¿Y la laicidad?

Uruguay laudó este tema en 1917. El país no necesita volver atrás y rediscutir aquello que ya estaba resuelto en el respeto a todos.

Como es de público conocimiento, en Uruguay la laicidad nace luego de la separación de la Iglesia del Estado, fruto del proceso de secularización, o sea la diferenciación de esferas entre lo religioso y lo secular.

La separación Iglesia Católica-Estado se concretó en Uruguay en la Constitución de 1919 Y no fue solamente jurídica, ya que históricamente el término “laicidad” se presenta como un valor altamente compartido por el conjunto de la sociedad que impregnó el imaginario colectivo.

La laicidad y nuestro Estado laico adoptan un claro tono plural y de reconocimiento de las diversas expresiones religiosas, pero es abstencionista. No adopta ninguna religión, por lo que el espacio público es de todos los ciudadanos.

El Estado reconoce que las iglesias y los templos de cualquier culto son de su propio dominio y los exonera de impuestos. Allí, como en el cualquier otro ámbito privado, cada ciudadano puede profesar su fe libremente.

Por estas horas, promovida por la Iglesia Católica, fue aceptada por la Intendencia de Montevideo la erección, en la rambla de Montevideo, de una estatua a la Virgen María. En mi opinión, ello es claramente una violación al concepto de laicidad. También lo fue, según mi criterio, el mantenimiento de la cruz luego de la visita de Juan Pablo II.

No parece razonable y oportuno que en un Estado laico se exhiba en sitio público un símbolo religioso que congrega a su alrededor a sólo una parte de la sociedad uruguaya y que, por tanto. no debe imponerse al resto de los ciudadanos.

En aquella oportunidad el debate giraba en torno a si correspondía que la cruz se ubicara en un terreno perteneciente a la Iglesia Católica y sobre Bulevar Artigas, como recuerdo de la visita papal, se colocara un placa recordatoria, o si era pertinente dejarla allí. Fue un intenso e interesante debate.

Naturalmente que la decisión de la Intendencia de Montevideo revivió el debate. No voy a entrar en detalles, mi posicisión ya la expuse. Pero me permito reflexionar ya que muchos ciudadanos han recordado los monumentos a Confucio y a Iemanjá, que también creo que no deben estar en un espacio público.

Pero están. Como la cruz y el monumento a Juan Pablo II, que de un predio perteneciente a la Iglesia Católica se trasladó al pie de la cruz, en un espacio público. O sea, dos símbolos religiosos.

Pero parece que hay más. No alcanza y ahora la Iglesia Católica, no conforme —seguramente porque la cruz le debe parecer de dimensiones pequeñas… — logró que se aprobara la erección de una imagen de la Virgen María de cuatro metros.
Con todo respeto a los católicos, parece exagerado. Ya existen en la ciudad de Montevideo dos símbolos característicos de esa denominación religiosa, ubicados en una zona emblemática de la ciudad.

Por eso me parece que es necesario llamar a la reflexión y defender la laicidad ante actores que, desde hace un buen tiempo, en sus ideas y acciones parecieran mostrar la intención de erosionarla.

Print Friendly, PDF & Email

También te podría gustar...