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Instrucciones para ser una buena monja en el siglo XVIII

A lo largo de la Historia, el modo de vida de las monjas ha sido caracterizado como un ejemplo, un modelo moral y perfecto a seguir. Sin embargo, la realidad del día a día en el interior de la clausura podía diferir de esta idealización. Las comunidades de monjas estaban formadas por mujeres muy diversas, con diferencias económicas, sociales, mentales y culturales. Y esto, para bien y para mal, tenía consecuencias en la convivencia.

Entre los siglos XVI y XVIII este modelo de perfección femenina fue transmitido a través de literatura, sermones, devociones, etc., y tuvo efectos tanto dentro como fuera de los claustros. Se influía así en el comportamiento de las monjas y en la imagen que se tenía de ellas.

Independientemente de los variados motivos que llevasen a las mujeres a tomar el hábito, la realidad es que los modos de vida en los conventos fueron diversos. Los hubo aislados de la vida del siglo y otros que llegaron a tener una importante influencia política.

En este contexto, en el que la práctica difería tanto de la norma, es común encontrar libros de la época con finalidad didáctica. Estas obras buscaban instruir y corregir las faltas más comunes en el interior de los claustros por lo que, a través de esas infracciones, es posible conocer mucho mejor la verdadera forma en la que vivían las monjas.

El siglo XVIII y las obras didácticas

Al hablar de la época moderna, normalmente nos referimos a los siglos XVI, XVII y XVIII. Sin embargo, dentro de esta etapa es posible plantear una subdivisión y separar el siglo XVIII de sus predecesores.

El XVIII, conocido como el Siglo de las Luces, supuso novedades socioculturales importantes, ya que la Ilustración conllevó cambios económicos, políticos y sociales, así como avances científicos. Esto también tuvo consecuencias en la vida de las mujeres de a pie, pues una mayor apertura del país invitaba a la llegada de modas, otras formas de ocio y una mayor presencia pública femenina.

El método práctico… para la instrucción de religiosasBiblioteca Nacional de España

Desde el punto de vista de algunos religiosos, estas novedades empeoraron la vida de los laicos, llegando a hablar de una mayor relajación de la moral católica y de desorden. Además, temían que los ecos de estos nuevos modos de vida pudiesen llegar al interior de los conventos femeninos. Así, obras como La religiosa instruida, del franciscano Antonio Arbiol, y El método práctico… para la instrucción de religiosas, del jesuita Pedro de Calatayud, ambas de principios del siglo XVIII, buscaban corregir esas faltas que pudiesen haber entrado en los conventos femeninos. También invitaban a los laicos que pudiesen leerlos a comportarse de acuerdo con los principios y la moral católica.

El contenido

Los temas tratados por ambos autores son muy similares. Ambos critican la suavidad con la que se trataba a las novicias, sin enseñarles las dificultades de la vida religiosa. Se preocupan por la violación del voto de pobreza ante los beneficios de la venta de dulces o el abuso contra la castidad, tanto de pensamiento como de acto. Insisten en la importancia de la obediencia a la priora y los confesores y rechazan la ruptura de la clausura, aunque esta fuese por la entrada de seglares en el convento y no por la salida de monjas.

La oración, de Antonio Muñoz Degraín. Museo del Prado

También es necesario entender estas faltas en su contexto. Muchos conventos eran pobres y dependían de limosnas o de vender dulces para subsistir. La desobediencia estaba justificada en casos puntuales, por ejemplo, cuando los mandatos iban contra las reglas.

La castidad era uno de los puntos fundamentales de la vida religiosa y de su guarda dependía la honra, tanto individual como del convento, y podía considerarse que era violada por cambios en el vestido. Por su parte, la clausura podía romperse con la entrada de laicos a celebrar fiestas o comedias en honor a diferentes santos. Es decir, es el abuso en todas estas situaciones el que se critica y se pretende corregir, ya que muchas veces este tipo de prácticas estaban justificadas y contaban con los permisos necesarios.

Implicaciones

Lo que este tipo de obras educativas pretendían y buscaban era que el modelo de perfección religiosa que se trasmitía a la sociedad sobre la vida de las monjas fuese una realidad. Esto garantizaría que las monjas obedeciesen y se sometiesen a sus superiores masculinos.

Sin embargo, estas obras también señalan los problemas para hacer este dominio efectivo. Especialmente Pedro de Calatayud insiste en las dificultades que se dieron en la época para garantizar la presencia masculina en los conventos. La falta de religiosos dificultaba este control directo y suponía grietas en la dominación masculina.

Además, el hecho de que existiesen problemas que corregir dentro de los conventos permite plantear que los modelos de perfección que se transmitían diferían de la realidad. Se daban así diferencias entre lo reglado y la práctica diaria.

También es importante tener en cuenta que ambos autores son diferentes y les interesan cuestiones diversas, poniendo más o menos énfasis en aquello que más les preocupaba. Igualmente, hay que valorar que tanto Arbiol como Calatayud pertenecían a dos órdenes religiosas diferentes, el primero franciscano y el segundo jesuita, por lo que su formación y sus respuestas a las infracciones también lo eran.

En definitiva, el estudio de este tipo de obras permite conocer mejor las dificultades que existieron para garantizar la dominación masculina sobre las comunidades femeninas, y esto derivaba en prácticas acordes a la vida diaria del claustro, a las cuales podemos acercarnos a través de los propios intentos por corregirlas.

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