Rezos y chilabas entre fábricas

El Ayuntamiento de Lleida autoriza que se construya una mezquita en el polígono industrial El Segre y Entrevíes

El imán Andelwahab Houzi está convencido de dos cosas: que Alá es el único que merece ser adorado y que hay que volver al principio, es decir, al Islam puro y verdadero, "todo lo demás son sectas". Sobre esas dos creencias ha construido su vida y la de algunos más.

Houzi llegó a Lleida procedente de Marruecos a principios de los noventa y, desde entonces, su rutina a estado ligada a la lucha por tener una mezquita y a la comunidad de fieles del oratorio donde ejerce de imán. Pero en los últimos tiempos la situación se ha vuelto insostenible.

Ya nadie duda de que el oratorio de la calle del Nord, en el centro de la ciudad, queda pequeño y no reúne las condiciones necesarias: huele a humedad y a zapatos. La realidad se ha impuesto -en Lleida hay unos 4.700 musulmanes- y tras años de negociaciones y promesas vagas, por fin, el Ayuntamiento ha encontrado una solución no exenta de polémica: el polígono industrial El Segre y Entrevies. La comunidad musulmana ha aceptado porque "como se suele decir: o lo cogéis o lo dejáis", dice Houzi. La decisión del consistorio tampoco es del agrado de las empresas radicadas allí.

Muchas voces y un solar

El solar es desangelado, un pedazo de tierra rodeado de fábricas y decenas de camiones. Ruido y polvo. "Ha sido una política de hechos consumados", afirma Miquel Marsol de la Corporación Alimentaria Guissona, una de las 240 empresas que, bajo el paraguas de la Asociación para la Sostenibilidad del polígono El Segre y Entrevies, han presentado alegaciones contra la recalificación urbanística que el ayuntamiento ha empezado a tramitar. De suelo industrial a equipamiento religioso.

"Cuatro millones de kilos de pienso al día entran y salen de esta nave y al otro lado de la pared, habrá más de mil señores rezando", afirma Marsol, a quien le preocupa, sobre todo, "cómo maniobrarán ahora los camiones". El solar que quieren reconvertir sirve como corredor vial.

La cruzada contra la ubicación de la mezquita ha forjado extraños compañeros de viaje: empresarios y políticos de Iniciativa per Catalunya (ICV). "El consistorio puso a la comunidad evangelista en un sitio calificado de equipamiento comunitario y no tardó ni dos meses en hacerlo. Sin embargo, a los musulmanes ¡en un polígono industrial!", afirma Mercè Rivadulles, de Iniciativa, quien repite varias veces que el objetivo de los empresarios y el de ICV es el mismo "pero por razones muy distintas". Ni unos ni otros se sienten muy cómodos yendo de la mano.

Por su parte, el consistorio se defiende. El lugar reúne las condiciones necesarias de espacio y accesibilidad. "Son 1.800 metros cuadrados y llega el transporte público", afirma la concejal de Derechos civiles, Inmigración y Cooperación, Maria Rosa Ball. También precisa que "en la calle de abajo hay un restaurante".

La voz de la mezquita

Houzi es un hombre con poder, aunque probablemente a la mayoría de ilerdenses se les escape: más de 1.000 fieles acuden cada viernes al oratorio para escucharle . Reparte fe y doctrina. Desde que llegó de Marruecos, el imán ha protagonizado varios titulares, quizás el más llamativo su negativa a ser entrevistado por una periodista en el Ramadán.

Seguidor del movimiento salafista, algunos le ven como un radical. "Si de algo estamos orgullosos es de eso", de ser salafistas, de querer un Islam puro, sin contaminación. Su amigo argelino Hussein Kouiteme se deja llevar por la pasión y aunque no debería hacerlo, a menudo deja al imán con una frase atorada, con una sentencia a medio pronunciar. Houzi intenta detenerlo levantado la mano derecha. Pero nada, Hussein continúa.

"En casa hay dos ministerios: el interior, para la mujer, y el exterior, para el hombre", explica el argelino. Así organizan su mundo, un universo que está repartido en sexos donde cada uno tiene su papel. Ambos afirman sentir lástima por las mujeres occidentales, que "trabajan fuera y dentro de casa -con competencias en ambos ministerios-, la mía vive como una reina", eso lo dicen los dos. Sus mujeres son reinas. Houzi no engaña a nadie: "Bismi Allah al-rahman al-rahîm" (en el nombre de Allah el Clemente, el Misericordioso). Vive por y para el Islam.

Pero este marroquí ha tenido que aprender algunas cosas por el camino. En España existen normas de todo tipo, y aunque en su país quizás alguien las escribió también alguna vez, pocos se molestan en leerlas. Aquí se leen y se acatan. Ambos comenta que han tenido que "gastar mucho dinero en el oratorio" para que cumpla la normativa. "Incluso tuvimos que comprar alfombras de tejido… ¿cómo se dice? No Inflamable". Recuerdan el detalle perplejos y sonríen.

Houzi es un tipo listo, es consciente que para cumplir su sueño, tener una mezquita, hay que estar bien con las autoridades, asumir su ubicación -sottovoce se dice que ningún barrio quería acoger su construcción- y cumplir las normas. Él lo está. Le han concedido un terreno para los próximos 50 años pagando un cánon anual de 8.000 euros. Los musulmanes de Houzi necesitan un sitio adecuado donde orar. Y parece que en breve lo tendrán, aunque sea en medio de un polígono industrial.

La recta final ha llegado: Houzi necesita financiación y ha ido a buscarla en Arabia Saudí, "allí es donde es más fácil aunque desde aquello -se refiere a los atentados del 11-S y 11 M- las cosas han cambiado y ellos también piden muchas cosas. Tienen que hacer comprobaciones".

El imán regenta una tienda de alimentación aunque cuesta imaginárselo detrás de un mostrador. La mayor parte del tiempo lo pasa en la librería del oratorio, rodeado por libros de pensadores islámicos. Hablar para más de 1.000 personas cada viernes, no debe ser tarea fácil.
Reformar para volver al principio

El movimiento salafista es un movimiento reformista que apareció a finales del siglo XIX en Egipto con el objetivo de modificar la doctrina islámica y adaptarla a los nuevos tiempos. Sus líderes rechazaban la identificación de lo moderno con Occidente y buscaban una vía propia para adaptarse a los nuevos tiempos. Además, el salafismo se caracteriza por buscar las raíces de lo islámico y volver a los preceptos religiosos propios de los primeros tiempos.

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