La Semana Santa cae del calendario de los colegios más laicos

Algunas escuelas eluden la referencia religiosa y celebran «vacaciones de primavera» Los centros justifican la medida para no herir sensibilidades de otras culturas y confesiones

Los alumnos del CEIP Cervantes de Barcelona no tienen vacaciones de Semana Santa. Tampoco hacen vacaciones de Navidad. Ni celebran Sant Jordi. Los alumnos del CEIP Cervantes de Barcelona no van a clase esta semana ni fueron del 22 de diciembre al 7 de enero, pero la festividad que se indica en su calendario escolar es muy distinta a la de la mayoría de los centros educativos. Aunque tampoco es que estos estudiantes de Ciutat Vella sean los únicos, porque cada vez son más los colegios que optan por modificar la nomenclatura de las fiestas tradicionales por otra mucho más laica. En conclusión: los alumnos del CEIP Cervantes de Barcelona están esta semana de "vacaciones de primavera". A finales de diciembre hicieron "vacaciones de invierno". Y la semana del 23 de abril será la de los "Jocs Florals".
Isabel Nadal, directora del CEIP Cervantes, justifica el cambio de nombre de los periodos no lectivos del curso en que "decir vacaciones de invierno, primavera y verano permite cohesionar, literaria y meteorológicamente, el calendario. Una familia que acabe de llegar desde la otra punta del mundo sabrá ubicarlas en seguida, lo que quizá no ocurra al llamarlas de Semana Santa".

ESPACIO ACONFESIONAL
El argumento de adecuar las vacaciones a los solsticios es el primero que esgrime la directora del CEIP Cervantes, pero rápidamente menciona la cuestión de base: "Esta decisión nos permite reforzar la visión laica de la escuela, su cualidad de espacio público aconfesional, de convivencia ciudadana".
"Los tiempos cambian, y lo que antes era obvio, que las vacaciones de Semana Santa eran vacaciones de Semana Santa, ahora ya no lo es tanto. Cada vez más, sobre todo entre la gente de aquí, esas fiestas se viven de forma más profana", comenta Nadal. "Este cambio también es un gui-
ño para las familias laicas de Catalunya, que cada vez son más. Por norma general, son más religiosos los inmigrantes que los catalanes", añade la docente, quien remarca con persistencia que en su escuela –donde la mitad de sus 230 alumnos proceden de fuera de España y profesan una gran variedad de credos– nunca ha habido ningún conflicto, ninguna protesta, ninguna reclamación ni por parte de los extranjeros ni de los autóctonos para eliminar (o incluir) los conceptos más religiosos de una festividad.

EVITAR COMPARACIONES
Al contrario del Cervantes, hay centros educativos que sí han optado por las "vacaciones de primavera" para evitar problemas mayores. Como otro colegio de Barcelona, cuyo director prefiere no identificar, que ha eliminado las designaciones religiosas "porque algunos padres de creencias distintas a la católica exigían que también se conmemoraran sus días más representativos". En este CEIP hasta se ha reducido al máximo la celebración del Carnaval. "De esta manera evitamos comparaciones y que algunas familias puedan decir que las festividades paganas tienen un trato de favor", se defiende el directivo.
Pese a que no ha llegado al extremo de vetar la fiesta de los disfraces, también se ha encontrado con alguna situación difícil Saül Dalmau, director del colegio L'Arenal de Llevant de Barcelona. "Varios testigos de Jehová nos han llegado a decir que no traerían a sus hijos a clase incluso si hacíamos alguna decoración sobre una festividad en concreto, por lo que propusimos una ornamentación sobre las estaciones del año", recuerda este docente. L'Arenal de Llevant es otro de los CEIP que ha iniciado la tendencia de sustituir las "vacaciones de Semana Santa" por las de "primavera". "Es otra manera de no herir sensibilidades y de cuestionar si el hecho religioso debe marcar el calendario. El cambio de referencia es una gesto hacia una pluralidad más neutra", asegura su director.

MANTENER LA TRADICIÓN
¿Quiere decir que esta modificación de la nomenclatura implica que no se hable de las tradiciones catalanas? Rotundamente, "no", responden Dalmau y la directora del CEIP Cervantes. "Nosotros intentamos establecer la diferencia entre las tradiciones populares y aquellas con un carácter religioso más marcado. No montamos el pesebre, pero sí hacemos cagar el tió y representamos la leyenda de Sant Jordi", explica el director de L'Arenal de Llevant.
"Todavía estamos entre dos mundos, el de mantener las tradiciones –nosotros celebramos el concierto de Navidad– y, por otra parte, el de flexibilizar las celebraciones, viviéndolas desde una vertiente más laica. Eso quiere decir que los extranjeros deben conocer el contexto social, que no religioso, al que han venido a vivir. Y debemos enseñárselo dentro de un proceso que cree vínculos, que no violente la integración. Por lo que gestos como este el de cambiar el nombre de las fiestas contribuyen a mejorar esta integración", concluye Nadal.

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