Presidenciables: las cartas laica en Chile

Sin duda, las perspectivas del laicismo para las próximas elecciones presidenciales de 2017, no dejan de ser interesantes, sobre la base que hay al menos tres candidaturas en ciernes, que deberán consolidarse o desaparecer en los próximos meses, las que representan una mirada o una identidad laica, por su pensamiento político y la tradición política que les caracterizan.

En una sociedad donde el laicismo como conducta social se ha desarrollado de modo impensado, equidistantemente de lo que ha ocurrido con su clase política, marcada en gran medida por énfasis confesionales, la posibilidad de asentar una candidatura laica se vuelve posible, en la medida que alguno de los nombres que analizaremos sea capaz de interpretar esa disposición del ánimo social, mucho más tolerante y acendrado en las libertades de conciencia que lo que nuestros políticos expresan en la cotidianidad.

Cotidianidad que muestra una clase política errática, que se inclina con mucha facilidad a ciertas convenciones culturales y fácticas, que sin embargo, la realidad dista mucho de mostrar. Se trata de una clase política que rápidamente da cartas de ciudadanía a ciertas presencias fácticas, que luego debe corregir con el codo, pero que es incapaz aún de legislar algo que el buen sentido común de otras épocas permitió legislar y que una dictadura borró como derecho para las mujeres.

Entre los nombres que hoy se proponen para asumir los desafíos electorales presidenciales de 2017, es posible reconocer tres hombres que vienen de la tradición laica: el ex Presidente Ricardo Lagos Escobar, el Senador Alejandro Guillier y el ex Rector de la Universidad de Chile Luis Riveros.

Para quienes postulamos la necesidad de una nueva Constitución Política que asegure el Estado Laico, del aseguramiento de los derechos reproductivos, que las políticas públicas estén determinadas por el interés social transversal y no por los poderes fácticos, que las instituciones del Estado no sean feudos de visiones religiosas excluyentes, y que los derechos de conciencia y de autodeterminación de las personas sea garantizada por la ley y la acción pública, el hombre o mujer que mejor exprese esos objetivos, será sin duda quien represente lo que piensan las mayorías ciudadanas que se han marginado de los procesos electorales, y que podrían sentirse llamados e interpretados con una convocatoria que rompa con la inercia de una política contaminada por determinados sectores conservadores.

Bajo la perspectiva que al pensamiento laico le interesa, que de alguna manera ha sido frustrada por los poderes conservadores en la gestión del gobierno actual, analizaremos desde el punto de vista político los tres nombres indicados en sus actuales alcances.

El crecimiento de la imagen de Guillier

Los últimos tres meses han estado marcados por el crecimiento en las encuestas de la imagen del Senador Guillier, que parece consolidarse como una figura de recambio en el ámbito de la todavía llamada centro-izquierda. Los sondeos de opinión le dan un nivel de confiablidad que no tienen otras figuras provenientes de la actual coalición de gobierno.

La renuncia de la Senadora Isabel Allende a seguir adelante con una eventual candidatura, parece haber favorecido la opción de su colega, ya que la intención de voto de aquella no se ha desviado hacia Ricardo Lagos Escobar, según lo indican ciertas encuestas.

Sin embargo, la única manera de consolidar la confianza ciudadana en intención de voto efectivo, faltando aún un año para las elecciones, radicará en que el Senador Guillier comience a opinar sobre los temas de fondo que le interesan a la gente.

Hasta ahora su opción sigue descansando en las encuestas y no en un liderazgo cierto. Hasta el momento no está convocando a nada, y ello puede ser un factor que lo desperfile, en la medida que surjan otras alternativas con planteamientos de fondo.

Pareciera que Guillier quiere jugar la estrategia que usó Bachelet, antes de comunicar oficialmente su candidatura. Pero lo que tuvo éxito hace cuatro años, y con una figura fácilmente identificable por lo que había sido su anterior gobierno, no puede ser aplicable a la realidad actual. Por lo demás, Bachelet venía a ser la alternativa frente a la intención de continuidad de un gobierno de signo contrario.

Aquel no es el escenario que Guillier tiene a su disposición, para seguir jugando a la cautela y esperar que la encuesta CEP le determine los pasos a seguir. Al parecer el senador está atrapado por consejos que están pensando primero en potenciales reelecciones parlamentarias y por el pánico escénico ante una realidad para la cual no estaban preparados. Aquello que parece una inteligente cautela, cada día parece más la inercia del inmovilismo.

