La procesión es un acto símbólico

LAS ceremonias procesionales entrañan la representación visual de un acto simbólico mediante una sucesión de imágenes. René Huyghe afirmaba que toda imagen es un signo o un símbolo. La procesión desarrolla un ciclo que va desde la salida o nacimiento, el itinerario o paso por la vida, hasta el regreso al templo, al lugar de origen, a la tierra, al estado de inmovilidad. En un principio, la parte móvil de las procesiones religiosas la constituían los propios fieles; ellos hacían el recorrido; eran las peregrinaciones; peregrinos y romeros recorrían largos itinerarios salpicados de referencias religiosas fijas; santos lugares. Más adelante, se acortan los recorridos y se limitan al claustro del monasterio o a las naves de la iglesia, haciendo paradas (estaciones de penitencia) ante las escenas esculpidas en los capiteles o ante los altares con alusiones a los momentos de la Pasión (Vía Crucis). Luego el concepto varía y son los fieles los que permanecen estáticos, mientras el paso procesiona, pasa ante nosotros, se para, dialoga santamente, recibe miradas, oraciones y admiraciones, se alza y continua su proceso. En ocasiones, las procesiones tenían el carácter de rogativa: en Granada, en 1616, se sacaron los pasos de Semana Santa en el mes de mayo para rogar a Dios la caída de agua, dada la gran sequía de ese año. También la Virgen de las Angustias recibió rogativas en procesión cuando los terremotos de 1884 y la epidemia de cólera un año después.

Estas escenificaciones populares están muy cerca de las antiguas representaciones teatrales. Sabemos que estos ritos de exposición derivan del teatro tardomedieval del siglo XV, de los carros con escenas y de los autos religiosos de los siglos XVI y XVII, con los que conviven.

Manifestaciones de teatro popular teológico como los autos sacramentales que nos dejaron Lope de Vega, Calderón o Tirso de Molina no son otra cosa sino escenificaciones más estáticas, sobre un escenario, de lo que podría ser una procesión religiosa. La difusión que Fray Luis de Granada dio a estas obras jugaría un papel muy importante en la implantación en nuestra ciudad de las primeras cofradías de penitencia en el siglo XVI, a muy poco de ser tomado el reino nazarita por los Reyes Católicos.

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