La laicidad: antídoto contra la discriminación

El Evangelio según san Mateo (22: 15-21) refiere que Jesús, al ser insidiosamente increpado por los fariseos a propósito de pagar tributo a Roma, respondió: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. La célebre frase no deja de ser curiosa  si consideramos que en ella el propio fundador del cristianismo se pronuncia por la separación entre los asuntos del Estado y los relativos a la fe. No obstante, las iglesias derivadas de sus enseñanzas han estado muy lejos de actuar en consecuencia, lo cual también se aplica a otros credos. Las historias de Oriente y Occidente pueden leerse, al menos parcialmente, como prolongados intentos de imponer dogmas trascendentes al común de los mortales. Durante dilatados siglos el poder religioso y el político fueron la misma cosa; más tarde, líderes eclesiásticos y jerarcas sociales gobernaron en una alianza que –no sin altibajos– defendió intereses mutuos, siempre en detrimento de los de las mayorías.

Aunque es posible hallar conspicuos antecedentes a la idea de laicidad –por ejemplo en Cicerón: “La libertad sólo puede fijar su residencia en aquellos Estados donde el pueblo es el poder supremo”–,
fueron la Ilustración y su contraparte práctica, la Revolución Francesa, los movimientos que dieron un impulso definitivo  a la razón laica, criticando los puntos de vista absoluto y absolutista de la religión y la monarquía, y declarando las libertades de pensamiento y de culto.

Claro está que ese fue sólo el inicio de un proceso histórico que aún no está del todo consolidado, ni en nuestra cultura ni en Levante. En México, la escisión entre la Iglesia y el Estado tuvo lugar durante la Reforma, en particular en 1859, año en que el 6 LA LAICIDAD: ANTÍDOTO CONTRA LA DISCRIMINACIÓN presidente Benito Juárez dictó las leyes que nacionalizaban los bienes del clero, promulgaban el matrimonio civil, la secularización de los cementerios y la libertad de culto.

De entonces a la fecha el proyecto democrático consustancial a la laicidad ha sufrido, y sigue sufriendo, innumerables vicisitudes, como las relativas a la Guerra Cristera o, para no ir más lejos, los constantes (y anticonstitucionales) pronunciamientos públicos de la jerarquía católica sobre leyes asociadas a temas como la despenalización de la interrupción del embarazo o la unión legal de personas del mismo sexo.

Baste lo anterior para ponderar la envergadura y complejidad de un problema que se encuentra en el corazón mismo de nuestra vida democrática y que la atraviesa de punta a cabo. En especial, conviene enfatizar su relevancia a propósito de la lucha contra la discriminación, pues como se comprenderá, si el Estado llega a adoptar puntos de vista religiosos vinculados con asuntos como educación, preferencias sexuales, consideración de las mujeres, políticas públicas en contra del VIH o situación de las minorías religiosas –por mencionar únicamente algunos ejemplos– estará
violentando el Estado de derecho y atentando contra la libertad, la igualdad y las oportunidades de las personas.

Quien desee profundizar sobre este particular difícilmente encontrará un texto más claro y profundo que el que tiene en sus manos: una pequeña obra maestra de divulgación, firmada por el doctor Pedro Salazar Ugalde, y que constituye el octavo número de la colección “Cuadernos de la igualdad”, editada por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación.
GILBERTO RINCÓN GALLARDO

El texto completo en el archivo PDF adjunto

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