros eclesiásticos, que traicionaron los principios que Jesús quiso trasmitirnos, y que la Iglesia Católica Apostólica Romana ha tergiversado por avaricia y poder.

Ante los constantes intentos de intromisión por parte del clérigo en las decisiones de Estado, no cabe más que afirmar, que la Iglesia se ha transformado en un partido político bien ubicado a la derecha, fundamentalista y retrógrada. Y es que esto lo vemos a diario en España, en el que desde sus púlpitos, los jerarcas de la Iglesia tratan de orientar el voto, para volver a recuperar sus malsanos poderes, que una democracia sana y equilibrada les ha quitado.

Esperamos, por las reivindicaciones obtenidas por los ciudadanos, en sus derechos, igualdades y libertades, no logre la Iglesia volver a cogobernar nunca más en España.

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