El humor racional como forma de protesta contra el fanatismo

El humor y la risa son manifestaciones humanas que se hallan en todas las culturas desde hace milenios. Poesía, teatro, textos sagrados, entre otros, dan prueba de que el hombre se ha valido de ellas para múltiples temas, aunque son escasos los registros con estudios propiamente dichos sobre lo que verdaderamente motiva este atrapante fenómeno.

En las Taciturnitas, capítulo de las reglas monásticas del siglo V se decía “La forma más terrible y obscena de romper el silencio es la risa, si el silencio es virtud existencial y fundamental de la vida monástica, la risa es gravísima violación”.

Benito de Nursia, un religioso cristiano considerado el iniciador de la vida monástica en Occidente, decía que la risa era sinónimo de irreverencia, de falta de humildad y contrapuesta a todo acto de caridad cristiana.

En el Siglo VI, en la Regula Magistri, en el capítulo en donde se hace referencia al cuerpo humano se dice: “Cuando la risa está por estallar hay que prevenir, sea como sea, que se exprese. O sea que, entre todas las formas malignas de expresión, la risa es la peor.”

Una de las principales críticas que se hace en referencia al humor es el tono burlón que se emplea sobre lo que para algunos es sagrado y con el sólo propósito de provocar risa, sin ocuparse de decir lo correcto y evitar el sufrimiento a sus víctimas. Por su parte aquellos que se fastidian con el humor pueden adoptar posturas intransigentes y hasta salvajes. En tal sentido Aristóteles hacía una apreciación al respecto identificando un aspecto despreciativo y otro útil sobre el humor y la risa, atendiendo el valor que éstos tienen en la oratoria conquistando y provocando pasiones.

Sara con sus 90 años, quizás fue la primer mujer humorista en la historia del cristianismo según relata la biblia, cuando habiendo cesado ya la costumbre de las mujeres, le fue encomendado el deleite para concebir un hijo de Abraham. Y ante esta situación ella se rió. Dios la increpó por ello porque la risa subvierte el orden establecido, y ella por miedo lo negó.

Las religiones han sido protagonistas de una larga historia de conflictos cometiendo toda clase de delitos en contra de la humanidad. Ahora bien, religiones como el judaísmo, el cristianismo y el islam, consideran la sonrisa como un acto de caridad, de culto en sí mismo, pero especialmente el islam refiere a la risa en un sentido más elevado del humano considerándola como una especie de ofrenda, tal y como se menciona en un hadith: «sonreír al rostro de tu amigo es caridad (sadaqa)» inspirados en Mahoma y en lo que resultaría una fuerte característica suya como su sonrisa y su buen humor. Pero claramente sus seguidores no reflejan esta misma alegría y les gusta pasarla “bomba” sólo cuando el chiste es de su autoría.

La revista Charlie Hebdo había sido amenazada en reiteradas ocasiones por sus publicaciones satíricas en contra de movimientos islamistas y fue el 7 de enero del presente año cuando nos convertimos en testigos de un devastador acto de fanatismo que atentó brutalmente contra valores fundamentales de la humanidad como la libertad de expresión, la libertad de conciencia, los derechos humanos y ciudadanos.

Este repudiable hecho claramente demanda de nosotros una posición firme exigiendo la defensa y garantías necesarias en pos del librepensamiento y los derechos individuales, la libertad de expresión y de prensa.

Pero también debemos llamarnos a la reflexión individual para analizar hasta dónde nuestra apatía, pasividad y desinteligencia no alimenta la verdad de unos pocos basadas en la fe, por encima de la razón, provocando desequilibrios e injusticias en la sociedad y la convivencia.

“Amar a dios” –cualquiera sea él- ha sido un mensaje contundente y barroquizado hasta niveles insostenibles, y parece ser el núcleo del que emana toda justificación de aquello que se hace en su nombre.

