Tapar o no tapar al Cristo

En Medina del Campo se ha armado una buena por la decisión de esconder bajo un manto de pureza lo que muchos denominan las ‘vergüenzas’

Cristo en brazos de la muerte' es el nombre de una talla sacra que muestra al hijo de Dios como este le trajo al mundo: desnudo. Nada tiene de raro cincelar los atributos de Jesús, que las escuelas de la imaginería española, y también europea, de los siglos XVI y XVII plasmaron de forma prolija, obsesionadas por alcanzar la perfección en la representación de la anatomía humana. Sin embargo, en Medina del Campo (Valladolid) se ha armado una buena, no por la talla en sí misma, sino por la decisión de esconder bajo un manto de pureza lo que muchos denominan las 'vergüenzas'.
El hecho ocurrió hace unos días durante la inauguración del centro museístico San Vicente Ferrer, que dedica un amplio apartado a la Semana Santa de Medina y que será sede permanente de la polémica obra del autor zamorano Ricardo Flecha, que la esculpió a petición del Ayuntamiento y de la Junta de Semana Santa de la localidad. Lo más curioso del asunto reside en que la escultura se había presentado en público una semana antes -momento que recoge la fotografía de la izquierda- en todo su esplendor y naturalidad.
Pero la asistencia a la apertura del museo de un nutrido puñado de autoridades civiles y eclesiásticas, incluido el arzobispo emérito de Sevilla, el cardenal Carlos Amigo, y la supuesta concentración de medios de comunicación, hizo que la Junta de Semana Santa decidiera cubrir los genitales de Cristo con una tela ocre satinada, no fuera que los duendes de las cámaras captaran alguna de esas cabezas junto a las partes más intimas de Jesús.
«Eso es una leyenda urbana», replica el alcalde popular Crescencio Martín Pascual, que intenta desmontar el argumento que corre por el pueblo y lo hace de una manera muy castiza. «Monseñor Amigo es altísimo, esa imagen no hubiera sido posible porque no coincidirían los planos», puntualiza. Tal vez sí en el caso de algunos concejales o consejeros, quién sabe.
Martín Pascual dice que la idea surgió de entre los miembros de la Junta, pero admite que la apoyó por respetar el objetivo del cubrimiento. A saber: «Evitar comentarios burdos que pudiesen desviar la atención del significado de la escultura en sí misma, de lo que representa». Lógicamente el argumento lo comparte el presidente de la Junta de Semana Santa de Medina del Campo, Carlos García, quien asegura que la talla «es un primor» y que desde el primer momento tenían claro que en la presentación pública se iba a colocar el paño de pureza «por la presencia de la prensa», no por «ninguna clase de puritanismo», ya que mientras permanezca en el museo, las gentes que la visiten podrán contemplarla sin ningún postizo.
El propio escultor quita hierro al asunto y asegura que el que se tapen los atributos sexuales de su obra «no es nada relevante» y no le parece mal que se tome esa medida «cuando las circunstancias lo exijan».
Paño para la procesión
Esa circunstancia se producirá el próximo 9 de abril, cuando «Cristo en brazos de la muerte» procesione por las calles de Medina junto a los ocho pasos de las cofradías y una imagen de San Vicente Ferrer. Junta de Semana Santa, Ayuntamiento y escultor han pactado que la talla volverá a lucir un perizonio (el paño) para no desentonar con la solemnidad y el decoro de la procesión.
Así que Ricardo Flecha ya ha confeccionado la prenda, en poliéster de color madera, «de quita y pon» para pasear a su Jesús. El escultor lamenta que su obra pueda ser famosa por una cuestión «puramente frívola» como sería el aspecto sexual y no por la trascendencia religiosa de la representación. «Es mucho más importante que Cristo esté en brazos de la muerte que desnudo», precisa, al tiempo que se muestra convencido de que las dimensiones de los genitales son proporcionadas. «Claro depende de con quién se comparen. Creo que están en su sitio, pero nada más lejos de mí la intención de frivolizar, esas críticas las admitiría porque he pretendido ser muy respetuoso», remacha.
Flecha trata de reinventar con su talla la tradición de la imaginería renacentista y barroca de la escuela castellana, mucho más dramática que la andaluza. «Había que volver al pasado. Las tallas de Castilla y León empezaban a parecerse a las sevillanas, de cristos dulces y almibarados y vírgenes lloronas». En el siglo XVI, en las escuelas de Castilla (Juan de Juni, Alfonso Berruguete), «los cristos se rebelaban contra la muerte, las vírgenes casi blasfemaban». Y las esculturas se tallaban desnudas, aunque después se las vistiera. Hay que hacer pensar a la gente, sostiene Flecha, que matiza que «la desnudez solo indica desamparo».
Manuel Arias, subdirector del Museo Nacional de Escultura de Valladolid, califica de «normal» la colocación de mantos de pureza en las tallas procesionales. Así lo hacían todos los escultores renacentistas y barrocos que trabajaban con madera policromada. «Las esculpían desnudas por amor a la anatomía y por una determinación academicista, pero muchos de ellos lo hacían para que luego fueran vestidas, incluso muchos tallaban ellos mismos los velos». ¿Para qué trabajar tanto si luego no iba a ser apreciado por el público? Arias alude a la diferente mentalidad de la época y, en tono burlón, a que «en aquellos momentos se trabajaba más despacio».
Otra cosa muy distinta son las representaciones mitológicas y las esculturas civiles, donde predomina la desnudez en esa vuelta al clasicismo grecorromano.
En el siglo XVI mandaba el decoro y las figuras sagradas aparecen vestidas, incluso antes de que el Concilio de Trento (1545-1563) diera una vuelta de tuerca al puritanismo imperante ya en Europa.
Madera de nogal
Arias destaca que en el arte sacro Adán y Eva se han representado siempre desnudos. Periodos en la historia ha habido donde la iglesia tapaba con hojas de vid los genitales de las esculturas de Grecia y Roma y hasta en los libros de texto se reflejaban no hace tanto tiempo de esa guisa. Conocidas y bellas son las pinturas llamadas 'virgen de la leche', donde aparece María dando de mamar a Jesús en bellas y naturales actitudes.
El desnudo existe desde todos los tiempos y ha sido ensalzado en todas las culturas, aunque la iglesia católica haya impuesto la censura y el pudor en determinadas épocas.
Ricardo Flecha ha elegido representar a Cristo como nació y como murió, desnudo. La talla, de carácter monumental, está realizada en madera de nogal de una sola pieza a partir del tronco de un árbol. Mide 40 centímetros de ancho por 70 de largo por 2,45 metros de alto. La figura ha sido trabajada como las antiguas imágenes del siglo XVI, talla directa y de una sola pieza. Ha sido tratada para garantizar su estabilidad. Presenta la figura de Cristo una policromía tradicional a base óleo, y la muerte, una policromía mas novedosa a base de patinas compuestas por óxidos metálicos emulsionados con ceras.
La obra resulta «impactante» en palabras de Martín Pascual.

Archivos de imagen relacionados

  • Cristo desnudo
  • Cristo tapado
Print Friendly, PDF & Email

También te podría gustar...