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Sexo, heavy metal y Vox · por Andrés Carmona

Playlist del artículo para que puedas escucharlo mientras lees: enlace

Me comentaba un muy buen amigo que cuando se enteró de las declaraciones del vicepresidente de Castilla y León, Juan García-Gallardo (Vox), vinculando la despoblación de la región con la “hipersexualización” que desliga sexo y reproducción, había pensado que era un sketch de los de Vaya Semanita. Y no le falta razón: el actor Javier Antón tiene cierto parecido con el líder de Vox en Castilla y León y bien podría haberle parodiado en el estilo característico de ese programa. Lo esperpéntico es que no se trataba de Vaya Semanita ni de Javier Antón sino del mismísimo Juan García-Gallardo hablando en serio:

“Cuando la banalización del sexo lleva a que sea un fin en sí mismo, olvidando que su finalidad es la de la procreación, las personas se liberan de las cadenas de la familia para dedicar su existencia a satisfacer sus deseos sexuales”. (El País, 27/06/2022).

El sexo es un tema de interés filosófico, más concretamente de la ética y la moral. Y también es uno de los tres elementos que están en la médula del heavy metal. “Sexo, droga y rock and roll” es el lema y la esencia del heavy metal. Es una de las conclusiones a las que llegábamos en nuestro libro Filosofia y Heavy Metal (Ed. Laetoli, 2021). Ahí dedicamos un capítulo a cada uno de los elementos de la trilogía. Aquí vamos a centrarnos en el primero: en el sexo y su relación con la ética y el heavy metal, rescatando fragmentos de ese capítulo para mostrar cómo antes y también ahora, uno y otro, escandalizaban y siguen escandalizando a las mentes más retrógradas como la de Juan García-Gallardo.

El sexo es un instinto ligado al de reproducción: es el “engaño” sumamente placentero con el que nuestros genes logran replicarse (hacer copias de sí mismos). Cuando los animales copulan no están pensando en la reproducción, sino en ese placer. Lo mismo sucede en el caso humano: otra cosa es que los humanos somos conscientes de esta relación entre sexo y reproducción, así como del hecho de que podemos separar ambos. Puede haber sexo sin reproducción (técnicas anticonceptivas), así como reproducción sin sexo (técnicas de reproducción asistida).

Aquí es donde entra en juego la moral: la valoración ética sobre qué formas de sexualidad son morales y cuáles inmorales. Las valoraciones varían en un continuo entre dos extremos. Por un lado, las posiciones más restrictivas, habitualmente ligadas a la religión, que condenan a la sexualidad misma como pecaminosa e inmoral y proponen el celibato y la castidad como virtudes. Como mucho, tan solo admiten la sexualidad en el contexto del matrimonio y con fines reproductivos. Es decir, cualquier forma de sexualidad que se realice por sí misma, por el mero placer que produce, fuera del matrimonio y/o sin fines reproductivos, queda prohibida. El abanico de la prohibición incluye la masturbación, el sexo anal y oral, la homosexualidad, el sadomasoquismo, la pornografía, la prostitución, toda forma de anticoncepción y, prácticamente, todo lo que no sea el coito vaginal entre marido y esposa para tener hijos. Es la postura moral que ha defendido el vicepresidente de Castilla y León.

Por otro lado, las posiciones más liberales o libertarias, que eliminan la necesidad del vínculo entre sexo y reproducción y ponen el acento en la libertad individual, admitiendo cualquier forma de sexo siempre que sea consentida. Aquí se concibe la sexualidad desde un punto de vista positivo, como un bien en sí mismo. Y se desliga de la reproducción para incidir en la libertad: ligar el sexo a la reproducción es una de las opciones para quien la desee, pero desligarlo es otra opción igualmente legítima. El sexo sigue siendo una conducta moral tanto si se utiliza en sí mismo para disfrutarlo, como si se utiliza, además, para reproducirse. Aquí son morales todas las formas de sexualidad que la posición contraria condenaba. Es a lo que el líder de Vox en Castilla y León llama “hipersexualización”.

El amor libre y el sexo libre eran la norma en las comunas hippies, por ejemplo, como una más de las formas de ruptura con la cultura y la sociedad establecidas. La contracultura y el movimiento hippie coincidieron con la “revolución sexual” de los años 60 y 70 del siglo pasado, con el feminismo y la crítica del modelo tradicional de familia, sexualidad y feminidad. De una sociedad puritana en la que la sexualidad era un tabú y donde la moral sexual más conservadora y religiosa era la norma establecida, se pasó a una ruptura de esos tabúes y a una proliferación y exhibición de la sexualidad sin precedentes.