Sin un relato como el que tenía Bachelet, sin una base partidaria sólida, sin planteamientos distintivos claros que lo alejen de la “racionalidad política” que en la última elección no superó el 15% del electorado potencial del país, y sin la voluntad de mostrar un liderazgo nítido frente a temas cruciales, las perspectivas favorables podrían estancarse de manera dramática.

Lo que puede potenciar de manera definitiva a Guillier, pasa por tomar algunos de los temas fundamentales de la plataforma laica, interpretando lo que la ciudadanía espera. Pero, por sobre todo, lo que le consolidará su posición será que presente un liderazgo concreto, que no esté fundado en la lógica que ha hecho posible la Concertación por la Democracia y su sucesora, la Nueva Mayoría.

Las condicionantes que afectan a Lagos

La salida al ruedo electoral del ex Presidente Lagos señala que su decisión no será fácil de implementar. Nada parece serle favorable para consolidarse como candidato de las fuerzas políticas y sociales que han conformado la Nueva Mayoría, aun cuando cuenta con el apoyo de los poderes facticos de la ex Concertación.

De hecho, la propuesta política de Lagos parece fundarse en los mismos basamentos políticos que articularon la transición. Esto es, en la lógica de los dos tercios (centro-izquierda), es decir, la unión de las culturas laica y cristiana, en torno a una vaga idea de progresismo, que representa un paradigma absolutamente superado para la percepción social.

Ese razonamiento, que dio sustento a la transición, ya no tiene asidero, puesto que el grueso del electorado potencial del país no se siente aludido por los conceptos que caracterizaron la política chilena hasta el fin de la transición democrática, que encabezó el propio

Lagos en su gobierno. Por lo demás, electoralmente esa concepción política que ha permitido la existencia de la Concertación – que sigue existiendo como lógica política – y la tambaleante Nueva Mayoría, está en un estadio electoral que sigue deprimiéndose.

La idea de que esa coalición representa las fuerzas del progresismo, se ha visto cada día más desperfilada, y las manifestaciones oligárquicas cruzan sus determinaciones. El ninguneo a la posibilidad de una candidatura como la de Guillier obedece precisamente a esa olímpica lógica oligárquica de quienes creen que el poder es su derecho consustancial.

Sin duda, las posibilidades de Lagos crecerían sin cargar con el relato de la alianza que quiere representar, toda vez que aquella solo permite la retroalimentación de una clase política que en algún momento deberá ser superada y la que se encuentra seriamente cuestionada por el grueso de la ciudadanía.

Experiencia política y liderazgo a Ricardo Lagos le sobran, pero le falta consideración ciudadana a su opción. Probablemente pocos estén tan preparados para asumir una nueva forma de conducción política, pero inhiben sus potencialidades los lastres de las lealtades de la transición a la democracia. Sin embargo, ya estamos en democracia y con una ciudadanía escéptica.

Aun así, Lagos ha sido el único candidato laicista que ha planteado con claridad su posición, respecto de un tema esencialmente en los ámbitos de la laicidad: ha respaldado la idea de legislar sobre el aborto en las tres causales propuestas por el gobierno.

Las posibilidades de Riveros

Hasta el momento la candidatura del ex Rector de la Universidad de Chile, Luis Riveros, es un deseo. No se ha manifestado su presencia aún en las encuestas y habrá intereses que buscarán impedirlo. Ello, sin embargo, no significa que sea una posibilidad remota. Los porcentajes de Lagos y Guillier en los actuales sondeos no son tan altos como para inhibir que aparezcan otras alternativas.

Sin embargo, los tiempos juegan en contra del ex Rector, aun cuando es el que menos limitaciones tiene para actuar con libertad frente a los desprestigiados partidos políticos.

Considerados los tres candidatos es el que más posibilidades tiene de desarrollar una propuesta ciudadana, ya que no le condicionan los partidos. Esa es también la causa de su mayor debilidad, ya que no tiene posibilidad de proyectar sus opiniones o planteamientos dentro del Congreso, lo que es una grave falencia en la forma como se hace política en Chile.

La carencia de obligaciones políticas le da a Riveros una libertad para asumir demandas fundamentales, y una de las mejores posibilidades que tiene es tomar precisamente los temas de la laicidad. La educación pública en todos sus niveles, los derechos femeninos, el estado laico, la igualdad como concepto de oportunidades, etc. Si no lo hace, no tendrá oportunidad.

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