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Foto: Palestina Hoy

Israel, el único Estado “democrático” en el que es legal la tortura

Descargo de responsabilidad

Esta publicación expresa la posición de su autor o del medio del que la recolectamos, sin que suponga que el Observatorio del Laicismo o Europa Laica compartan lo expresado en la misma. Europa Laica expresa sus posiciones a través de sus:

El Observatorio recoge toda la documentación que detecta relacionada con el laicismo, independientemente de la posición o puntos de vista que refleje. Es parte de nuestra labor observar todos los debates y lo que se defiende por las diferentes partes que intervengan en los mismos.

Este artículo es un resumen muy abreviado, del capítulo Democracia y Tortura Blanca. Cómo contribuyó la psicología a hacer invisible la tortura, del libro de Rainer Mausfield, ¿Por qué callan los corderos?

Yo lo había leído con anterioridad, pero teniendo en cuanta los acontecimientos actuales de la guerra entre Hamás e Israel, me ha parecido oportuno redactarlo hoy. Para que quede claro y no haya malentendidos condeno sin paliativos la actuación de Hamás. Lo repito, la condeno. Pero, ¿esta actuación de Hamás puede legitimar el auténtico genocidio que Israel está cometiendo sobre la población palestina en Gaza? 

Deberían propiciar una profunda reflexión las palabras de Paolo Freire:

Con el establecimiento de una relación de opresión, la violencia ya ha comenzado. Nunca en la historia la violencia ha sido iniciada por los oprimidos… La violencia la inician quienes oprimen, quienes explotan, quienes no reconocen a los demás como personas, no quienes son oprimidos, explotados y no reconocidos”.  Como también las palabras  de Franco Berardi (Bifo)La humillación genera monstruos, deberíamos saberlo. La humillación de los proletarios alemanes tras el Tratado de Versalles generó el monstruo Hitler. La humillación de los judíos exterminados por Hitler y abandonados por todos los Estados europeos generó el monstruo del Estado étnico-militarista y colonialista de Israel. La humillación de los palestinos aplastados por la dominación militar de los sionistas ha generado Hamás. Pero la historia del siglo veinte habría tenido que enseñarnos que si aplicamos el principio bíblico del ojo por ojo, lo que sucede después es que todos nos quedamos ciegos”.

Es muy difícil poder entender lo que está ocurriendo en Gaza sin recurrir a sus causas. Hay que conocer las actuaciones de Israel sobre los palestinos desde la misma creación como Estado. Al respecto me parece muy oportuno mi artículo publicado en este medio Israel, el país que no quería crecer, basado en un ensayo de 2006 de Tony Judt, el cual compara al Estado de Israel con la biografía de un hombre. Los hombres cuando alcanzan los 58 años, los que tenía ya en 2006 Israel desde su creación en 1948, alcanzan la madurez. No es el caso de Israel, no ha madurado, sigue comportándose como un adolescente caprichoso, “nadie le entiende”, “todos están contra él”, lo cual le lleva a estar convencido que puede hacer todo lo que se antoje. Es lo que ha hecho siempre y lo sigue haciendo, como estamos contemplando con esos bombardeos en Gaza sobre la población civil -muriendo mujeres, ancianos y niños-, las escuelas, hospitales, sinagogas… Tiene derecho a hacer lo que se le antoje. Eso sí, gracias al apoyo incondicional de los Estados Unidos.

Hecha esta introducción voy a tratar el tema de la tortura, su legislación a nivel internacional, y cómo la han practicado y siguen haciéndolo algunas democracias: Francia, Gran Bretaña, Israel y los Estados Unidos. Y no tienen problemas en alardear de ser democracias auténticas.

Fueron las experiencias de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto las que condujeron a reforzar las barreras protectoras del derecho contra las posibilidades de exclusión, y se concedió especial importancia a la prohibición de la tortura. La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 establece, en  su artículo 5: Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”. Asimismo, el Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos de 1953, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1976, y la Convención de la ONU contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes de 1984, prohíben los actos o la amenaza de tortura. Las personas tampoco pueden ser trasladadas a lugares donde puedan correr el riesgo de ser torturadas.

