Vidas separadas por mandato de Dios en Irán

El dictado de Dios impone en la tierra una estricta segregación que obliga a hombres y a mujeres a convivir separados en no pocas situaciones. Y así se aplicaen Irán. «El Islam estima que es mejor que estemos separados. Mis padres son religiosos y yo lo entiendo como ellos, es más apropiado que desde la infancia nos acostumbremos a no estar juntos en según qué entornos», sostiene Zaynab, sentada en un vagón de metro exclusivo para las mujeres.

Transportes públicos

Los extremos del convoy, delante y detrás, están reservados para las féminas. En los vagones centrales se abarrotan los hombres, que protegen a aquellas mujeres que se cuelan para no separarse de sus compañeros. «La segregación en el transporte público tiene la función de proteger a las mujeres de situaciones incómodas», explica un pasajero. «Prefiero que estemos separados porque el olor en los vagones para hombres es insoportable y, además, aquí me siento más segura», corrobora Parinaz, de 18 años.

Esta forzada separación en el metro de Teherán genera situaciones ya imposibles de ver en Occidente, como que en muchas ocasiones los hombres cedan el asiento a las tránsfugas. La segregación alcanza también a los autobuses, partidos por la mitad por una fina barra metálica. Ellos delante, ellas al fondo. Y, sin embargo, llama la atención que en los taxis, hombres y mujeres se apretujen sin ningún complejo.

Más allá del transporte público, los y las iraníes hacen vidas separadas en otros muchos entornos. La lista es larga y arroja la obsesión de un régimen por trazar una gruesa línea divisoria entre los dos géneros, mediante la cual perpetúa los roles sexistas y envuelve de un aire de misterio, a la larga corrosivo, el contacto con el otro género.

Gimnasios

El gimnasio es otro de esos lugares en los que ambos sexos nunca se mezclan. La mayoría de ellos funcionan con horario partido. Por la mañana, para mujeres, y, por la tarde, para hombres. El motivo de la segregación es el ligero atuendo que llevan los usuarios cuando van al gimnasio.

Playas y piscinas

Es impensable que una mujer pueda mostrarse en Irán con brazos y piernas al aire ante un hombre que no sea de su familia. En la playa, por idéntico motivo, las mujeres que quieren broncearse disponen de espacios especiales para ellas. Metros de playa fortificados por vallas de plástico que nacen en la arena y se adentran mar a dentro. Allí, y solo allí, las mujeres nadan y toman el sol en biquini, protegidas o, según cómo se mire, encerradas, aisladas, solas. Ni siquiera sus hijos varones pueden entrar. Si quieren ir a la playa en familia, existen kilómetros de costa alrededor del Mar Caspio y el Golfo Pérsico, pero allí deberán bañarse tal como van a la oficina, con ‘hijab’ y manto hasta la rodilla.

Lo mismo ocurre en la piscina. Hombres y mujeres nadan desde pequeños separados. En algunos edificios de viviendas con piscina comunitaria, los vecinos bajan por separado. Reservan el espacio, como si se tratara de una cancha de tenis, y, entonces sí, disfrutan juntos durante el tiempo estipulado.

Bodas

La separación en estos casos solo se produce en aquellas que tienen lugar en emplazamientos especiales para banquetes. El país está plagado de enormes edificios adornados con luces de colores y elegantes carteles de neón. Parecen discotecas, pero son salones para el ágape. Allí los invitados son obligados a separarse al entrar y no volverán a ver a sus parejas hasta el fin de la fiesta. Hombres y mujeres divirtiéndose de la mano traspasa los límites de lo permitido.

Mezquitas y centros de educación

En las mezquitas, ellos disponen normalmente de la parte central y mayor del templo. En la escuela, niños y niñas son separados en los colegios y la segregación se mantiene hasta que llegan a la universidad. De pronto, a los 18 años, los jóvenes iraníes son arrojados a aulas mixtas, algo inaudito hasta ese momento. «Algunos chicos no están preparados y se nota», opina Parinaz, que no ve bien que la separación en la educación, porque «los niños deberían poder jugar todos juntos».

Elecciones

Las jornadas electorales son otra experiencia de segregación. Cuando llegan las votaciones, en las sedes los comicios se forman interminables filas de hombres y mujeres. Mismo entorno, misma urna, pero el ejercicio del voto, por separado. En este caso, la disposición por sexos podría obedecer a una cuestión organizativa.

Estadios

En los estadios deportivos, las mujeres directamente no tienen acceso. Pero en aquellos eventos, como el baloncesto u otros deportes donde sí pueden entrar, las féminas ocupan gradas reservadas solo para ellas, alejadas de los hombres que lanzan palabras soeces al campo. Por este motivo, de nuevo se las protege y se las separa o, según cómo se mire, se las aparta y se las margina.

Aeropuertos

Para salir del país también hay distinción de géneros. Una escena que se puede presenciar en el aeropuerto de Teherán. Allí, las mujeres deben depositar la maleta en una cinta específica para ellas, tras lo cual pasan a un pequeño cuarto donde una empleada de seguridad, a falta de rayos X, las inspecciona todo el cuerpo.

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