Linces, niño de un año y derecho al aborto

Nuevamente la Conferencia Episcopal arremete contra el aborto con una campaña bajo el lema ¡Protege mi vida! y llamando a movilizaciones. En dicha campaña se afirma que en la actualidad nuestras instituciones prestan más atención a los linces que a niños y niñas. El lema va acompañado de la imagen de un niño. De este modo comparan la vida en gestación con un niño de cerca de un año.

      Sorprende tanta desfachatez. Las personas que defendemos el derecho al aborto, también defendemos la vida de niñas y niños y que vengan a este mundo siendo queridos, deseados, con unas mínimas garantías de que serán educados y cuidados. Y también defendemos la vida de las mujeres. ¿Qué tienen que decir de las mujeres que morían por abortos clandestinos durante el franquismo, unas 200-400 anuales según datos del Tribunal Supremo 1976, cuando el aborto era ilegal?, ¿qué tienen que decir de las vidas y salud de 20 millones de mujeres que abortan en el mundo en condiciones de clandestinidad? o ¿acaso la vida de estas mujeres no importan y sólo son merecedoras del infierno?

      Mientras dicen esto, se niegan a la experimentación con células madre que están salvando muchas vidas, excomulgan a la madre de una niña de 9 años que había sido violada por su padre en Brasil, por haber consentido que su hija abortara. Mientras tanto, dan instrucciones para que los casos de pederastia en el seno de la jerarquía eclesiástica sean silenciados, y “resueltos” de puestas adentro, llaman a no usar el preservativo aún a sabiendas que ello implica un riesgo para la salud y vida de millones de personas, acogen en la iglesia a obispos lefevristas que defienden el nazismo y niegan el holocausto, presionan para que la UE no apruebe una resolución en la que se pide la despenalización en el mundo de la practica de la homosexualidad que en muchos países se castiga con la pena de muerte, ¿estas vidas no merecen ser defendidas?, ¿es esta la idea que tiene la iglesia de defender la vida?

      Entendemos que pueda haber personas que por sus creencias, o por otros motivos, opinen que la práctica del aborto es rechazable. Pero continuamente olvidan que estamos en una sociedad democrática, plural y laica o aconfesional, como prefieren llamarle. Ello quiere decir que los poderes públicos han de regirse por criterios y valores compartidos y no por las creencias de una parte. El reconocimiento del derecho al aborto no obliga a quienes no quieran realizarlo; lo contrario, si obliga a quienes no comparten esas creencias.

      Durante todo el tiempo anteponen la vida en gestación a la decisión de una mujer con un embarazo no deseado, desde el mismo momento de su inicio, incluso antes, ya que tampoco comparten el uso de métodos anticonceptivos,. No les importa que la Organización Mundial de la Salud, la Unión Europea, la Conferencia de Beijing… recomienden la legalización de la práctica del aborto por los riesgos que supone para la vida de las mujeres. Que el Tribunal Constitucional en su sentencia 53/85 afirme con claridad que el nasciturus no es sujeto de derechos fundamentales aunque es un bien jurídico a proteger.  A pesar de ello, siguen tergiversando las opiniones de las personas que no piensan como ellos, con campañas pagadas con dinero público. Sólo en vallas se han gastado entre 250.000 y 500.000 euros, ¿no habría sido preferible que la iglesia empleara este dinero para mitigar tantas situaciones de necesidad y pobreza que se están produciendo en estos tiempos de crisis?, ¿tendrá que volver Jesucristo a expulsar a los mercaderes del templo?

      Para Comisión pro-derecho al aborto de Granada la decisión de la mujer sobre si quiere o no ser madre, es una decisión de carácter individual, ha de tener prioridad sobre la vida en gestación en tanto esta no es viable. Establecemos por tanto una protección gradual de la vida en gestación en función de su desarrollo, en base a los datos aportados por la ciencia –esa gran enemiga de la Iglesia, desde antes de Galileo hasta los creacionistas-. Defendemos la necesidad de regular el aborto como un derecho, defendemos la autonomía sexual y reproductiva de las mujeres, defendemos y exigimos una educación sexual, que está siendo bloqueada en muchos centros de enseñanza por las mismas personas que rechazan el aborto. Educación sexual con el objetivo de promover que el ejercicio de la sexualidad sea libre y responsable, para educar en valores que son compartidos en nuestra sociedad –igualdad, libertad, cuidado de uno mismo/a y de los otros/as, empatía, respeto a la individualidad…-. Y con el objetivo central de lograr que la maternidad sea una opción libre y responsable y no una obligación para todas y cada una de las mujeres.

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