El Observatorio de la Laicidad denuncia la presencia de símbolos religiosos en la toma de posesión del Gobierno

Una vez más los nuevos ministros promente ante una biblia y un crucifijo

 
EL OBSERVATORIO DE LA LAICIDAD DENUNCIA LA PRESENCIA DE SÍMBOLOS RELIGIOSOS EN LA TOMA DE POSESIÓN DEL GOBIERNO
 

Una vez más los símbolos religiosos, un crucifijo y una biblia, están presentes en un acto cívico y público, como es la toma de posesión del gobierno.

Una presencia que rompe la neutralidad del Estado y su aconfesionalidad, así como la libertad de conciencia de los individuos. Se trata de un acto donde los cargos públicos se comprometen con la ciudadanía en el cumplimiento fiel de su responsabilidad. No se trata de un acto religioso ni un compromiso con sus creencias particulares.

Así lo manifestó el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en 1999 en contra de San Marino. Según este mismo Tribunal supone una ruptura del juego democrático, ya que los servidores públicos están al servicio de toda la sociedad en su conjunto, y la presencia de estos símbolos suponen una limitación y una confusión, como si de un acto o ceremonia religiosa se tratase.

La presencia en los actos de toma de posesión de símbolos religiosos (como, por ejemplo, un crucifijo o un texto religioso) puede herir la sensibilidad y lesionar la libertad de conciencia del servidor público y supone una clara vulneración del principio de laicidad del Estado, con independencia del carácter cultural o histórico que el Estado o el servidor público concedan a dicha simbología (Buscarini y otros contra San Marino, 1999).

Por otra parte la presencia de estos símbolos en un acto de Estado, supone una confusión del Estado, que somos el conjunto de la ciudadanía, con una confesión religiosa particular, algo que el propio Tribunal Constitucional ha valorado como inadecuado. Sin que puedan servir las consideraciones de tradición y costumbre, cuando se vulneran principios básicos de un Estado democrático, que no puede mantener estas prácticas propias de un Estado confesional como era el nacional catolicismo de la Dictadura. Tampoco cabe justificarlo con el deseo del Jefe del Estado, pues el mandato constitucional obliga a la igualdad de todos ante la Ley, el Jefe del Estado, que lo es de todos, debía ser el primero en acatar la Constitución, y no imponer una simbología que puede asumir personalmente, pero no como representante de toda la ciudadanía.

Exigimos la eliminación de toda simbología religiosa en las tomas de posesión de cualquier cargo público para dar cumplimiento al mandato de aconfesionalidad del Estado que establce el artículo 16 de la Constitución.

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