Sobre la retirada de los crucifijos de los centros escolares: Una breve reflexión más

Después de la “tormenta” de declaraciones e informaciones que viene provocando la denominada "retirada de los crucifijos de los centros escolares", de aquellos que aún se conservan. Primero: con la sentencia (magnífica en el fondo y en la forma) favorable a la retirada que el “Juzgado de lo contencioso administrativo” hizo ante la demanda de los compañeros de Valladolid. Después: Hace unas semanas, con la sentencia impecable y por unanimidad del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, ante una demanda de una madre italiana. Y ayer: tras la aprobación, por mayoría en la Comisión de Educación del Congreso de los Diputados de su retirada, a una propuesta de ERC, con el apoyo de los parlamentarios del PSOE. Llegan “rectificaciones y aclaraciones”:
 
Tras las "fanáticas" reacciones de la derecha católica y de la Conferencia Episcopal y la "timorata" postura de algunos políticos y dirigentes sociales “progresistas”, el presidente de Gobierno se “inmola” una vez más alargando el tema, “cediendo” a las presiones del “lobby católico” de dentro y de afuera de su Partido. ¡Allá cada cual!
 
Es muy ilustrativo el breve documento de imágenes que adjuntamos más abajo sobre algunas declaraciones que ayer se produjeron.
 
Europa Laica hemos tratado de ser siempre firmes, pero “muy cautelosos” en declaraciones y en las notas de prensam cuya última de ayer volvemos a adjuntar, para su comprobación (señalamos las cautelas), nos ratificamos en la nota (a modo de declaración) y seguimos insistiendo “que nos queda mucho camino por andar”.
 
La “cuestión de los crucifijos” en los centros escolares (con una aparente poca trascendencia) significa una “primera trinchera” a la que se agarran los fanáticos católicos y sus “cómplices” políticos y sociales para defender algo mucho más importante: Los enormes privilegios de los que disfruta la Iglesia Católica en España, en materia económica, simbólica, jurídica, política y en materia de enseñanza, que sitúa al estado español entre los estados confesionales católicos de la tierra. No sólo vulnerando el ideario constitucional en sus artículos 9, 10, 14 y 27, si no y lo que es más grave: produciendo un enorme daño a la construcción del estado de Derecho y de la democracia.
 
Francisco Delgado. Presidente.
 

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