Reencuentro con Alá en la Dehesa del Generalife

Construido en 1936 para la guardia mora y reformado en 2008 con una inversión de 560.000 euros del Gobierno central

Sin flores de plástico, sin lápidas estrambóticas y sin mármoles a todo color. Así se entierra en el cementerio musulmán de La Rauda, situado en la Dehesa del Generalife. Un espacio único gestionado por la comunidad musulmana que reside en Granada que no ha perdido el valor de los ritos tradicionales que conlleva la muerte.

Situado a pocos metros del camposanto granadino de San José, este pequeño cementerio musulmán con cerca de 5.000 metros cuadrados y unos 200 enterramientos, fue construido en el año 1936 para la guardia mora. Soldados que todavía permanecen en la Dehesa bajo un manto de tierra decorado con piedras para que no se pierda su ubicación. La tradición musulmana marca que los enterramientos deben hacerse directamente sobre la tierra, sin ataúd, y con el fallecido situado en dirección a La Meca. Todo ello sin grandes ostentaciones. Por eso, lo que más llama la atención de este espacio enclavado en plena naturaleza es la escasa decoración de las tumbas, la mayoría de ellas adornadas con piedras, flores naturales, macetas o algún tipo de inscripción para identificar al difunto.

Según relata Mubarak Maza, actual encargado del mantenimiento, tras la Guerra Civil el cementerio quedó prácticamente abandonado. Fue en los años 80 cuando la comunidad musulmana residente en Granada empezó a utilizarlo de nuevo de forma irregular. Numerosos granadinos pensaban que estaba abandonado. Su precario estado de conservación dificultaba esta gestión. La única valla que lo protegía era asaltada con frecuencia por jóvenes vándalos o por agrupaciones que escogían este lugar para realizar ritos satánicos. «Una vez nos encontramos una tabla de ouija tirada en el suelo», explica Maza sorprendido.

El 25 de octubre de 2002 (18 de Shaban de 1423 Hégira) el entonces alcalde de Granada, José Moratalla, el consejero de Emucesa Baltasar Garzón y el responsable de la Comunidad Musulmana Española de la Mezquita del Temor de Alá, Zacarías Maza, firmaron un acuerdo para regular el uso del cementerio. Fruto de esa rúbrica fueron las obras de reforma acometidas en el año 2008 con una inversión de 560.000 euros financiados por el Gobierno central. El alcalde de Granada, José Torres Hurtado, inauguró las instalaciones junto con el entonces subdelegado del Gobierno, Antonio Cruz, en 2009, siete años después de la reivindicación de la comunidad musulmana.

La actuación consistió en el vallado y la delimitación del perímetro externo y la construcción de una puerta de acceso, así como una zona auxiliar destinada a administración, aseos públicos y almacén de mantenimiento. Además, el proyecto incluyó la edificación de un pabellón instalado en la entrada del cementerio que incluye una habitación para asistir a los difuntos o una zona de lavado para las oraciones.

Según detalla Mubarak, cada año se entierra a una media de diez personas en este espacio. El ritual es similar en todos los casos. La persona fallecida debe ser lavada por los familiares o personas cercanas. En caso de que no sea así, varios voluntarios que colaboran con la comunidad musulmana de Granada se encargan de hacerlo de acuerdo a la tradición. Después, el fallecido se entierra sin ataúd, envuelto en un sudario blanco y situado en un espacio de tres metros de profundidad al que incorporan unos rasillones de cerámica para que la tierra no contacte directamente con el fallecido. Una vez cubierto con la tierra, lo recomendable, según explica Mubarak, es poner unas piedras encima, o alguna planta para delimitar el lugar, aunque algunas familias optan por poner la identificación con elementos «poco suntuosos, que no destaquen», remarca Mubarak.

Las familias solo asumen el precio del ataúd, obligatorio para el traslado del cadáver por razones sanitarias y el transporte de la funeraria. Por otra parte, y en conexión con Emucesa, el cementerio musulmán transmite los datos del fallecido para que sean incorporados al padrón.

La duda es siempre la misma. ¿Hay espacio para enterrar a todos los musulmanes que residen en la provincia de Granada? De momento, Mubarak cree que sí, sobre todo teniendo en cuenta que en La Rauda solo pueden yacer personas de la capital o el Área Metropolitana. Para todos los demás, numerosos ayuntamientos están dejando una zona específica en sus cementerios para estos enterramientos. De hecho, el pasado año Emucesa habilitó una sala para ceremonias no cristianas en el interior del cementerio de San José. Sin embargo, la comunidad musulmana prefiere seguir su tradición en La Rauda, donde reposan familiares y seres queridos. De manera excepcional, en La Rauda yace Muhammad Asad, (en realidad Leopold Weiss), un periodista austriaco nacido en julio de 1900 en Lemberg, en el Imperio austrohúngaro que se convirtió al Islam en el año 1927. Después de vivir numerosos años en Arabia Saudita, donde ejerció de consejero del rey Abdelaziz, viajó por la India, donde trabajó con Muhammad Iqbal para la creación de un estado musulmán independiente (Paquistán) que llegó a formar parte de las Naciones Unidas. Además, según detalla Mubarak, escribió diversos textos de gran interés como su autobiografía, El camino a Meca. También inició una traducción del Corán con comentarios que se convirtió en El mensaje del Corán. Finalmente, este hombre falleció en Mijas, Málaga y fue trasladado al cementerio de Granada.

Para todos aquellos que deseen conocer más sobre la historia del cementerio musulmán de Granada, pueden visitarlo los lunes, miércoles y viernes de 16:00 a 18:00 horas, y los sábados y domingos de 12:00 a 13:00. También se pueden concertar citas en otro horario.

cementerio musulman Granada

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