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Sin libros, laicas y en valenciano: la renovación pedagógica de las cooperativas

Acaba de empezar el curso escolar 2021-2022 y los niños ya pasean con sus mochilas llenas de libros de texto. Pero no todos. Los hay que estudian en cooperativas de enseñanza, basadas en la observación y la discusión y que apenas emplean esos manuales.

En la Comunitat Valenciana son una referencia y alberga algunas de las primeras que se crearon en las postrimerías del franquismo.

Escola Gavina de Picanya (Valencia)
Escola Gavina de Picanya (Valencia)Escola Gavina

La Unió de Cooperatives d’Ensenyament Valencianes (UCEV, sectorial de educación de FEVECTA) integra a casi todas las que existen en la autonomía, un total de 62. Cubren todas las etapas educativas, desde guardería, hasta educación obligatoria, formación profesional y universidad.

En sus orígenes, en la dictadura, las cooperativas de enseñanza valencianas supusieron un balón de oxígeno, renovador, para quienes querían eludir una educación eminentemente religiosa (católica). ¿Cómo nacieron estos centros en pleno franquismo y que aportan en la actualidad, en democracia?

Una alternativa a la educación franquista

La investigadora y profesora de Teoría e Historia de la Educación en la Universitat de València (UV), Carmen Agulló, repasa la relevancia histórica de las cooperativas de enseñanza valencianas.

La primera fue Tramuntana, en 1968, que duró como tal dos años y que posteriormente se reconvertiría en Mistral – La Masia (que perdura en la actualidad). Nació de la mano de un grupo de padres y madres como Ernest Lluch o Ferran Zurriaga que “en aquel momento tenían hijos e hijas pequeñas y no tenían un lugar donde llevarlos”: “Estaba la escuela pública, que era un desastre, y la privada, que era religiosa”.

Escoleta El Trenet de València
Escoleta El Trenet de ValènciaEl Trenet

Así que impulsaron una cooperativa de enseñanza con tres pilares: una metodología activa “muy experimental, donde recorrían los barrios, hacían preguntas y no tenían libros de texto”; se impartían las clases en valenciano; y era laica. Unos ingredientes que hacían que la escuela fuera, en aquel momento, “muy vanguardista”.

Posteriormente surgieron otras entre las que Agulló destaca La Nostra Escola Comarcal (1974), que considera “la mejor representación del estado de una cooperativa de padres y madres”, donde son los progenitores quienes discuten y diseñan la escuela, y muy ligada al grupo cooperativo de Consum y Caixa Popular, basado en Mondragon; Escola Gavina ( 1975), que nació como cooperativa de maestros muy ligada a l’Associació de Mestres Rosa Sensat de Catalunya; y Les Carolines (1977), que empezó como escuela infantil.

Algunas estuvieron impulsadas por “cristianos de base” que consideraban que la religión tenía que estar fuera de la escuela

La investigadora explica que algunas cooperativas de enseñanza las crearon “cristianos de base”, pero que “consideraban que dentro de la escuela no había que dar religión”.

A esto se le sumó la enseñanza activa y en valenciano, siguiendo el modelo de las escuelas renovadoras, además de una organización en la que se “tomaban decisiones de manera asamblearia y democrática”, donde los padres y madres “se implicaban mucho”, en un contexto de dictadura franquista.

Escola La Masia de Museros (Valencia)
Escola La Masia de Museros (Valencia)La Masia

El presidente de la UCEV y profesor en la cooperativa Mestres de la Creu de Mislata, Miquel Ruiz, aporta que estas escuelas “tuvieron una importancia histórica crucial porque representaron, más que una renovación, una alternativa a los modelos educativos imperantes al final de la dictadura, encarnaban los valores más contrapuestos a aquella situación política y social”.

“Se trataba de una escuela innovadora, arraigada al medio y al país, y creía firmemente que la educación es una herramienta de cambio social, de mejora de la situación social. Estos proyectos educativos fueron importantísimos en la historia de la educación valenciana”, asegura Ruiz.

La importancia de las escuelas agrícolas

Carmen Agulló destaca la importancia de las escuelas agrícolas valencianas, que se enmarcan en un movimiento estatal que nació en Francia y donde el alumnado pasaba una parte en el centro, y otra en casa.
La primera fue la Escola de Formació Agrícola Comarcal l’Horta, en Catarroja. La investigadora recuerda, como anécdota, que “la primera persona que tenía que dar clases era un tal Joan Ribó” -actual alcalde de València-, pero que no lo hizo porque “justó aprobó las oposiciones de Secundaria”.
​“La enseñanza agrícola capacitaba a los niños y niñas para trabajar la tierra de una forma activa, pero sobre todo, les daba una formación integral, los formaba como personas. Eran personas que no habían aprobado EGB ni la educación básica, a quienes no les gustaba estudiar”, sostiene.
En ella tenía un papel “muy importante” la coeducación, ya que pasaban 15 días internos y se organizaban por grupos de trabajo donde chicos y chicas “hacían de todo” excepto cocinar (porque tenían una cocinera). “Era una manera muy interesante de implicarlos en el feminismo”, asevera.

