Tensiones políticas empañan la fiesta de la Virgen de Urcupiña en Quillacollo (Bolivia) y abuchean a las autoridades municipales

EL ALCALDE ELECTO, EDUARDO MÉRIDA (IZQUIERDA), Y EL ALCALDE SUPLENTE, ZACARÍAS JAYTA, DURANTE LA CELEBRACIÓN. RUBÉN RODRÍGUEZ

Antes de iniciarse ayer la eucaristía, varios ciudadanos gritaron “Bolivia dijo no” y abuchearon a las autoridades municipales. Los líderes pidieron “unidad” en el país.

“¡Bolivia dijo no!, ¡Bolivia dijo no!”, fue el estribillo de algunos ciudadanos ayer, minutos antes de que inicie la misa central en honor a la Virgen de Urcupiña. Los gritos, abucheos y silbidos se incrementaron, mientras el alcalde suplente de Quillacollo, Zacarías Jayta, y los concejales se aproximaron al frontis del templo de San Ildefonso, para escuchar la eucaristía. Alrededor, cientos de feligreses tenían pañuelos blancos y otros sostenían imágenes de la “Mamita”.

Aquella frase de tan solo tres palabras se ha hecho presente en múltiples escenarios, hace poco, en las fiestas patrias y ayer en la celebración religiosa.

Este año, participaron de la misa central el gobernador Iván Canelas, la alcaldesa suplente de Cochabamba, Karen Suárez; la senadora Carola Arraya, el alcalde suplente, Zacarías Jayta; los concejales del municipio, concejales de Salta (Argentina) y otras autoridades. Se notó la ausencia del presidente en ejercicio, Álvaro García Linera.

Canelas indicó que la actitud de los grupos que exclamaron: “¡Bolivia dijo no!” no es de cristianos. “Me parece incoherente que la gente que viene a rezar también se dedique a insultar. Aquí vinimos a escuchar el mensaje de las autoridades religiosas y eso es importante para quienes somos cristianos”.

El presidente del Concejo Municipal de Quillacollo, Víctor Osinaga, pidió a la Virgen de Urcupiña que ilumine y reconduzca (a los que silbaron). “Es una pena que se organicen grupos de choque para politizar una festividad religiosa”.

En tanto, el alcalde Zacarías Jayta prefirió no referirse a su “recibimiento”, y señaló que respeta la posición de la ciudadanía. A su vez, se encomendó a la Virgen de Urcupiña para hacer un buen trabajo en beneficio del pueblo.

El alcalde electo de Quillacollo, Eduardo Mérida, participó de la misa, pero lejos de las autoridades. “Se me privó el acceso a las sillas y recibir la hostia donde lo hacen las autoridades. He sido cercado por los policías”.

Mérida, rodeado de la población, escuchó la eucaristía y le pidió a la “Mamita” tocar la cabeza de los gobernantes para que se “respete la democracia y primé la libertad”. “No debe haber un rencor con los que pensamos distinto. Pedimos unidad”.

Sin embargo, esta no es la primera vez que se registran conductas de rechazo a algunos “personajes” en la fiesta de la “Mamita de la Integración”. Hay quienes se encargaron de dejar el recuerdo (audiovisuales) en las redes sociales.

En 2017, el presidente Evo Morales Ayma llegó a Cochabamba para visitar a la Virgen de Urcupiña. En la plaza 15 de agosto, la gente lo recibió con insulto y silbidos, y calificándolo de “ateo”. Ese día, se destacó el saludo entre Evo y el alcalde, José María Leyes. El opositor aprovechó la misa para acercarse a Morales, su rival político, y le estrechó la mano.

En 2016, la bienvenida no fue diferente, solo que esa vez al que abuchearon fue al vicepresidente Álvaro García Linera. Incluso, mientras los anfitriones anunciaron su llegada, se oyeron silbidos. Pocos lo saludaron y aplaudieron.

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