Caída de la cruz

Los laicos españoles se han organizado para pedir que los símbolos religiosos salgan de los espacios públicos y los jueces están avalando sus demandas.

Un profesor de Religión del “Instituto de Enseñanza Secundaria Nuestra Señora de La Almudena”, en Madrid, decidió en 1992 colgar un crucifijo en la Sala de Profesores de esa escuela. Al profesor de Filosofía, Luis María Cifuentes, no le gustó la decisión, pero tampco dijo nada.

Diez años después, en un viaje por Alemania, Cifuentes visitó la casa natal de Carlos Marx, en Tréveris, y compró como recuerdo un póster del gran ideólogo socialista.

Al volver a Madrid decidió tomarse la revancha y colgó el cartel del filósofo alemán junto al crucifijo. Entonces fue el profesor de Religión quien tuvo que aguantar la nueva ocurrencia de su colega.

Desde entonces, los dos símbolos —el crucifijo y el póster de Carlos Marx, coexisten en el Salón de Profesores, pero, para volver a inclinar la balanza, una profesora de Religión colocó en la estancia otro crucifijo y una imagen del Corazón de Jesús.

Este ejemplo puede dar una idea de lo difícil que será en España el avance hacia la laicidad de las instituciones, no obstante la presión para que las cruces y las imágenes religiosas sean retiradas de los espacios públicos.

Pero ya son varias las regiones que se han sumado a la laicidad, entre ellas Zaragoza, Toledo, Valencia y Granada, donde una lucha silenciosa y tenaz de los ciudadanos ha conseguido la retirada de los crucifijos en juzgados, hospitales, escuelas, ayuntamientos y tanatorios. Todo ello basado en la aconfesionalidad expresada en la Constitución española.

El portavoz de “Jueces para la Democracia”, ha expresado: “Cada uno de nosotros podrá tener sus creencias religiosas, incluso muy arraigadas, pero esas son cosas privadas. Como jueces, debemos aplicar la ley, y las leyes españolas son claras: estamos en un Estado aconfesional, con todo lo que eso implica”.

La encuesta

“En España la religión es cosa de mujeres y de personas mayores”, de acuerdo con un informe de la Fundación Bertelsmann sobre valores religiosos.

Según una encuesta realizada por esa prestigiosa institución, una de cada tres mujeres españolas se declaró “muy religiosa” (34%), mientras que en el caso de los hombres, sólo uno de cada cinco (20%) se declaró en la misma categoría.

Pero lo más significativo es que el 70 por ciento de las personas que se dicen “religiosas”, reconoce no hacer caso de los mandatos de la Iglesia en asuntos de política y sexualidad, y sólo seguir las normas y rituales religiosos cuando se trata de acontecimientos familiares como nacimientos, matrimonios y muerte.

El estudio de la Fundación Bertelsmann, fruto de 21 mil encuestas, analiza las grandes tendencias respecto a los sentimientos religiosos de los españoles y los compara con los de otros países europeos y de todo el mundo.

¿Crisis del catolicismo?

El papa Benedicto XVI ha llegado a decir que su Iglesia es en Europa como “una viña devastada por jabalíes”. Sin embargo, el estudio de la Fundación Bertelsmann no indica eso, por lo menos en España, donde la religiosidad sigue muy presente en la sociedad, aunque muchos sólo la perciben de forma inconsciente en su vida cotidiana, “como si fuese una música de fondo”, refiere el estudio.

En España el 36 por ciento de las personas encuestadas cree en la existencia de Dios, y en la vida después de la muerte; para un 27 por ciento hay una mezcla de fe y duda, y el 33 por ciento dice no creer en nada.

Sobre la práctica regular de la oración, se observa una distribución similar al de las creencias. Uno de cada tres españoles dice que ora con regularidad y el 37 por ciento afirma que nunca lo hace.

Sólo 15 por ciento demuestra gran interés por temas religiosos, mientras que 42 por ciento no se interesa por ellos.

El estudio muestra que hay considerables diferencias según las edades. Entre los mayores de 60 años, uno de cada dos es “muy” religioso (49%). Sin embargo, la religiosidad entre menores de 30 años alcanza tan sólo al 11 por ciento, y ello pese a que el 92 por ciento de los jóvenes españoles han sido educados en escuelas y colegios religiosos.

En este grupo está la mayor proporción de personas que ya no pertenecen a comunidad religiosa alguna (el 24%). Entre las personas mayores de 60 años, esta proporción es de apenas 9 por ciento.

En el ejercicio público de la religión, España está dividida en tres partes prácticamente iguales: para 34 por ciento de los encuestados, “ir a la iglesia” de manera regular es algo natural. Otro 34 por ciento se ha distanciado en tal medida de su iglesia que ya no asiste a los servicios religiosos, o lo hace con muy poca frecuencia. Y el otro 32 por ciento ha perdido todo interés en los rituales que involucran a la religión como parte de la sociedad.

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