La Comunitat Valenciana es un referente en el cooperativismo en la enseñanza y en la renovación pedagógica, como así lo confirman tanto Miquel Ruiz como Carmen Agulló.

La investigadora añade que esta comunidad autónoma fue “pionera” en el estado español en el impulso de las técnicas de Freinet, originarias de Francia, y que estimulan el tanteo experimental, la libre expresión infantil, la cooperación y la investigación del entorno.

¿Cuál es el papel de las cooperativas valencianas en la actualidad?

Y ahora, en democracia, ¿cuál es el papel de las cooperativas de enseñanza? Agulló afirma ser “totalmente partidaria de la escuela pública” y admite que hoy se ha avanzado mucho en la educación en valenciano. Tanto, que “ahora la escuela pública es adalid del valenciano”. “Pero que conste que no nos lo regaló nadie”, apostilla.

“En el momento en que surgieron estas cooperativas, la escuela pública era un desastre y fueron una referencia absolutamente rompedora. Pero se puede decir que ahora no son muy diferentes de otras escuelas públicas renovadoras. Hoy en día las cooperativas siguen siendo un motor de renovación pedagógica, pero ya no son ni el único ni el principal, porque en la escuela pública existe esa renovación. ¡Y lo que ha costado!”, suspira.

Las cooperativas siguen siendo un motor de renovación pedagógica, pero ya no son ni el único ni el principal

Carmen Agulló, investigadora y profesora de la UV

El presidente de la UCEV, Miquel Ruiz, aporta otro punto de vista. Sostiene que las cooperativas de enseñanza siguen siendo necesarias porque su proyecto de escuela “no se ha logrado ni se logrará nunca”.

“Evidentemente, la situación actual no tiene nada que ver con la de la dictadura, entre otras cosas porque la escuela de titularidad pública ha cambiado mucho para bien. Pero sigue existiendo la necesidad de tener escuelas atrevidas desde el punto de vista de la innovación, que arraiguen en el medio, que hagan una labor comunitaria…”, defiende.

Escola infantil La Roda de Ontinyent (Valencia)
Escola infantil La Roda de Ontinyent (Valencia)La Roda

Las cooperativas de enseñanza abarcan desde la guardería hasta la universidad en la Comunitat Valenciana. Están concertadas “casi todas” las que imparten la enseñanza obligatoria (Infantil, Primaria y Secundaria), y tienen algunos conciertos en Bachillerato y FP. En todo caso, Carmen Agulló observa que, “por muy concertada que sea, se tiene que pagar algo”: “Una cooperativa no es una escuela pública”.

Por su parte, Miquel Ruiz opina que “la enseñanza pública va más allá de la titularidad del centro educativo”, la cual “no garantiza una buena enseñanza pública”.

Entendemos la labor educativa como una labor de servicio público, más allá de la titularidad

Miquel Ruiz, presidente de UCEV

Y afirma que una de sus “señas de identidad” es su “compromiso con la enseñanza pública”: “La labor educativa la entendemos como una labor de servicio público. Eso nos lleva a tener una actitud muy abierta, de diálogo y de intercambio de experiencias con la escuela de titularidad pública y con otros tipos de escuelas que puedan compartir esos objetivos”.

En este sentido, explica que las cooperativas “participan en acciones formativas para mostrar experiencias en ámbitos específicos” en colaboración con la escuela pública. “Tenemos una actitud de máxima disposición para aportar al diseño de las políticas públicas aquello que, a nosotros, más allá de la titularidad, nos parecen que son elementos importantes en la enseñanza pública que creemos necesaria en nuestro país”, afirma Ruiz.

Aitana (6 años) y Ona (3 años), alumnas de Escola Gavina

Ona tiene tres años y acaba de empezar las clases en Escola Gavina. Allí ya está su hermana Aitana, de 6 años, que inicia ahora 2º de Primaria. Es la misma escuela en la que, hace ya unos años, aprendió su madre, Neus Puertes.
Dice que decidió llevar a sus hijas al mismo centro donde estudió por el “vínculo emocional”, pero tiene más motivos: “Las instalaciones y el patio, donde no hay tanto cemento como en otros colegios, les facilita tener mucho más contacto con la naturaleza”. Además, observa que la mayoría de las escuelas destinan “un gran espacio” a la zona para jugar a fútbol, que resta posibilidades “para jugar a otras cosas”.
“Estas escuelas tienen mucho cuidado de la parte no solo puramente académica, sino de la lúdica, cómo se relacionan los niños con el ambiente, que pasa a formar parte de la académica”, cuenta Puertes. Además, valora “el sentimiento de equipo en las escuelas cooperativas” y que son participativas, ya que existen diferentes comisiones (de transporte, de comedor, etc.) en las que todos los padres y madres pueden formar parte.

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