El reto del laicismo

Los últimos funerales de Estado, saltándose a la torera la Constitución vigente, han vuelto a poner el dedo en la llaga. El nuevo Gobierno socialista habrá de tener esto muy en cuenta.

 La Iglesia católica –parte de la historia de España– no debe tener ya privilegio ninguno.

Que cada cual practique con bien la religión que quiera o que sea ateo o agnóstico. En púlpitos varios cada sacerdote y cada confesión predicará su doctrina. El Estado debe mantenerse aparte. La unión Iglesia-Estado es uno de los signos más arcaicos de la derecha española, que incluye también a Pujol y a sus herederos y otras fuerzas nacionalistas. Y no lo olvidemos, uno de los grandes fallos de Aznar es no haber sabido (o querido) crear esa derecha moderna que tanto vendió en 1996. Mala cosa.

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