Yeshivá sí, servicio militar no

El Estado en su reciente respuesta al recurso extraordinario que fuera interpuesto por asociaciones de derechos civiles ante el Supremo Tribunal de Justicia, reconoce su fracaso en la implementación de la Ley Tal, destinada a reglamentar la concesión de exenciones del servicio militar a alumnos ortodoxos que estudian en ieshivot. Según las estadísticas presentadas ante el Tribunal de Justicia, la proporción de jóvenes jaredim que solicita posponer su servicio militar alcanza al 14% de la promoción general de candidatos a reclutamiento. Es significativo recordar que la proporción de pedidos de exención del servicio militar era del 2,4% de la promoción del año 1974.
La Ley Tal se originó a resultas de la labor de una comisión estatal presidida por el juez Tal, constituida a efectos de reglamentar la concesión de exenciones de reclutamiento de jóvenes ortodoxos. En el año 2002 se aprobó la Ley, la cual establece un sistema según el cual a los 22 años de edad se abre ante el alumno de la ieshivá un período de decisión de 12 meses durante el cuál el joven debe decidir si continuará sus estudios o saldrá a trabajar. Quién decida ir a trabajar podrá optar por un período reducido de servicio militar de cuatro meses o un lapso de servicio civil voluntario de un año. En el año 2005, tres años después de ser promulgada la Ley, el Estado ya reconoció ante el Tribunal Supremo de Justicia su fracaso en instrumentarla, siendo mínimo el número de jóvenes religiosos que optan por el régimen consagrado por la misma.
Cabe mencionar que ya en aquella época se hacían sentir los fuertes recortes a los subsidios por hijo para las familias numerosas, lo cual afectó particularmente al sector ortodoxo, y a pesar de los apremios económicos no se alteró la pauta de posponer el servicio militar y no salir a trabajar.
La respuesta al interrogante de por qué continuan escabullendose los jaredim del servicio militar hay que buscarla en las caracterísiticas sociológicas y culturales que caracterizan al sector ultra ortodoxo.
Según el sociólogo David Horowitz, el grupo religioso ortodoxo tiene tendencia al aislacionismo social y tiende a desconectarse de los valores estatales e instituciones de Gobierno. Esa tendencia se exterioriza en sus intentos de limitar los puntos de encuentro con la población general. El aislacionismo se evidencia también en «la ghettoización'' que toma la forma de autarquía casi completa en el plano social y cultural. Ello les lleva a limitar el acceso a los productos culturales de la sociedad laica como son los periódicos, la televisión, radio y conexión a internet. Los únicos puntos de contacto con la sociedad general que quedan abiertos se relacionan con servicios que no pueden ser proveidos por la sociedad jaredi como ser los bancarios y de salud.
El establishment renunció, de hecho, a aplicar a ese grupo ortodoxo parte de las obligaciones que corresponden a los ciudadanos israelíes. Ese renunciamiento se hace evidente en una actitud del Estado condescendiente hacia la fuga” de los jaredim de la obligación de prestar servicio militar. Desde el punto de vista de los ortodoxos el servicio militar implica un punto de contacto potencialmente peligroso entre la sociedad general laica y la sociedad cerrada de la comunidad jaredí, un encuentro que pudiere llegar a pervertir” al joven religioso, amenazando su sistema de vida tradicional y que podría llegar a comprometer la autoridad y control del establishment rabínico sobre su conducta.
Cabe destacar que la Ley Tal ofrece al joven jaredí la posibilidad de optar por un lapso reducido de servicio militar a fín de permitirle luego salir al mercado de trabajo en lugar del estudio a tiempo completo en la ieshivá. Lamentablemente, los miembros jóvenes de la comunidad ortodoxa eligen no insertarse en la actividad productiva, agravando así la problemática de escasez de mano de obra suficiente en la economía israelí. También desde el punto de vista estrictamente religioso, la abstención de dedicarse a un trabajo productivo contradice la tradición judía.
Según establece al Tratado de Pirke Avot, la Torá cuando no va acompañada de trabajo en última instancia no perdurará y llevará a la transgresión. La experiencia histórica de enseñanza en el mundo de las ieshivot ha considerado desde siempre que sólo una minoria de estudiantes destacados debería dedicarse exclusivamente al estudio a tiempo completo de la Torá, estando destinado el resto del alumnado a salir a ganarse la vida con su trabajo. Está escrito que miles de personas entran a estudiar Torá pero sólo cien son apropiadas para estudiar Mishná y de las mismas sólo diez sirven para el estudio del Talmud y de ellos sólo una es apta para ser maestro. El Talmud recuerda la enseñanza que el gran maestro Rav dio a su discípulo el Rabí Kahana: «Preferible que hagas la labor más simple en el mercado antes que debas mantenerte de la caridad''”.
Vivir de la caridad es abstenerse de trabajar y mantenerse de una asignación mensual del erario público; vivir de la caridad es escabullirse de prestar el servicio militar dejando que otros arriesguen su vida para defender este país.

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