El heavy metal se contagió de esta revolución sexual por la vía hippie y adoptó la postura más libertaria de todas en lo referente al sexo. Este se hizo explícito en las canciones, en las portadas de los discos, en la imagen de los grupos y en su puesta en escena. El libertarismo sexual del heavy metal chocó directamente con el conservadurismo puritano, sobre todo en los EEUU. En la década de 1980 se organizó todo un movimiento de censura y persecución contra el heavy metal bajo las siglas del PMRC: una organización conservadora y religiosa dedicada a acabar con la influencia del heavy metal en la juventud a base de prohibir o censurar este tipo de música. Es el origen de la famosa pegatina censora del Parental Advisory. Entre las acusaciones al heavy metal estaban todas las paranoias de sus censores: drogadicción, abusos rituales satánicos, inducción al suicidio, violencia y, cómo no, perversión sexual (léase: sexo sin reproducción).

El heavy metal reaccionó con: “No quieres sopa, toma dos platos”. No solo mantuvo sino que exageró todo aquello de lo que se le acusaba, aumentando la provocación y los delirios de sus detractores. Y, además, acusándoles de hipocresía: el puritanismo sexual del que presumían, y desde el que les censuraban, muchas veces ocultaba auténticas perversiones como el abuso sexual de menores (habitual en buena parte del clero, por ejemplo).

Cuarenta años después de aquella paranoia contra el heavy metal y el sexo liberal las cosas han cambiado bastante. El sexo liberal es algo asumido por la inmensa mayoría de la población. Por eso han sido noticia las declaraciones del vicepresidente de Castilla y León, Juan García-Gallardo (Vox). Hoy día llama la atención que alguien con 31 años piense así, y cuesta creer que sea coherente con su pensamiento. Es decir, dado que no tiene hijos pero sí novia, es difícil pensar que siga siendo virgen todavía esperando el momento de casarse y procrear como Dios manda para no banalizar el sexo con perversiones prematrimoniales ni anticonceptivas. No obstante, pudiera ser así, y es una opción legítima para él y para quienes piensen como él. Lo que no es legítimo es querer imponerlo a los demás ni demonizar a quien no piense igual.

Esta moral sexual restrictiva choca frontalmente con la libertad sexual del heavy metal. Juan García-Gallardo no tiene que irse muy lejos para encontrarse con ella: en su misma región, y desde Segovia, el grupo Lujuria lleva ya 30 años haciendo heavy metal y reivindicando el sexo y la libertad sexual. Su nombre, desde luego, no es casual.

Lujuria es un grupo de HEAVY METAL así, con mayúsculas y de forma explícita. Tanto en lo musical como en la letras, la estética y la actitud. Todas sus letras pueden relacionarse directamente con el hedonismo heavy del lema “Sexo, drogas y rock and roll” porque todas tratan alguno (o varios a la vez) de esos elementos. Con excepción del álbum …Y la yesca arderá (2006), de ambientación histórica y dedicado a las guerras comuneras de Castilla. Lo que también es seña de identidad del heavy metal en un doble sentido. Por un lado, el romanticismo que lleva a buscar la inspiración en la historia y también en la mitología, las leyendas, el folclore, etc. Y por otro lado, el carácter reivindicativo y de crítica social que puede ser directo o indirecto en la letra de las canciones. Una crítica social y política a veces explícita en las canciones de Lujuria y que otras veces puede leerse entre líneas (aunque no haya que hacer mucho esfuerzo: basta con no quedarse en lo superficial y literal de muchas de sus letras). Todo ello, también hay que decirlo, aderezado de humor, ironía y mucha mala leche repartida entre mojigatos, clericanalla y salvapatrias.

La total oposición respecto del sexo entre Vox, representado por Juan García-Gallardo, y el heavy metal, representado por Lujuria, muestra los dos extremos de una polémica y la incompatibilidad entre dos maneras diametralmente opuestas de entender y relacionarse con la realidad. Una cerrada, excluyente y censora, otra abierta, incluyente y libertaria. Lo que también explica otras incompatibilidades en la actitud de la extrema derecha y el heavy metal hacia otros asuntos como puedan ser la cuestión social, la homosexualidad, la inmigración, etc. Vox recoge el testigo del PMRC, mientras que el heavy metal sigue manteniendo ante Vox ahora la misma resistencia que antes contra el PMRC. Y lo hace, en palabras de Lujuria: “Joda a quien joda”.

