Tensa mesa de debate en València sobre la relación entre feminismo y religiones, solo un punto en común: el patriarcado

La periodista Lola Bañón con las cuatro intervinientes: M. Escribano, M. Barouni, M. Hamido y R. Ortiz (delante) con A. Mañes. u. igualtat uv

La Unidad de Igualdad de la Universitat de València reúne a activistas laicas, una teóloga y una feminista musulmana para debatir sobre la siempre cuestionada relación entre feminismo y religiones

«A la mujer dijo: En gran manera multiplicaré tu dolor en el parto, con dolor darás a luz los hijos; y con todo, tu deseo será para tu marido, y él tendrá dominio sobre ti». Está escrito en el Génesis de los cristianos pero también en el Corán de los musulmanes: «Y di a las creyentes que bajen la vista con recato, que sean castas y no muestren más adorno que los que están a la vista, que cubran su escote con el velo y no exhiban sus adornos (…)». Son solo dos de las múltiples citas que en los textos sagrados de los cristianos y musulmanes establecen el sometimiento de la mujer al hombre o unos códigos de comportamiento justificados en esa dominación. Con estas bases, ¿es posible ser feminista desde la religión? ¿Es posible ser cristiana o musulmana, seguir los dogmas y, a la vez, luchar por la igualdad de la mujer?

Es la cuestión, espinosa, que la Universitat de València puso sobre la mesa la pasada semana y a la que intentaron responder cuatro mujeres dentro del ciclo de debates «la Nau de la Igualtat»Mariam Barouni, expresidenta del Centro Islámico de València y trabajadora social el CEAR y Mimunt Hamido, coordinadora de la iniciativa «No nos taparán» junto a la teóloga y filósofa Montserrat Escribano y Raquel Ortiz, coordinadora de València Laica.

Posicionadas en el laicismo unas y en el trabajo que se puede hacer desde la religión otras, las posturas irreconciliables que blandieron solo encontraron un punto en común en una tensa mesa de debate: el patriarcado.

Un enemigo común

Porque en lo que las cuatro estuvieran de acuerdo es que el problema que el feminismo puede tener en el ámbito de las creencias no está tanto en la religión en sí como en la interpretación que desde el patriarcado se ha hecho de los dogmas de fe de todas las religiones para buscar la dominación de la mujer y su sometimiento.

«El problema para el feminismo no son las religiones, el problema se llama patriarcado», resumió la teóloga Montserrat Escribano que defendió el mensaje de libertad inicial que supuso la llegada de Jesús «y por ello fue seguido primero por las mujeres. Es un mensaje al que no podemos renunciar», aseguró al tiempo que ensalzó el trabajo de revisión y de «reventar márgenes» que dentro del catolicismo estaban haciendo las teólogas.

Frente a ella, la posición defendida por Raquel Ortiz, de València Laica, que insistió en la necesidad de una sociedad laica para que el feminismo avanzara y la salida total de la religión de las escuelas porque «es una contradicción para la educación en igualdad» al igual que a sus ojos también lo era «crear movimientos feministas desde la religión». «Podemos tener o no creencias pero para el feminismo lo más grave no es creer en Dios sino las normas morales que tratan de imponer», añadió.

Su discurso lo refrendó, aunque desde el punto de vista de los países musulmanes, Mimunt Hamido, declarada atea que fue clara al asegurar que se podía «creer en Dios y ser feminista, como se puede creer en los unicornios, pero, ¿seguir los dogmas de fe y ser feministas? No, porque todas son misóginas», lanzó para criticar después duramente el movimiento acuñado como feminismo islámico que se estaba propagando en el mundo occidental «precisamente de manos de conversas y en Occidente y que se basan en nuevas interpretaciones del Islam. En los países musulmanes el movimiento feminista es laico y allí se echan las manos a la cabeza de ver lo que pasa aquí. La religión y el feminismo deben ir separados».

El que sí puede haber un feminismo desde el mundo musulmán y, además, asumiendo preceptos como el de taparse el cabello con el hiyab vino de la mano de Meriam Barouni que apostó por las «diferentes realidades» del feminismo y por la defensa del Corán como texto «feminista» en el que se recogían los derechos de la mujer. En él y según Barouni estaba el derecho individual a elegir tu vida, a formarse, a conservar tu dinero, a la participación política, a la herencia o al divorcio… «¿entonces, qué ha pasado? Lo que en todas las religiones: el patriarcado ha usado la religión para el dominio de la mujer».

«Estamos luchando contra esa injusticia desde dentro», aseguró Barouni, que defendió la existencia de feminismos «plurales» ante un público, al igual que la mesa, claramente polarizado ante una dicotomía de difícil resolución.

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