Jesús, pacifista y contrario al neonacionalcatolicismo

La prensa del ‘neonacionalcatolicismo’ está que levita de euforia. En ‘ABC’ puede leerse: “Los caballeros legionarios portan el Cristo de la Buena Muerte en Málaga” Con el añadido de que “la Legión desfila en treinta procesiones después del veto laicista de Chacón”.

Van volviendo, mientras tanto -primeros de abril-, “banderas victoriosas”. Al Gobierno de la derecha le debe de poner eso de “soy un novio de la muerte”. Les fascina a los peperos la retórica de los uniformados. Se sienten así patriotas, aunque en realidad lo sean sólo de hojalata.

La espada y el altar
Los periodistas genoveses arremeten contra la exministra de Defensa, Carme Chacón, porque hizo todo lo posible, en un contexto cada vez más complicado, por separar a la espada y el altar, que es una alianza perversa se mire desde el ámbito civil o el religioso. Es lo contrario al laicismo.

El laicismo
También atacan -desde los medios afines a los populares– a Alfredo Pérez Rubalcaba, quien advirtió que respaldaría el laicismo y denunciaría los acuerdos con la Santa Sede. Algo similar dijo José Antonio Griñán en la campaña electoral de Andalucía. Debe cumplir el PSOE, en todo caso, con tales compromisos.

La última cena
Esa apología de los “caballeros legionarios”, a partir de una óptica católica, choca frontalmente además con la narración de cómo fue detenido Jesús de Nazaret para que se cumpliera su sentencia de muerte en el calvario, después de la última cena y según los evangelios.

En el huerto de los olivos
“Pedro sacó su espada y, en el huerto de los olivos, le cortó la oreja derecha al siervo del Sumo Sacerdote. Jesús tocando su oreja, la sanó”. Y le dijo a Pedro: “Vuelva tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada a espada perecerán”. Más allá de cualquier otra consideración, la figura de Jesús que ha llegado a nuestros días no es la de un guerrero, sino todo lo opuesto.

Nada más lejos de los “caballeros legionarios”
Fue Jesús un pacifista encomiable. Nada más lejos de los “caballeros legionarios” y de cuantos, a lo largo de la historia, han montado cientos de miles de batallas estremecedoras, apropiándose indebidamente del nombre de Dios. La derecha española, en parte heredera de los vencedores de una guerra bendecida por la Iglesia, es experta en la mezcla deliberada entre Dios y el César.

La piel de gallina
Mariano Rajoy, aterrizado en Moncloa gracias a la crisis, se ha sumado al séquito de los que siguen patrocinando el regreso al neonacionalcatolicismo. En la vorágine de los actuales recortes económicos, que ponen la piel de gallina al más pintado, la Iglesia que en España preside monseñor Rouco Varela no ha sido objeto de recorte alguno. ¿Milagro cardenalicio? ¿O jeta, como le ha denominado Javier Clemente a Rouco, a cuenta de la COPE?

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