Tortas, caricias…

Ahora es Alemania, Austria y Suiza donde ponen sotana a la denuncia de abusos y maltratos. Irlanda y América ya no estarán solas en la vileza de curas sobones o pegones… ¿Y España?… Los abusos sexuales y maltratos en instituciones religiosas siguen aflorando. El escándalo va del coro al caño y del caño al quinto coño donde duerme o se entierra la memoria, la culpa y la pena de estos delitos contra la inocencia para los que el Evangelio receta una piedra de molino atada al pescuezo. Está excesivamente demostrado que décadas atrás hubo costera de tortas y caricias en colegios, coros o internados, sin distinción de países, órdenes o sacristías. Quien suponga que el delito se exagera malintencionadamente, que prescribre o que está fuera de lugar después de tanto tiempo, hágalo, está en su derecho, pero será cómplice, encubridor o tontín del culo ; las evidencias hablan de algo más que de leyendas, venganzas colegiales o ingrata maldad.

También le vale a la fe carbonera ponerse mejor una venda que una gafas y suponer que todo obedece al feroz anticlericalismo creciente en un mundo materialista, hedonista y laico. Autoridades religiosas aseguran que ese laicismo y el desapego por la fe son cosa del diablo, como si la propia jerarquía muda y ciega no hubiera dado munición al descreído, al rebotado o al que expoliaron su inocencia. ¿Quién puede creerse que no disponía el Vaticano de denuncias clamorosas y pruebas sobradas que incriminaban al rijoso y repugnante cura Maciel, venerado fundador de los Legionarios de Cristo, cuya relación de abusos da vómito, enfurece y le hubiera llevado en vida a un patíbulo moral o a un acantilado?

La jerarquía pide perdón en casos de gran impacto público, es cierto, pero suena a perdón de papel, a nota oficial, contricción formulista y tardía, que olvida, además, que para que una confesión surta efecto sacramental no basta sólo confesar el pecado (en este caso es sólo aceptar lo probado, porque confesar lo que aún no conocemos y duerme en en su secreto no lo oiremos jamás), sino acreditar un deseo sincero de enmienda… y cumplir la penitencia… si es que se imponen alguna y no piensan que el bochorno que están pasando ya es suficiente calvario.

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