Semana Internacional de la cultura laica en el IIJ -UNAM

"Necesitamos una vigilancia interna. Necesitamos mucha revisión, mucha critica. La posibilidad siempre abierta de que la subyugación está siempre ahí, y que estamos siempre en riesgo de caer en ella"      Ana María Martínez de la Escalera

Asisto, por azar, a la mesa de igualdad en la semana de la cultura laica, organizada por Pedro Salazar en el seno del Instituto de Investigaciones Jurídicas donde trabajo. Sentimientos encontrados se agolpan dentro de mí, en plena sala. La participación de los invitados de nivel internacional y nacional es apasionante. Están presentes en el aula de seminarios Floris Margadant (este el miércoles 19 de marzo) especialistas de distintas disciplinas como la sociología, la filosofía, la filosofía política, el derecho -obviamente-; y procedentes de países como: Francia, Italia, Argentina, Uruguay, México. Sus posturas son muy diversas. El hilo conductor de la mesa, fue una pregunta central para pensar el Estado laico y es saber si existe o no, a partir de la severa crisis de las instituciones públicas en el mundo, un retorno de lo religioso que busca retomar un espacio central dentro de lo público, que un estado laico no debe permitir. La constante en las reflexiones parece indicar que no hay constante. Hablando particularmente de Latinoamérica, queda claro que cada país tiene un nivel de desarrollo y una manera de integrar la laicidad o de definir el estado laico. Por ejemplo Laura Saldivia deja claro que Argentina tiene esta paradoja, ella prefiere llamarla esquizofrenia, en donde el Estado que se asume laico, contempla en su artículo 2°constitucional, una postura que beneficia al culto católico, por ejemplo, a penas en 1994 se reformó la constitución en lo tocante a la obligatoriedad de que el presidente del país de la Pampa, fuera de confesión católica, también encontramos la particularidad de que el mismo estado paga los sueldos de sus obispos, y el clero forma parte siempre de los actos públicos del gobierno argentino. Para ella, "no hay un regreso de lo religioso; siempre ha estado ahí".

La historia de México ha sido muy diferente. La historia de otros países con mayor nivel de desarrollo democrático, se ha construido desde la necesidad indispensable para el desarrollo social, de mantener bien separado al Estado de la iglesia. La manera en que el "no respeto" de dicha separación afecta a la democracia de un país es evidente: la discriminación a los grupos y minorías que no comulgan con los dogmas católicos se multiplica, ya no solo a nivel religioso sino en la libertad, en muchos sentidos, de ejercer una vida distinta y diversa de muchas minorías, hablo de las étnicas, de las sexuales y también de las religiosas, pero sobre todo, hablo de la libertad que en un país laico deben tener las mujeres (que no somos minorías, pero somos tratada como tales) respecto a nuestras propias convicciones y toma de decisiones, en relación a nuestro propio cuerpo, forma de vida, creencias y derechos reproductivos. Saldivia habló de la manera en que los discursos y prácticas discriminatorias afectan particularmente a las minorías sexuales, quienes se encuentran sumamente desaventajadas en temas de derecho a la salud, derechos sociales etc. Citó -para que no olvidemos al Bergoglio argentino- aquella frase que nos deja claro su postura personal respecto a la homosexualidad cuando, ante la reforma en materia de diversidad sexual, el ahora Papa lo catalogó como: "la envidia del demonio que pretende destruir la obra de Dios". Saldivia explicó que "cuando se privilegia el orden particular del orden moral religioso afecta los intereses y los derechos de las minorías y diferencias que no pertenecen a la postura privilegiada". Ese es el peligro de no respetar la institución del Estado laico.

Solo Laura Saldivia y Juan Marco Vagionne hablaron de cómo afecta el "no respeto" del principio de laicidad a los derechos específicos de los grupos minoritarios. Solo Vagionne habló de la importancia de los movimientos feministas y de la diversidad en el avance de la democracia en la historia contemporánea, tanto desde la reflexión, como de la aplicación de un pensamiento universalista, incluyente y en la evolución de nuestra sociedad a un derecho más justo y crítico consigo mismo. Debo decir que me sorprendió que no se abriera un espacio más específico en una "mesa de igualdad" al tema de los derechos de las mujeres.

Puedo decir que coincido con Pedro Salazar y muchos de sus invitados, respecto a su preocupación en cuanto al retorno de la religión, y como la iglesia católica trabaja de manera sostenida para retomar los espacios que la crisis de las instituciones sociales y políticas han tenido. Acuerdo en que la crisis de las instituciones ha causado en la mayoría de nosotros una profunda decepción frente a las espectativas que la modernidad no pudo cumplir. Me quedo con la duda de a que se refirió Felipe Salazar Carrión cuando propuso que dejáramos de buscar en la Posmodernidad o en la Transmodernidad y que regresáramos a buscar a la pre-modernidad, los principios de reflexión, quiero pensar que se refiere a los griegos, de lo contrario dudo que las respuestas estén en la Edad Media.

Volviendo al hecho de que dicha crisis de la modernidad ha sido capitalizada desde la llamada "Pontificia Academia para la vida" y la multiplicación de movimientos de derecha que trabajan para retomar el control de la libertad de las personas, a través de la manipulación de la consciencia moral y religiosa de los individuos. Coincido con la mayoría de los ponentes en que es necesario que quienes creemos en la importancia de un estado laico, para poder seguir defendiendo la libertad y la igualdad de los individuos, evidenciemos la manera en que el pontificado ha sabido manipular a sus feligreses, a través de "discursos cientificistas que buscan poner en duda y confrontar la laicidad", parafraseando a Vaggione. Es central saber reconocer, como explicó Rodríguez Zepeda que existe un tipo de indiscriminación indirecta, cuya complejidad viene de una discriminación estructural que se asienta en la conformación histórica y cultural de un país, que de manera velada profundiza, naturaliza e invisibiliza la discriminación, reproduciendo la desigualdad al imponer desde el privilegio de una iglesia -como la católica en México- razones de consciencia y de religión en las legislaciones nacional y estatales, a través de la subjetividad de nuestros representantes, cuando anteponen sus creencias religiosas a sus obligaciones políticas o las mezclan. Y me sumo a la pasión con que Rodolfo Vázquez explicó el concepto de Tolerancia "como una forma de violencia" y cómo para él: "Donde los derechos se ejercen, la tolerancia se diluye (…) ya que este concepto no es malo, solo debe ser tomado como una medida transitoria" Pedro Salazar compartió su desacuerdo con la posición de México ante la recomendación del Vaticano sobre la protección a la vida desde la concepción. La ambigüedad del Estado mexicano al declarar que la postura de nuestro país "no podía definirse por tratarse de un estado federal", lo cual, solo muestra la tibieza de quienes nos gobiernan para rechazar dicha postura, al ser contraria a los estándares de derechos humanos, a los derechos reproductivos de las mujeres y no toma en cuenta el compromiso adquirido por nuestro país al firmar convenciones como la CEDAW o Belem do Para, tampoco la sentencia de la CIDH en el caso Artavia Murillo. El camino es largo pero no debemos cejar. Felicitaciones a los ponentes.

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