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Las trincheras de la Iglesia

De una Iglesia de Antiguo Régimen a un sistema laico no se pasa en dos días. Lo intentó la II República de malas maneras y la guerra civil truncó la posibilidad de que España siguiera, sin ir más lejos, el ejemplo de la vecina Francia

Aquel anticlericalismo de la República empujó a la Iglesia a abrazarse al franquismo, del que supo tomar distancias en su recta final para jugar un papel más neutral en la Transición.

La Constitución del 78 procuró encauzar el viejo conflicto entre la Iglesia y el Estado en un artículo que escribió Manuel Fraga de su puño y letra. Desde entonces, ambas partes han protagonizado un constante tira y afloja, más acusado bajo los gobiernos socialistas y de manera especial en los tiempos de Zapatero. Lo que suele llamarse la cuestión  religiosa está básicamente resuelta en la España democrática pero algunos parecen empeñados todavía en resucitar fantasmas del pasado.

Aprovechando una multitudinaria congregación litúrgica en la madrileña Plaza de Colón presidida por el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco, se han vuelto a escuchar quejas de la Iglesia más o menos razonadas, entre las que se han deslizado unas palabras del cardenal Agustín García-Gasco, arzobispo de Valencia, en las que vinculó la cultura del laicismo y la disolución de la democracia, como si en Francia, una vez más sin ir más lejos, estuviera en riesgo su sistema político. Este tipo de radicalismos dialécticos de la cúpula de la Iglesia, lejos de concederle credibilidad, la minan y dicen poco de su rigor intelectual.

La perla de García-Casco supuso equiparar la cultura del laicismo con un fraude que conduciría a la desesperación por el camino del aborto, el divorcio express e ideologías que pretenden manipular la educación de los jóvenes. Son, desde luego, palabras con poco fundamento que, sumadas a las críticas políticas al Gobierno en un acto religioso, devuelven a la Iglesia a unas trincheras de las que algún día tendrá que salir.

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