Otro «Triunfo» para el obispo de Córdoba.

En marzo de este año asistí al pleno del Ayuntamiento de Córdoba para, en nombre de Córdoba Laica, denunciar la apropiación de la Mezquita-Catedral por parte del obispado.

Comencé mi intervención con una cita de Arthur Schopenhauer:

"Toda verdad pasa por tres fases. Primero se la ridiculiza; segundo, genera una violenta oposición y tercero, resulta aceptada como si fuera algo evidente".

En ese pleno tanto el gobierno municipal como UCOR y PSOE, podríamos decir que se expresaron según la primera y segunda fase de este aforismo, o sea, considerar la petición de que actuasen en defensa del bien público (en este caso la Mezquita-Catedral) como algo ridículo y rechazable.

Lo anterior viene a colación por la noticia aparecida en el Diario Córdoba del domingo 28 de septiembre, según la cual:

“La oposición reacciona indignada con la "apropiación" del Triunfo de San Rafael”.

Resulta gratificante que a estos grupos políticos les haya ocurrido lo que cuenta la leyenda sobre Pablo de Tarso y por fin se les haya caído la venda para poder ver la voracidad del obispado a la hora de apropiarse bienes públicos. Como suele decirse, más vale tarde que nunca.

Desgraciadamente para el patrimonio de la ciudad, y afortunadamente para la iglesia, quienes siguen aún ciegos, o deslumbrados por su nacional-catolicismo, son los miembros del gobierno municipal del Partido Popular, cuyas declaraciones y actuaciones muestran la incompetencia para gestionar lo público y el servilismo ante la jerarquía eclesiástica.

Por otra parte el Sr. Durán, que ya no forma parte del Ayuntamiento, “ahora” parece enterarse y preocuparle las inmatriculaciones de la iglesia (inscribir en el registro de la propiedad) de multitud de edificios y terrenos de la ciudad, cosa que no parecía afectarle cuando sí estaba en el consistorio, como demostró con su abstención ante la moción de Izquierda Unida en el sentido de que se investigara la apropiación de la Mezquita-Catedral por parte del obispado.

 

Ante la lluvia de noticias acerca de las apropiaciones de edificios y terrenos por parte del obispado y de la reacción de los políticos municipales de TODA la oposición, parece que estuviésemos llegando a la tercera fase sobre la verdad ,según Schopenhauer, y que en este caso consiste en que el obispado se está apropiando de bienes públicos de la ciudad. ¡Ojalá! Aunque existen ciudadanos que de buena fe creen que tener a la iglesia como propietaria supone una garantía para estos edificios, en cuanto a su conservación y disponibilidad de los mismos. Recordarles que los hechos cuentan otra historia, tanto en el pasado como en el presente.

En el pasado sabemos que fue la reticencia de algunos monarcas (Isabel y Carlos I) y la resistencia del pueblo de Córdoba con su Cabildo Municipal a la cabeza quienes se opusieron a las reformas del obispo que seguramente habrían terminado con la Mezquita, como ocurrió con la de Sevilla, de la que solo permanece la Giralda, y todas las que existían en el resto del país.

En cuanto a lo que ocurre en la actualidad deberían observar lo que pasa en Estados Unidos, donde a causa de las indemnizaciones a las víctimas de pederastas eclesiásticos (en las que están implicados sacerdotes, obispos, cardenales, etc.) bien por mandato judicial o por acuerdos para tapar el escándalo, se están viendo obligados a vender iglesias y otros edificios propiedad de esta organización.

No sería nada sorprendente que en nuestro país, si alguna vez conseguimos que la razón se imponga a la superstición y en consecuencia gobernantes y jueces actúen con sensatez y profesionalidad, la iglesia pueda verse en serios apuros, entre los cuales estarían los económicos, aunque solo sea por tener que responder ante las miles de apropiaciones hechas abusando de unas normas anticonstitucionales, antidemocráticas y nada éticas.

Plaza San Rafael en Córdoba inmatriculada

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