Los alcaldes de Bilbao, Vitoria y San Sebastián, del PNV, explican por qué van a los actos religiosos festivos

Aburto, Urtaran y Goia han estado y van a seguir asistiendo a algunas de las concentraciones más tradicionales y masivas. Prefieren hacer oídos sordos a las críticas por su asistencia, sobre todo procedentes de la izquierda abertzale y de las nuevas formaciones políticas

Los alcaldes de las tres capitales vascas, todos ellos del PNV, han sido habituales este agosto en los actos religiosos convocados con motivo de las fiestas de Bilbao, Vitoria y San Sebastián. Juan María Aburto, Gorka Urtaran y Eneko Goia justifican su presencia en esas ceremonias y explican a elcorreo.com sus motivos.

Juan María Aburto. Alcalde de Bilbao

Aburto acude a la misa y romería de la festividad de Begoña el pasado 15 de agosto. / Fernando Gómez

Aburto acude a la misa y romería de la festividad de Begoña el pasado 15 de agosto. / Fernando Gómez

«La polémica es artificial. ¡Ya está bien de algunas críticas!»

Se prepara para sus primeras fiestas como alcalde, preocupado por que no se produzcan agresiones sexistas, la desgraciada tónica de todo el verano. Y acaba de estrenarse con el aurresku el día de la Amatxu de Begoña, el pasado sábado. Un día después, el domingo, escuchó dos misas por San Roque, una en el Pagasarri y otra en Artxanda. Él, como sus dos colegas de Vitoria y Donosti, también miembros del PNV, es nuevo en el cargo. Y, como ellos, también resume con una palabra su participación en actos religiosos: «Normalidad».

En la Aste Nagusia no hay actos religiosos.

Pues no, como sí sucede en La Blanca de Vitoria o en la Salve donostiarra. Aquí están los prolegómenos, el aurresku en Begoña del pasado día 14.

Llama un poco lo atención que no los haya.

No hay una tradición pero, vamos, tampoco es algo buscado.

Usted, como sus predecesores en el cargo, Azkuna o Areso, también bailó el aurresku. Y hubo partidos críticos con su asistencia al acto religioso.

Yo no quiero polémicas. Tengo muy claro que soy el alcalde de todos y de todas y eso se notará en mi forma de hacer política. Pero hay tradiciones que están muy enraizadas en el pueblo y como alcalde participaré en ellas.

Es religioso.

Lo soy. Soy religioso en mi vida y no me siento incómodo en esos actos.

Volvamos a la polémica, procedente de las nuevas formaciones y de la izquierda abertzale

Se me antoja una polémica artificial. Vemos por ejemplo un encierro de San Fermín y la gente antes de que salgan los toros canta: ‘A San Fermín pedimos, por ser nuestro patrón, nos guíe en el encierro, dándonos su bendición’. Quienes están cantando, ¿son todos religiosos? Otro detalle: vimos cómo el anterior diputado general de Gipuzkoa iba a la ceremonia religiosa tras la muerte del presidente venezolano Chávez. Y yo no lo critico, ¿eh? Pero hombre, ¡ya está bien de algunas críticas! Aunque de broma, ojalá hablemos de esto, porque será que no hay otras cosas de las que hablar. En fin, es una anécdota, porque lo importante es si contribuimos o no a mejorar la vida de los ciudadanos.

En resumen…

Pues en resumen, hay que ver estas cosas con normalidad absoluta, con el mayor respeto por quienes van y por quienes no van. Nadie se tiene que sentir mal o no mal por una cosa o por la otra.


Gorka Urtaran. Alcalde de Vitoria

Gorka Urtaran (izq.), junto al exalcalde de Vitoria, Javier Maroto (der.), acude a la Procesión de los Faroles. / Igor Aizpuru

Gorka Urtaran (izq.), junto al exalcalde de Vitoria, Javier Maroto (der.), acude a la Procesión de los Faroles. / Igor Aizpuru

«Voy encantado, muy a gusto, sin esfuerzo»

Ha acudido en su condición de alcalde a las Vísperas , a la Procesión de los Faroles –por otra parte un acto absolutamente masivo– y a la misa pontifical de las ya concluidas fiestas de la Virgen Blanca, las que arrancaron el calendario festivo de las capitales vascas. Y lo ha hecho sin apenas polémica. «No en vano –subraya– en Vitoria las fiestas son, a diferencia de Donosti y Bilbao, en honor de la Virgen ya desde su propio nombre. Donosti y Bilbao son dos sitios maravillosos, pero es que sus fiestas no tienen nada que ver con la tradición religiosa de las de Vitoria, aunque también tomen como referencia temporal la Virgen de Agosto».