La prohibición de la tortura no permite ninguna excepción, ni siquiera en el caso de una emergencia pública que amenace la existencia de la nación

A los efectos de la presente Convención de la ONU, se entenderá por el término “tortura” todo acto por el cual se inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión, de castigarla por un acto que haya cometido, o se sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación, cuando dichos dolores o sufrimientos sean infligidos por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento o aquiescencia. No se considerarán torturas los dolores o sufrimientos que sean consecuencia únicamente de sanciones legítimas, o que sean inherentes o incidentales a éstas.

La tortura constituye, pues, un ataque que no merece una protección relativa sino absoluta. La prohibición de la tortura no permite ninguna excepción -ni siquiera en el caso de una emergencia pública que amenace la existencia de la nación- y excluye su conciliación con otros intereses legales, como las necesidades de seguridad de los Estados. No obstante, debido a la tentación totalitaria a la pretensión de poder de todo Estado, esta prohibición aparece para el Estado individual como una imposición al proporcionar una norma para la acción estatal que está fuera del alcance del Estado.

Por tanto, no es de extrañar que, en los últimos tiempos, un número creciente de juristas haya tratado de evitar esta limitación del poder del Estado, criticando y difamando la prohibición absoluta de la tortura, considerándola como algo injustificado y como si fuera una aberración jurídica. El profesor de derecho de Harvard, Alan Dershowitz, critica la “voluntad petulante y autocomplaciente de condenar públicamente la tortura”. Según esta autor, ya que la tortura está ahora muy extendida y resulta imprescindible en situaciones de extrema amenaza para la seguridad, su práctica debe ser regulada legalmente. Más claro, el Estado debe tener la posibilidad, en materia de seguridad de permitir que los derechos humanos pasen a un segundo plano, si con ello se pueden salvar vidas humanas. Admitir tales planteamientos no es difícil siempre que se construyan situaciones hipotéticas adecuadas -los llamados “escenarios de bombas de relojería– con las que se pueden poner en entredicho las cuestiones morales y jurídicas. La llamada Ticking Bomb Scenario Theory (en español, «Teoría del Escenario de la Bomba de Relojería») es una formulación que visa, por medio de la tortura de sospechosos de integrar planes de ataques terroristas, la obtención por el Estado de informaciones específicas y esenciales en pro de la resolución de una situación extrema que pone en peligro la vida de un gran número de personas. Se trata, por tanto, de una técnica en carácter de emergencia que objetiva prevenir y/o combatir actos terroristas inminentes, desactivando el «escenario de la bomba de relojería»

Tales escenarios, con su apelación al sentido común moral, pretenden justificar la tortura con el fin de evitar un peligro imaginario. Al mismo tiempo, pretenden acostumbrar a la población a la normalidad de los incumplimientos estatales de las normas a través del miedo mediático que generan.

El Comité Público contra la Tortura en Israel (PCATI) señaló en su informe de abril de 2003 la amplia práctica de la misma en ese país

Dershowitz y otros proponen la introducción de una tortura controlada judicialmente que solo puede aplicarse bajo los criterios más estrictos, por los que, por supuesto, siempre se entienden los que convienen a los propios intereses. Israel tiene una ley de tortura de este tipo, “la única ley de tortura propuesta por una nación democrática, que solo se utiliza por “necesidades de seguridad”. En un análisis crítico de esta ley, Anat Biletzki (2001) identifica como premisa tácita la de “considerar a l pueblo de toda una nación, bajo nuestra ocupación durante más de treinta años, como bombas de relojería andantes”. En consecuencia, la restricción de facto de una “necesidad de seguridad” no constituye una limitación al uso de la tortura. “En casi todos los casos en los que se pidió al tribunal que interviniera y pusiera fin a los tratos inhumanos, y en los que el Estado, es decir, las fuerzas de seguridad, exigieron que continuaran, el tribunal evitó adoptar una postura firme en favor de los derechos humanos, alegando que no eran justificables o permitiendo que las atrocidades continuaran según fuera necesario”. El Comité Público contra la Tortura en Israel (PCATI) señaló en su informe de abril de 2003 la amplia práctica de la tortura en Israel. “El fiscal general concede -al por mayor y sin excepción- la aprobación de la defensa por necesidad por cada caso de tortura”.

