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Antivacunas

¿Qué mueve a la población de países donde hay una buena formación y educación garantizada hasta niveles relativamente elevados a rechazar las vacunas de la covid?

Muchos factores pueden provocar el rechazo a las vacunas. Este no es mayoritario, pero sí significativo especialmente en algunos países como Francia, Italia y Alemania. Hay preocupación porque tener a una parte de la población sin vacunar impide que la propagación de la covid disminuya o (ojalá) desaparezca.  

¿Qué mueve a la población de países donde hay una buena formación y educación garantizada hasta niveles relativamente elevados a rechazar las vacunas de la covid?  

Si bien es verdad que pudo haber dudas al principio porque el proceso de investigación y desarrollo de esas vacunas ha sido realmente rápido, los datos confirman con claridad que las vacunas son la única manera de acabar con la pesadilla de la covid en un plazo razonable. De hecho, la acumulación de datos en poco tiempo ha sido increíble: tenemos más información que en cualquier estudio clínico anterior. Y estos datos nos dicen que, desde que tenemos las vacunas, en Catalunya, de los más de tres millones de personas vacunadas, solo un 0,03% ha tenido que ser ingresado por síntomas de covid-19, bajando el porcentaje hasta un 0,003% si nos fijamos en los ingresados en la UCI. De hecho, las personas no vacunadas tienen una probabilidad de ingresar en hospital más de 16 veces mayor que las personas vacunadas, y esta se incrementa a 400 veces más cuando se trata de la mortalidad. Así pues, queda claro que son los no vacunados los que han hecho repuntar la infección.  

Vemos pues que la población vacunada se mantiene en un nivel ciertamente elevado de protección, que confirma la eficacia que se había previsto para las nuevas vacunas. Si bien es verdad que la eficacia de las vacunas no es del 100%, esta es mucho mayor que la necesaria para la aprobación de una vacuna al mercado y, de hecho, muy superior a la de las vacunas pautadas en el patrón de vacunación recomendado en nuestro país. 

Además de la cuestión de la eficacia, otro punto criticado de las vacunas es su seguridad. Es conocido que las vacunas pueden generar efectos adversos, pero en la mayoría de los casos, estos efectos son leves y, por supuesto, mucho menos perjudiciales para la salud humana que los que provoca la enfermedad. Cabe remarcar aquí otra vez que la incidencia de estos efectos adversos es marginal, pero se han reportado casos gracias a la enorme cantidad de vacunados en poco más de medio año. Ya sabemos que el riesgo cero no existe, ni para estas vacunas, ni para otros fármacos, ni para cualquier actividad humana.  

Con todos estos datos, nos podemos preguntar cómo es que hay todavía personas que siguen rechazando la vacunación.  

Quienes fundamentan en teorías de la conspiración su posición antivacunas o su rechazo a la gravedad de la covid ignoran a propósito todos estos datos. Ello no debería sorprendernos. Las teorías de la conspiración son aquellas que, por definición, se sostienen contra los datos. Las personas que las sostienen experimentan una falsa sensación de privilegio epistémico que les permite, subjetiva y falsamente, ponerse a sí mismos aparte del resto de la población, a la que miran con condescendencia y superioridad, a la que consideran dócil y manipulada.  

Por suerte, son minoría.  

Aunque tengamos personas que se resisten a vacunarse, no podemos fácilmente convertir las vacunas en obligatorias o coaccionar a los disidentes

De todos modos, queremos recordar que un gran tesoro de Occidente es su avanzada ciencia, pero también que su tradición liberal es un tesoro mayor: la capacidad de tolerar en su interior grupos de disidentes sin que sean perseguidos ni eliminados.  

Por ello, aunque tengamos personas que se resisten a vacunarse, no podemos fácilmente convertir las vacunas en obligatorias o coaccionar a los disidentes. Hacerlo sería traicionar lo mejor de nosotros mismos.  Noticias relacionadas

Pero el respeto a la diversidad de opiniones y la libertad debe ir acompañado de una mayor transparencia y control social de la industria farmacéutica, y de una mejor capacidad divulgativa de la ciencia que muestre con claridad que las vacunas funcionan y nos están ayudando a salir de esta.  

Y también debe incluir una invitación a profundizar nuestra conciencia colectiva y de búsqueda del bien común. ¿Dónde quedan la solidaridad y la conciencia colectiva que nos hacen mirar más allá de los intereses individuales o de mi grupo, para buscar generosamente el bien y la protección de las demás personas?

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