¿Por qué acudió?

Vamos a ver. Hay un doble componente, el religioso y a lo largo del tiempo, también el cultural. Ahí está la Procesión de los Faroles, que es algo único y verla resulta un gran espectáculo. Ambos aspectos conviven sin conflicto, para creyentes y para quienes no lo son, y el Ayuntamiento tampoco lo genera con su asistencia. Veo todas estas cosas con normalidad. Esta es una sociedad muy laica, es verdad, pero creo que mi asistencia y la del Ayuntamiento a los actos religiosos no chirría.

¿Y cómo se sintió?

Bien. Fui encantado. Lo hice muy a gusto, sin esfuerzo. Y además hay libertad: hay gente de la Corporación que fue y otros que no fueron.

Y se puso corbata, lo que ni siquiera hizo el que día que fue elegido alcalde de Vitoria.

Pues sí. Suelo hacerlo en algunos actos muy relevantes. Por ejemplo en las bodas, por respeto a los novios.

Cuando Gorka Urtaran solo era el ciudadano Urtaran, ¿iba a estos actos?

A la Procesión del Rosario nunca –recorre el Casco Viejo de Vitoria el Día de la Blanca a las 7 de la mañana, con la asistencia de decenas de miles de personas–. Bueno, de pequeño sí, iba con mi madre –María Jesús Aguirre, la ex mano derecha del histórico alcalde José Ángel Cuerda–.

¿Es usted religioso?

Soy como Unamuno, quiero creer. Habitualmente no suelo acudir a misa, pero a veces sí voy. Y lo respeto.


Eneko Goia. Alcalde de San Sebastián

Goia, la semana pasada en la misa de La Salve. / José Mari López

Goia, la semana pasada en la misa de La Salve. / José Mari López

«No es una sumisión del poder civil al religioso»

Intentó, sin éxito, recuperar la procesión cívica previa a la Salve del 14 de agosto que iba del Ayuntamiento hasta la Basílica de Santa María del Coro, suspendida por el entonces alcalde Odón Elorza en los ‘años de plomo’ por los gravísimos incidentes que acostumbraban a jalonarla. No lo consiguió, al no hallar el consenso suficiente en el seno de la Corporación. Pero sí se le ha visto en el propio acto de la Salve, en el religioso.

¿Por qué?

La Salve es un tradición donostiarra, algo profundamente arraigado desde el siglo XVIII. En ella se toca una melodía compuesta expresamente para la fecha, que solo se puede escuchar ese día. E interviene además el Orfeón Donostiarra. Es un gran acto, para ver.

Al que usted va…

Al que iba como diputado foral, cuando lo fui. De hecho, era el único diputado donostiarra. Luego fui como concejal de la oposición en la pasada legislatura y ahora, como alcalde.

¿Iba cuando no era político?

Desde siempre, desde que era bien pequeño. Desde los 12 años o así, cuando me empezó a llevar mi madre, a la que por cierto le encanta. Y siempre voy.

¿Cómo explica esa dicotomía entre lo civil y lo religioso?

Vamos a ver. No soy una persona profundamente religiosa, aunque sí tengo mis creencias. Pero vamos, no soy de misa diaria. Yo sí distingo bien mi fe, mis creencias religiosas, del otro aspecto y el papel que tiene cada uno. Y veo el ir a la Salve con absoluta naturalidad. Yo voy muy tranquilo.

Pero hay cierta polémica y grupos políticos que critican que vaya.

Me llama la atención. A mí me invita el párroco de Santa María y voy. Y eso no es ninguna sumisión del poder civil al religioso. Y eso lo tengo claro. En esto de las críticas, me da la sensación de que hay dos varas de medir.

Esa contradicción a la que alude el alcalde es, la que a juicio de los peneuvistas, encarnan grupos como EH Bildu, que no tienen problemas en asistir a actos religiosos en otras capitales como en Pamplona –el alcalde Asirón fue a la Procesión de San Fermín, aunque no a la misa– o defender las corridas de toros allí donde gobiernan, para luego arremeter contra quienes hacen exactamente lo mismo allí donde han perdido el poder.

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