«Imponer la sharía o la Biblia es incompatible con la democracia»

Bhatti es el único cristiano del Gobierno paquistaní. Ha sucedido a su hermano Shahbaz, asesinado en marzo por «yihadistas» tras oponerse a la imposición de leyes musulmanas

ENTREVISTA

Paul Bhatti Ministro de Minorías de Pakistán

Los cristianos representan aproximadamente un 2 por ciento de los 190 millones de paquistaníes frente a un 95 por ciento de musulmanes. Paul Bhatti, de 52 años, es consejero del primer ministro para la Armonía Nacional, lo que en la práctica puede traducirse como ministro de Minorías de esta República Islámica. Bhatti ha sucedido a su hermano Shahbaz, ferviente católico, asesinado el pasado 2 de marzo tras anunciar en una entrevista que su vida corría peligro ante los talibanes y Al Qaida.

—¿Siente que arriesga su vida al mismo nivel que su hermano?

—Normalmente todos los cargos públicos arriesgan sus vidas en Pakistán, pero en mi caso quizás un poco más por el hecho de que mi hermano haya sido asesinado por sus ideas.

—¿Es compatible «sharía» (ley musulmana) y democracia?

—Creo que no porque allá donde se imponga una ley religiosa no podrá haber democracia. Desde el momento en que se imponga la «sharía» creo que no es posible la democracia ni siquiera para los propios musulmanes, porque algunos son practicantes y otros no, al igual que los católicos. Yo soy católico, pero no tengo porqué aceptar todos los preceptos del catolicismo. Si imponemos la Biblia como ley lo estamos haciendo incluso a aquellos que no reconocen toda la Biblia y eso tampoco es democrático.

—¿La vida en Afganistán, su vecino, será mejor sin la tutela y la presencia de fuerzas extranjeras?

—Es complicado. Al quedarse un tiempo prolongado en un país EE.UU. o la ONU crean un clima y unas determinadas relaciones con la población local. Cuando se marchan todo vuelve a cambiar y crece la inestabilidad. Pero no me cabe duda de que cada país debe tener su independencia y es mejor que se vayan.

—La violencia interreligiosa ha vuelto a Nigeria ¿Cómo hallar soluciones a este tipo de ataques?

—Lo que ocurre ahora no es únicamente discriminación entre cristianos y musulmanes sino algo a lo que debemos llamar terrorismo en el nombre de la religión. Mucha gente crea problemas incluso a los propios musulmanes. En Pakistán estamos intentando ver si hay realmente casos de odio entre musulmanes y cristianos o si son personas interesadas las que lo están generando.

—¿Ve similitudes en la forma en que Bin Laden murió en Pakistán y cómo murió Gadafi en Libia?

—Hay personas que a lo largo de su vida, en el buen o mal sentido, se convierten en personajes extraordinarios y hay gente que los idealiza y cuando desaparecen se sienten heridos. Esto ocurre cuando caen las dictaduras. La diferencia con Osama es que Gadafi no tenía que esconderse y controlaba una determinada población que recibía sus favores, le adoraban y a su muerte pierden un líder. Esto pasa a menudo, incluso en Pakistán. Cuando cayó la dictadura militar, hubo gente que dijo que antes vivía mejor. La democracia es así y así es el camino para alcanzarla.

—¿Cómo ve el diálogo Washington-Islamabad?

—La mayoría de los paquistaníes odian a Estados Unidos, aunque yo no lo entiendo. De alguna manera esto se ha incrementado tras la muerte de Bin Laden. La gente los ve como una superpotencia. Además, intervinienen principalmente en su propio interés no en interés de Pakistán. Washington entiende que hay muchos terroristas que provienen de esta región y tienen que destruir este santuario terrorista. Puede que se sintieran en la obligación de matar a Bin Laden tras el ataque a las Torres Gemelas. Una vez que han hecho esto, hay personas que no lo ven bien porque EE.UU. tras actuar de esta manera se irá de Pakistán, ya no están más interesados en este país visto como un lugar que vive una crisis crónica.

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