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El periodista Martínez Soler saca a la luz “los tocamientos y abusos” sufridos en un colegio religioso de Almería en su niñez

Revela en una columna titulada “Un secreto a voces en La Salle” el trauma guardado desde hace más de 60 años.

José Antonio Martínez Soler es todo un símbolo del periodismo español. Fue director del semanario ‘Doblón’ durante la Transición española, director fundador de los diarios ‘El Sol’ y ‘La Gaceta de los Negocios’, redactor jefe del diario El País, del semanario ‘Cambio 16’ y director general del periódico ’20 minutos’.

De 1980 a 1990, destacó como presentador y entrevistador de personajes políticos relevantes de la historia contemporánea española en RTVE. Obtuvo el Premio Medalla de Andalucía en 1986.

Este miércoles ha revelado en una columna en el diario de su tierra, ‘La Voz de Almería’“ lo que él denomina -y así titula en el artículo- como “Un secreto a voces en La Salle” y que solo tres amigos compartían. Este secreto ha sido guardado desde hace más de 60 años. Un paso valiente para denunciar hechos de pederastia en un sector de la Iglesia Católica. Martínez Soler sigue así en la línea con lo que actualmente está saliendo a la luz. Una denuncia que además ha compartido en Facebook y en ’20 Minutos’ y que puede servir de ayuda para esclarecer acciones vergonzosas y vergonzantes que necesitan ser reveladas 

Bajo el título Un secreto a voces en La Salle”, el periodista denuncia  lo siguiente: “Sufrí los tocamientos y abusos una vez en el Colegio La Salle de Almería, cuando yo era preadolescente, me dejaron una huella traumática escondida”. 

Martínez Soler deja caer que no fue él solo el objetivo de estas prácticas: “A veces, para tratar que quitarle hierro al asunto, nos hemos reído al comentarlo entre estos amigos de clase que sufrieron la misma o parecida suerte”.

Por el interés del testimonio insertamos parte del artículo en el que se refiere a estos siniestros hechos acontecidos durante su infancia en el Colegio La Salle de Almería en el que José Antonio Martínez soler estudiaba:

El abuso sexual era algo feo que formaba parte de los secretos más íntimos de aquel mundo siniestro. A veces, aterrador.

El poderoso abusaba del débil. El mayor, del menor. Lo veíamos, no sin dolor, como algo casi inevitable. A nadie se le hubiera ocurrido entonces denunciar tales delitos a la policía, ni siquiera decirlo a sus padres. Guardé el secreto con tal fuerza y de tal forma, hasta para mí, que procuré olvidarlo completamente. Comparado con lo que sospechábamos que pasaba con algunos alumnos internos, sin pruebas fehacientes, lo mío carecía de importancia.

Lo peor de todo fue la decepción que me causó aquel fraile, que presumía de ser más amigo que profesor, cuando “se pasó de la raya”. Esa era la expresión de moda entre los niños para identificar a los pederastas con sotana. Ocurrió en el despacho del hermano prefecto cuando éste estaba de viaje y el hermano José ocupó provisionalmente su puesto. Me llamó al despacho, que tanto miedo nos causaba, para explicarme algo que ya no recuerdo y me sentó en sus rodillas.

Tenía ocho o nueve años y llevaba poco tiempo en el Colegio. Yo confiaba en él. Conmigo se mostraba simpático y generoso. Me daba caramelos y vales de buen comportamiento para mejorar mis notas o aliviar los castigos. En un momento, pasó de acariciarme el cuello y la cara a mis muslos. Yo vestía pantalón corto. Enrojecí de vergüenza y de impotencia. Me quedé paralizado. Él apestaba a sudor seco. Su respiración se aceleraba. No pude o no supe reaccionar hasta que me abrazó e intentó acariciarme el pito. O sea, hacerme una paja. Llegó a tocarlo. Aturdido, salté de sus rodillas, a punto estuve de caerme rodando por el suelo, y salí corriendo, espantado, de aquel despacho/mazmorra.

Tardé mucho tiempo en volver a cruzarme con él o a mirarle a la cara. Por supuesto, dejó de darme regaliz, bolas dulces y vales. Me daba miedo. Al año siguiente, fue trasladado a otro colegio, lejos de Almería. Entre los niños, el comportamiento de aquel fraile pederasta, y de otros con tendencias depravadas parecidas, era un secreto a voces. Sin especificar, decíamos: “Cuidado con éste o con aquél; ya sabes”.

Razones para revelarlo ahora

El ex director general de ’20 Minutos’ y Medalla de Andalucía en 1986, reflexiona al final de su extenso artículo sobre la pederastia en la Iglesia y explica las razones para que, después de tantos años de silencio, se haya decidido ahora a develar su traumática experiencia.

“…En las últimas semanas, han alzado su voz varios adultos valientes que, cuando eran niños, sufrieron violaciones y otros abusos sexuales por parte de frailes y curas católicos. Quizás, por eso, y por el informe que ‘El País’ entregó al Papa Francisco con más de doscientos casos de pederastia en la Iglesia Católica en España, la Fiscalía ha tomado ya cartas en el asunto y todos los partidos políticos, excepto VOX y PP, se han mostrado partidarios de formar una Comisión de Investigación sobre estos delitos que podría ser dirigida por el Defensor del Pueblo. Ya era hora. Esta nueva atmósfera de esperanza en la lucha por la Justicia y contra el encubrimiento culpable de la jerarquía católica, me anima también a mí a contar ahora aquella triste experiencia.
He superado en mi vida tres mudanzas transatlánticas, saltos de 6.000 kilómetros, con toda la familia a cuestas. Ninguna de ellas me causó tanto trauma como la que me llevó del Colegio Montessori al Colegio La Salle cuando estaba a punto de cumplir los ocho años. El primer día que pisé aquel edificio enorme, que fue cárcel, quise salir corriendo hacia mi barrio y al regazo del Montessori…”

Y finaliza con esta reflexión:

“…Mi reciente jubilación, con la casa pagada y mis hijos criados, ha quebrado mi carrera triunfal hacia al doctorado en el arte de la diplomacia. Ya puedo decir y escribir casi todo lo que me dé la gana. Como si fuera libre. Eso hago, por ejemplo, ahora. De los frailes no pederastas recibí una excelente educación y, por ello, les debo gratitud. De las manzanas podridas (“ya sabes”) huíamos como del diablo. Aquello era un secreto a voces. Ojalá, por fin, los culpables paguen penalmente por sus delitos y así se haga justicia con las víctimas”.

Secuestrado y torturado por la extrema derecha en 1976

Una prueba más de la valentía de este mítico periodista que sufrió un secuestro por ejercer la profesión y defender los principios democráticos. El 2 de marzo de 1976, durante la etapa de Martínez Soler al frente del semanario Doblón, sufrió un secuestro en el que fue torturado y sometido a una ejecución simulada para obtener de él información sobre dos generales y algunos jefes prodemocráticos de la Guardia Civil. Martínez Soler había publicado un artículo que cortó en seco una purga en la Guardia Civil a pocos meses de la muerte de Franco. Ningún general franquista pudo, a partir de entonces, controlar completamente a los altos mandos de la Guardia Civil durante la transición de la dictadura a la democracia.

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