Lujuria: “Joda a quien joda” (2003)

Sin llegar a hacer del sexo su leitmotiv, como Lujuria, muchas otras bandas de rock duro y heavy metal se refieren explícitamente a él. Terminamos el texto señalando con breves notas unas pocas de esas canciones en el ámbito del rock español.

La primera es de 1980, cuando unos pioneros Coz animaban a ser “Más sexy”:

Coz. “Más sexy” (1980).

Más sexy, muñequita ponte tacón.

Más sexy, hazme un guiño para empezar.

Más sexy, pruébate una talla menor.

Obús bien podría llamarse “lascivia” si nos atenemos a algunas de sus canciones:

Obús: “Da igual” (1984).

Hace meses que llevo sin pillar

a una tía que me pueda ligar (…)

Ya no queda ningún remedio

que me pueda apaciguar:

la muñeca la tengo rota

y cualquier tía da igual.

Obús: “Necesito más” (1986)

Diez minutos, mi tiempo es oro,

no puedo darte más.

Date prisa, no me des charlas,

solo quiero tu amor.

Otra me espera,

que quiere lo mismo que tú.

No pierdas tiempo,

date prisa, mucha prisa.

¡Necesito más!

Barricada refiere al sexo en muchas de sus canciones. Destacamos dos de uno de sus principales discos: “No hay tregua” (1985):

Barricada: “Juegos ocultos” (1985)

Esa obsesión

por llevarte a la cama.

Don de mujer,

piernas de alquitán:

queman si las quieres coger.

Barricada: “Quiero perderme” (1985)

Mi cabeza está muy caliente,

me imagino tu ropa interior (…)

No hace falta que hablemos de nada:

esas tetas me las quiero comer.

Deshacer mi saliva en tu piel.

De Lujuria podría ponerse cualquier canción, por eso tan solo ponemos dos de sus primeros discos:

Lujuria: “Todo su cuerpo” (1995).

Venda mis ojos, besa mi oreja.

Su lengua no deja ningún rincón.

Sobre su pecho ha puesto dos fresas:

nunca he comido en un plato mejor.

Me estoy calentando poco a poco

y no puedo parar.

Tiemblo, y todo su cuerpo es sexo.

Lujuria: “No es malo darse placer” (1997).

Tu padre, tu madre,

la iglesia o el Estado

trabajan tu voluntad.

¡Óyeme!, ¡escúchame!

Tienes que llegar a pensar

Que si no haces daño 

aquí no hay nada malo (…)

Que nadie te engañe

No es malo darse placer.

Beethoven R también incluye la temática sexual como seña de identidad. Dejamos dos de sus temas más conocidos:

Beethoven R: “Yo me pierdo” (1999)

Si te quitas la ropa: yo me pierdo.

Si las llevas de encaje: yo me pierdo.

Si te sueltas el pelo: yo me pierdo.

Beethoven R: “El guardián de tu piel” (2001)

Tu cuerpo tiembla sobre el mío sintiendo toda mi fuerza.

Y esta cama que se queja otra vez, acabaremos en tierra (…)

Sigue así, que siento que voy a explotar, ¡no quiero parar!

Sigue así, no pares ya más.

Quiero llenarte o atácame más.

La censura contra el sexo no es exclusiva del conservadurismo. También desde cierto progresismo la sexualidad ha estado mal vista. Ya Coz decía en 1980 en “Más sexy”: “Sexy, aunque las progres digan que has de ser más fría”. Def Con Dos ha desarrollado esa idea en lo que critica como “puritanismo progre”:

Def Con Dos. “Stop puritanismo” (2019)

Hablar de follar en vez de rezar.

Hablar de follar y no reivindicar.

Izquierda y derecha se han ido a encontrar

criminalizando el sexo anal (…)

Una pudorosa mojigatería

se instala en la izquierda como rebeldía.

No hay nada más falso ni que más estorbe

que el nuevo puritanismo progre.

Andrés Carmona Campo. Licenciado en Filosofía y Antropología Social y Cultural. Profesor de Filosofía en un Instituto de Enseñanza Secundaria. Coautor del libro Profesor de Secundaria, y colaborador en la obra colectiva Elogio del Cientificismo junto a Mario Bunge et alAutor del libro Filosofia y Heavy Metal (Ed. Laetoli, 2021).

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