El Arzobispado dice que los cambios en Religión son una «buena noticia para todos»

El sindicato ANPE, docentes y padres recuerdan que dejarla fuera del horario obligatorio en Bachillerato «era ilegal» Suatea critica que «una vez más, cuando la Iglesia presiona, el Gobierno cede»

De alguna manera, la mayor parte de las voces consultadas coinciden en que otorgar a la asignatura de Religión carácter obligatorio en los dos cursos del Bachillerato era una rectificación anunciada, que el mandato de la legalidad acabaría obligando a la Consejería de Educación a cambiar los términos de su primer borrador de decreto de ordenación y curriculo del Bachillerato en Asturias. El consejero había plasmado en él que la materia, en permanente conflicto político, quedaría excluida del horario lectivo obligatorio, y penalizaba a los alumnos que aún así la escogieran a tener dos horas más de clase a la semana: es decir, 32 en lugar de 30.
 
Esa propuesta, con la que el Principado se unía a las de Cataluña y Baleares -que también se habían visto obligadas a rectificar con anterioridad-, no coincide en casi nada con la que el Gobierno asturiano acaba de enviar al Consejo Consultivo, un texto de decreto que recoge que la materia de Religión recupera su carácter obligatorio y nadie sufre por ello incremento de horario.
 
La sociedad pluralista
La noticia, confirmada el sábado por el propio consejero de Educación, ha generado moderado optimismo entre quienes combatieron el primer borrador y duras críticas de quienes defienden el carácter laico del Estado, pero solamente el sindicato educativo Suatea se atrevió a ser beligerante. Los profesores de Religión y el Foro por la Familia esperan a conocer el texto del decreto para celebrar el triunfo de sus tesis y el Arzobispado evita el regodeo en lo que todos consideran una victoria del arzobispo Carlos Osoro. Un portavoz de la Iglesia asturiana se limitó a afirmar ayer que «es una buena noticia para nuestra sociedad pluralista y para los padres que quieren una formación religiosa para sus hijos, que el Gobierno del Principado garantice un derecho que ampara la Constitución y los acuerdos Iglesia-Estado».
 
A ese carácter legal se refieren precisamente los profesores de Religión, los padres de Foro por la Familia y el sindicato ANPE. «Tuvieron que echarse para atrás por la legalidad vigente, porque el compromiso contraído entre España y la Santa Sede en 1979 recogía expresamente que la asignatura de Religión debía ser obligatoria. Pero es que, además, es que la LOE (Ley Orgánica de Educación) también lo recoge, por eso nunca entendimos que el consejero se metiera en ese berenjenal. Se veía que esto iba a tener que resolverse como se resolvió, con un arreglo institucional, porque era un incumplimiento flagrante de la ley», afirma Raúl de Lera.
 
Sin sorpresas
El «arreglo institucional» al que se refiere el portavoz de ANPE es la reunión que mantuvieron el presidente del Principado y el arzobispo de Oviedo una vez que Carlos Osoro anunció que llevaría a los tribunales la decisión política. La misma reunión que, a decir de Jesús de la Roza, fue la que determinó todo. «Cuando salieron los dos tan contentos del encuentro, ya supimos que la Religión había caído, por eso en realidad la nueva redacción del decreto no es ninguna sorpresa. Y es que, una vez más, ante cualquier tipo de presión de la Iglesia, el Gobierno vuelve a ceder. Lo de la sociedad laica se queda solo para las declaraciones», afirmó el portavoz de Suatea.
 
Las únicas voces conformes en su totalidad con el nuevo texto de Educación era las de los padres de Foro por la Familia, que valoraron a través de José Luis Portos «positivamente» el cambio del decreto, si bien coincidiendo en que «no cabía hacer otra cosa que lo que se está haciendo, porque era una ilegalidad clamorosa». No obstante, también se muestran «cautos» ante los pormenores del decreto, la misma posición que mantiene Miguel Ángel Fernández desde la Plataforma Asturiana de Religión en la Escuela. «Se nos plantean dudas sobre la sétima hora y no conocemos el detalle del decreto. Por eso estamos contentos, pero cautos».
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