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Ladrones con sotana

“¿De que sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?” (Mateo 16, 26). Pues sirve, sirve porque la Iglesia Católica ignora el Séptimo Mandamiento y roba en España. Es un hecho. Apropiarse indebidamente de bienes inmuebles y extraer beneficios económicos de buena parte de ellos no solo es un pecado según su doctrina, sino que debería ser delito. Es lo que ayer, al fin, reconoció la Conferencia Episcopal, al admitir que inmatriculó indebidamente casi un millar de inmuebles de los cerca de 35.000 que puso a su nombre entre 1998 y 2015. Sabíamos y estaba probado que había violadores pederastas con sotana; ahora también sabemos que hay ladrones.

La reforma de la Ley Hipotecaria que llevó a cabo José Mª Aznar (PP) y que tendió la alfombra roja a la Iglesia para que robara propiedades será otra de las desvergüenzas con la que pasará a la Historia el expresidente popular. Una más, y no son pocas ya. Sin embargo, la mayor carga de culpa hay que ponerla en quien perpetró esta gran estafa inmobiliaria, este robo de alzacuellos en toda regla.

Acostumbrados a que la Iglesia nos diga a quién tenemos que amar, cómo debemos vivir y en qué tenemos que creer, ver cómo no sólo viola la ley de los hombres y mujeres sino la misma Ley de Dios (Séptimo Mandamiento, no robarás), ¿en qué lugar la deja? Pues en uno que ni la misma fe cristiana o, precisamente, por ella no debería remontar.

El informe elaborado por la misma Conferencia Episcopal sugiere la mala fe de ésta. Ya no es sólo que se apropiara de bienes que no le pertenecían, sino que lo hizo de un modo absolutamente descontrolado, con la voracidad de quien ve una puerta abierta y quiere robar el botín antes de ser descubierto. De otro modo no se explican las duplicidades, la falta de documentación, las inscripciones que no se encuentran en las localizaciones registradas y, por supuesto, la apropiación indebida perjudicando a sus legítimos propietarios que, en ocasiones, eran otras confesiones.

Con todo ese proceder, ¿qué credibilidad le resta a la Conferencia Episcopal?  ¿Qué honorabilidad le queda a la Iglesia Católica en España? Son consideraciones muy a tener en cuenta para sospechar que el número de inmuebles inmatriculados indebidamente supera con mucho el millar entre esos cerca de 35.000 inmuebles. No deja de ser curioso que auténticas máquinas de hacer dinero, como la Mezquita de Córdoba, apropiada gracias a la ley de Aznar, no entren en el listado.

De este modo, escuchar hablar de “negociaciones” en lugar de “inspecciones” y “consecuencias legales” vuelve a evidenciar que en esta democracia nuestra continúan fallando demasiados engranajes. ¿Acaso no debería juzgarse esta apropiación indebida? En más de un centenar de casos la Iglesia se enriqueció al vender los bienes robados y en otros tantos los habrá explotado. Todo ello, además, sin pagar IBI. Y aquí no ha pasado nada… ¿Cómo es posible?

Los hechos son tan reprobables, de una inmoralidad tan aplastante que no sólo quienes no comulgamos ni con la religión ni mucho menos con sus representantes, sino que los mismos católicos deberían alzarse contra su Iglesia. No pasará, incompresiblemente, no pasará porque como hacen sus curas, su mismo catecismo es de quita y pon a conveniencia.

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