A veces, se utilizan eufemismos para ocultar o recubrir el uso de la tortura ante la opinión pública. Veamos cómo lo hacen cuatro democracias ejemplares: Francia, Gran Bretaña, Israel y Estados Unidos.

Francia utilizó varios eufemismos para justificar sus torturas masivas durante la guerra de Argelia: habló de “métodos especiales de interrogatorio” que eran necesarios para obtener “información vital” en la lucha contra el terrorismo de FLN. Solo en la ferme Améziane, uno de los mayores centros de tortura, se estima que el número de víctimas superó los cien mil.

En Irlanda del Norte, Gran Bretaña llamó a sus métodos “interrogatorio profundo”. Durante estos, también conocidos como las cinco técnicas, se colocaban capuchas opacas sobre las cabezas de los hombres  y se les sometía en sus celdas a ruidos similares a los del martillo automático, permaneciendo contra la pared hasta 16 horas seguidas con las piernas abiertas y las manos sobre la cabeza. Además, durante 70 horas no se les permitía dormir.

Israel se refiere a sus métodos de interrogatorio como “presión física moderada” y “presión psicológica no violenta”

En 1978, en el caso de Irlanda contra Gran Bretaña, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos llegó a la conclusión de que las técnicas de interrogatorio utilizadas no constituían tortura individualmente, pero sí, si se combinaban entre sí. Esta concepción modular permite que los Estados no renuncien a la tortura.

Israel se refiere a sus métodos de interrogatorio como “presión física moderada” y “presión psicológica no violenta”. La organización de derechos civiles BTselem (2000) afirma que el servicio secreto israelí (General Security Service, GSS) utilizó métodos comparables a los usados por los británicos en 1971, es decir, privación de sueño, imposición de sufrimiento físico y aislamiento sensorial. Pero el GSS los utilizó durante periodos mucho más largos, por lo que el dolor y el sufrimiento fueron sustancialmente mayores. Además, el GSS utilizó la violencia directa. Según BTselem el 85% de los prisioneros siguen siendo torturados. Según las estimaciones del Comité Público contra la Tortura en Israel (PCATI) más de 23.000 palestinos fueron torturados solo entre 1987 y 1994, incluidos cientos de niños. Los métodos que aún siguen practicando hoy incluyen los simulacros de tortura o el abuso real de los familiares en la celda vecina del preso.

Israel al legalizar la tortura en “circunstancias excepcionales”, la más alta instancia jurisdiccional de Israel contradice la Convención de la ONU contra la Tortura, ratificada por Israel en 1991.

Desde 2002, Estados Unidos habla de técnicas de interrogatorio mejoradas o creativas. El infame Bybee-Gonzales de 2002 marca un esfuerzo por encubrir el uso de la tortura con eufemismos. En un informa del Suddeutsche Zeitung (14 de julio de 2005) cita que en Guantánamo entre los métodos creativos, se desnudaba a los prisioneros musulmanes en presencia de mujeres soldados, se les hacía llevar ropa interior femenina y realizar trucos como si fueran perros.

Según el Frankfurter Allgemeine Sonntagszeitung del 19 de agosto de 2007: “Comienza con un ataque general masivo a los sentidos: música atronadora, ladridos de perros, luces estroboscópicas. A esto se suman las torturantes posturas rígidas -en las instrucciones de Guantánamo hasta cuatro horas-. Luego, el preso es humillado psicológicamente, se le interroga desnudo, tiene que posar en ropa interior femenina, es insultado por vigilantes femeninas o forzado a masturbarse. Otra técnica muy popular consiste en que los creyentes estrictos vean profanadas sus sagradas escrituras. Estos métodos son, como escribe el FAS (Federación de Científicos Americanos), parte de un elaborado programa de tortura mental que los psicólogos del ejército estadounidense y de la CIA llevan desarrollando desde 2002 para ablandar a los sospechosos de terrorismo. Según el Plan de Gestión del Comportamiento de Guantánamo, estos métodos se utilizaron de manera principal para reforzar y utilizar la desorientación y la desorganización del nuevo detenido.

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