Gracias a las religiones hoy mueren personas por negarse a una transfusión de sangre o por negarse a la vacunación, se prolonga el sufrimiento de una enfermedad terminal por negarse a la eutanasia, se enriquecen líderes e instituciones religiosas cuando hay necesidades sociales insatisfechas, se fomenta la homofobia, se desprecia a la ciencia y se mata a todo aquel que piense diferente.

Se ven a los dioses en las figuras y no en los necesitados, y por eso todos los años en algún caso se mata y resucita al mismo hombre para sentir que sus pecados son purgados. Se promulgan bienaventuranzas a los pobres y tras el enunciado abandonan el recinto sagrado conduciendo autos de lujo, y muchos son más felices cuando compran que cuando comulgan.

Podría hasta considerarse hipócrita el hecho de que pueda reírse de chistes de negros, homosexuales, gordos, etc., pero no poder hacerlo sobre las divinidades.

¿Existe una forma no violenta de combatir esto? ¿No es acaso el humor una forma pacífica para combatir el fanatismo?

¿Podemos decir con certeza que el humor y respeto son incompatibles? Se insiste con frecuencia en que el humor debe expresarse sin sobrepasarse y sin ir más allá de los límites de la verdad. ¿Y cuál es la verdad?

Cuestionar las creencias religiosas no es faltar el respeto, faltar el respeto es imponer creencias religiosas como únicas e incuestionables, y a partir de las cuales juzgar y condenar a todo aquel que piensa diferente.

Existe la necesidad de creer en algo y el conformismo que ello representa frente a un ateo al decirle “al menos creo en algo” como si no creer fuera condenable, y mientras el método científico extrae conclusiones a partir de los hechos, las religiones pretenden encontrar hechos que respalden las conclusiones.

El humor se construye a partir de una mirada atrevida, cuestionadora, ingeniosa, y en tal sentido resultaría entendible la falta de comprensión por parte de aquellos que se enardecen con sus irresolutas y aparentes certezas que sólo tienen sustento en los reinos de la imaginación.

En la actualidad, existe lo que podría entenderse casi como un experimento social en materia de religión y son las llamadas iglesias satíricas, trolls, fakes, cuyo objetivo fundamental es valerse de algunos dogmas para poner a prueba el extremismo religioso y la intolerancia, y crear a partir de ellos, humor.

Quienes hemos tenido la oportunidad (y el tiempo) de ser partícipes de este tipo de proyectos, apreciamos de cerca la forma en que los excesos de religión reciclan a las personas, dotándolas de falsa humildad y neutralizando toda capacidad de discernimiento frente a la realidad que los rodea.

En tal sentido, comparto con ustedes lo que en mi experiencia ha sido un ejemplo ilustrativo de esto. Hemos dicho que “Dios odia a los gatos” y bastaron un par de citas bíblicas que lo justifiquen –de forma irónica- para despertar la duda y la ira aún de los más creyentes que tienen gatos. Ahora bien, también hemos dicho que “Dios odia a los homosexuales”, y el silencio cómplice resulta tan miserable como las voces de aquellos que se hacen eco de este enunciado, olvidando que si como dicen dios es amor estarán más cerca de él los homosexuales que se aman que los heterosexuales que los critican.

La risa es subversiva, develadora, estimulante para la mente, y ofrece siempre un ángulo distinto para apreciar la esencia de los objetos y los hechos, y si se toma como un ejercicio serio es una profunda invitación a la reflexión.

Tal vez por esta razón en todos los tiempos la risa ha sido de alguna manera prohibida, controlada, disciplinada y limitada por propiciar cierto poder para sentirse menos débil, poner a pruebas las pasiones, purificar nuestros conocimientos y hasta oficiar de una potente medicina para vencer nuestros más arraigados prejuicios y miedos.

No se pretende que nadie abandone una religión, solo que se entienda, acepte y respete que hay quienes no la necesitan, y hasta pueden ser partidarios de la separación entre la religión y el planeta Tierra, postura tan respetable como la de quien elige libremente abrazarse a alguna creencia.

Eso sí, no perdamos de vista que las religiones le temen al humor, porque la risa ahuyenta los miedos y una persona libre de miedos no necesita religión.

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