La cruz no ha de estar en los colegios

El Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, la más alta autoridad judicial de la Unión Europea, ha soliviantado al Vaticano. La Corte, por siete votos a favor y ninguno en contra, ha sentenciado que la presencia de crucifijos en las escuelas constituye "una violación del derecho de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones", además de "una violación de la libertad religiosa de los alumnos". El fallo de la Corte de Estrasburgo, se circunscribe a una demanda interpuesta por una madre italiana, pero está claro que afecta a toda la UE. En el Vaticano así lo han entendido: su portavoz, Federico Lombardi, ha dicho que el Papa ha recibido con "amargura y estupor" la sentencia, añadiendo que "es equivocado y miope querer excluir a la religión de la realidad educativa". "No es por ese camino –asegura desabrido el Vaticano– como se ayuda a amar y compartir la idea de Europa".

Los jueces de Estrasburgo han dado un mazazo a la pretensión de los sectores católicos europeos, alentados por el Papa Benedicto XVI, empeñado en una absurda, por innecesaria, "recristianización" de Europa, que todavía no han desistido de que las denominadas "raíces cristianas" constituyan el fundamento sustancial de la construcción europea. Frente a ello, los jueces de Estrasburgo han proclamado lo obvio: el laicismo, la libertad de cultos que implica, es la argamasa en la que se sustenta la Unión Europea. No es únicamente que no se admita el crucifijo en los colegios públicos, sino que no se acepta ningún signo de proselitismo religioso, que queda para los centros privados confesionales y para las iglesias, que son su lugar natural. Ojo: lo que vale para el crucifijo es igualmente válido para cualquier pretensión de proselitismo islámico, donde debería incluirse sin ningún remilgo el pañuelo en la cabeza de las niñas, un signo de sumisión, lo quieran o no, que el turco Erdogán trata ahora de que penetre en sus universidades, al tiempo que reislamiza su sociedad (es lo mismo que pretende el Papa) y la aleja de Europa, aunque diga lo contrario.

En España, la derecha del PP, que tantas veces embiste contra la Educación para la Ciudadanía, alegando que se viola el derecho de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones (¿les suena?), no ha abierto la boca para comentar lo decidido por los jueces de Estrasburgo. Mayor Oreja, Martínez Pujalte y demás acólitos del poderoso sector episcopal del PP nada han dicho. El cardenal Rouco o su lugarteniente, el obispo Camino, tampoco. Se remitirán a lo manifestado por el portavoz del Vaticano. Su incongruencia es evidente. Los no católicos han de soportar el crucifijo, porque éste, según ellos, "no ofende a nadie". Muchas cruces en España, durante demasiado tiempo ofendieron a demasiada gente; alguna, la del Valle de los Caídos, el despreciable mamotreto franquista, sigue ofendiendo. Pero la cuestión es otra: de lo que se trata, es de que se ha de respetar la libertad religiosa, que es precisamente lo que han sentenciado los jueces de Estrasburgo.

En cuanto al laico Gobierno socialista, parece que ha decidido dejar la supresión de los crucifijos de las escuelas públicas para mejor ocasión. Nuevamente el presidente Zapatero doblegándose ante la presión de las sotanas. Su laicismo, a veces, sólo a veces, es de boquilla, pero las veces en que lo es, los asuntos tienen su enjundia. La financiación de la Iglesia católica es la que era, para gozo de los obispos.

Estrasburgo reconforta, y los que quieren que los musulmanes que se han instalado en Europa dispongan de una especie de exención para aplicar su inaceptable código de familia en el seno de la Unión Europea, pueden leer la sentencia. También va para ellos, aunque les guste tan poco como al Vaticano.

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